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150 años del Partido Socialdemócrata de Alemania

Richard Fuchs/ Cristina Papaleo22 de mayo de 2013

El SPD, el partido democrático más antiguo del mundo, cumple 150 años. Comenzó como un movimiento obrero, para convertirse en el partido que marcó el principio del Estado social alemán.

05.2013 DW Highlights Mai 150 Jahre SPD
05.2013 DW Highlights Mai 150 Jahre SPD

El nacimiento del Partido Socialdemócrata de Alemania se remonta a la época en que los trabajadores, por entonces prácticamente sin derechos, comenzaron a rebelarse contra el poder ilimitado de las patronales. Comenzaron a hacerlo de manera organizada y políticamente combativa gracias a Ferdinand Lasalle, y que fue la figura decisiva en la fundación de la Asociación General de Trabajadores de Alemania, el 23 de mayo de 1863, en Leipzig.

Retrato de Ferdinand Lassalle (1825-1864).Imagen: AdsD der Friedrich-Ebert-Stiftung

Lasalle es considerado uno de los cofundadores del movimiento socialdemócrata, a fines del siglo XIX, que luego dio paso a la creación del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD, por sus siglas en alemán). El mensaje de Ferdinand Lasalle, recuerda Erhard Eppler, un político socialdemócrata de larga trayectoria, era el siguiente: “Si los trabajadores quieren que cambie su situación, deben comprometer al Estado a que los convierta en ciudadanos con igualdad de derechos y a que les permita gozar de seguridad económica”.

Las asociaciones de trabajadores y la joven socialdemocracia hicieron posible que jornaleros sin otro recurso que su trabajo tuvieran por primera vez la oportunidad de obtener una formación profesional y también política. Más de la mitad de los ciudadanos de aquella época eran analfabetos, y no existía el derecho al voto libre y secreto. Pero la promesa de progreso social a través de la educación de Lassalle posibilitó que se produjera un cambio, y es, aún hoy, una de las reivindicaciones centrales del Partido Socialdemócrata de Alemania.

Franz Müntefering, exjefe del SPD.Imagen: picture-alliance/dpa

Persecución, radicalización y resistencia

El Partido Socialdemócrata de Alemania cobró muy pronto gran peso en la escena política, tal como lo había predicho Lasalle. Durante el Imperio Alemán (1871-1918), el SPD pasó de ser un partido obrero a un partido de masas, con hasta un millón de miembros. Durante las elecciones obtenía un tercio de los votos. La socialdemocracia tenía tanta convocatoria que el canciller del Reich, Otto von Bismarck, decretó la prohibición del SPD por medio de las “leyes contra los socialistas”. Durante doce años, los socialdemócratas, cercanos a los sindicatos, fueron proscritos, humillados y obligados a emigrar. Pero esas leyes tuvieron el efecto contrario, dice Erhard Eppler, ya que “el SPD tuvo sus mártires, y quedó claro que no podían reprimirnos, ya que el número de trabajadores se incrementó en poco tiempo.”

La persecución provocó una radicalización de una parte del partido, ya que cada vez más socialdemócratas se adhirieron a la ideología del marxismo revolucionario, que predecía la caída del orden establecido y el nacimiento de un nuevo sistema político, sin diferencias de clases y con la abolición de la propiedad privada. Eso condujo, hacia fines de la Primera Guerra Mundial, en noviembre de 1918, a una inevitable división del movimiento obrero en un sector reformista y otro revolucionario. Cuando abdicó el último emperador alemán, Guillermo II, ambas filas socialdemócratas proclamaron simultáneamente, el 9 de noviembre de 1918, dos refundaciones diferentes de la República. Philip Scheidemann, miembro del SPD, proclamó desde el Reichtstag (Parlamento Alemán), el nacimiento de una república democrática moderada. Karl Liebknecht, por otro lado, anunció otra variante: una república socialista-comunista.

