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Abe se mantiene firme tras ejecución de rehenes

2 de febrero de 2015

La ejecución de dos rehenes japoneses por la milicia terrorista Estado Islámico abrió el debate sobre la política exterior del jefe de Gobierno, Shinzo Abe, cuya política hacia el Medio Oriente recibe críticas.

Frente a la residencia del primer ministro, en Tokio, la bandera ondeaba a media asta.
Frente a la residencia del primer ministro, en Tokio, la bandera ondeaba a media asta.Imagen: Reuters/Yuya Shino

"Cierro mis ojos y espero. Si grito o enloquezco será el fin. Se parece a una oración. El odio no es para los humanos. El juicio le corresponde a Dios. Es lo que he aprendido de mis hermanos y hermanas árabes". Esta reflexión de Kenji Goto en la red social Twitter se volvió viral este lunes (02.02.2015) en Japón. Decenas de miles de usuarios la compartieron, mostrando así su compasión con el periodista, brutalmente ejecutado este fin de semana por la milicia terrorista Estado Islámico (EI). En el pasado, muchos japoneses más bien se habían mostrado enfafados si sus compatriotas se ponían en situaciones de peligro en el exterior provocando agitación en la sociedad.

Pero el experimentado corresponsal Goto había viajado a Irak, aún cuando su esposa acababa de traer al mundo a su bebé, para intentar liberar de manos del EI a otro compatriota,Haruna Yukawa. Goto no sólo había reportado durante años sobre niños y refugiados en el Medio Oriente, sino que además los había apoyado activamente, como cristiano, a través de su propia