Dibujo del allanamiento de un hogar debido a las "leyes socialistas", en 1879.Imagen: AdsD der Friedrich-Ebert-Stiftung

Poco después, sin embargo, entre los años 1920 y 1930, el nombre de la socialdemocracia se comenzó a relacionar con el fracaso de la primera gran etapa de la democracia en Alemania. La República de Weimar (1918 hasta 1933), fundada y sostenida por una mayoría socialdemócrata moderada, era políticamente inestable, y en ella reinaba la desesperanza debido a la crisis económica, la hiperinflación y el desempleo masivo. Las débiles estructuras democráticas ya no podían hacer frente al ascenso de los nacionalsocialistas, bajo el mando de Adolf Hitler. El total de los 94 diputados del Partido Socialdemócrata de Alemania en el Parlamento del Reichstag votó el 23 de marzo contra de la ley de plenos poderes que permitió a Hitler acabar con la democracia en Alemania y remplazarla por su régimen dictatorial. “Nos podrán quitar la libertad y la vida, pero no el honor”, dijo entonces Otto Wels, uno de los miembros del SPD. Según Hans-Jochen Vogel, presidente del partido desde 1987 hasta 1991, el voto del SPD fue una clara rebelión contra el régimen nazi que representa, aún hoy, un punto de inflexión de la democracia alemana, “ya que todos los otros partidos votaron a favor de la ley de plenos poderes”.

De partido de los trabajadores a moderno partido popular

Luego del fin de la Segunda Guerra Mundial, el SPD se convirtió en un partido de centro-izquierda que, en primera línea, se ocupó de reestructurarse. Con el Programa de Godesberg, en 1959, el partido se posicionó a favor de la economía de mercado, pero con un fuerte componente de sistemas de seguridad social, invitando a participar a todos aquellos que se identificaban con las ideas de la socialdemocracia.

Al inicio de la gran coalición, en 1966, también comenzó la década socialdemócrata en la Alemania de posguerra. Políticos socialdemócratas de varias generaciones habían anclado en la Constitución el derecho al voto universal, el voto femenino, la jornada de ocho horas y habían logrado una revalorización de los sindicatos en el Estado social alemán. Más tarde, a partir de 1969, el canciller socialdemócrata Willy Brandt enfocó su desempeño, sobre todo, en una política de pacificación y reconciliación con los países socialistas del este de Europa.

Otto Wels (fotografía de 1932).Imagen: AdsD der Friedrich-Ebert-Stiftung

En 1971, Brandt recibió el Premio Nobel de la Paz por su genuflexión ante el monumento de homenaje a las víctimas del Levantamiento del Gueto de Varsovia, un gesto de humildad y penitencia por los crímenes cometidos por la Alemania nazi. Un momento muy emotivo, todavía hoy, dice Egon Bahr, el arquitecto de la política de la era Brandt hacia el este europeo. “Fue la intuición de un instante la que lo llevó a hacer ese gesto a través del cual una persona, que no cargaba con una culpa personal por los horrores del nazismo, pedía perdón por la culpa colectiva de todos los alemanes”.

El canciller Willy Brandt se arrodilla ante el monumento a las víctimas del Levantamiento del Gueto de Varsovia. (6.12.1970).Imagen: ddp images/AP Photo

Entre crisis de identidad y nuevo comienzo

Sobre todo en los años anteriores y posteriores a la caída del Muro de Berlín y a la reunificación alemana, en 1989, el SPD no participó en la escena política. Helmut Kohl, de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), era considerado el “canciller de la unidad alemana”, lo que posibilitó que los partidos conservadores se mantuvieran durante muchos años en el poder. Fue el cambio de gobierno, con el socialdemócrata Gerhard Schröder a la cabeza, lo que animó al SPD a renovarse como partido. Schröder transformó al SPD en un partido del “nuevo centro”, cuyo electorado estaba formado tanto por empleados como por profesionales independientes y personas de la clase trabajadora, ahora en franca retracción.

Pero la alta tasa de desocupación y la recesión llevaron a los socialdemócratas a desarrollar la reforma llamada “Agenda 2010”, que implicaba una profunda reestructuración del mercado laboral y del sistema de seguridad social. Eso hizo que capas de la población que votaban tradicionalmente al SPD se alejaran de sus filas, lo cual sumió al partido en una larga crisis de identidad.

Egon Bahr, miembro relevante de la socialdemocracia.Imagen: picture-alliance/dpa

En opinión de Erhard Eppler, la misión fundacional del SPD es, sin embargo, hoy más actual que nunca, ya que justamente en estos tiempos se debe evitar que la democracia se convierta en un instrumento de los mercados. “Esto ya no sería una democracia si el mercado determinase las reglas de juego”. La tarea de la socialdemocracia alemana es, según Eppler, reformar el mercado de tal modo que sus reglas se adecuen a la democracia del siglo XXI”, una labor no menor a la que se enfrentó la socialdemocracia en sus comienzos”.

Autor: Richard Fuchs/ Cristina Papaleo
Editor: Pablo Kummetz

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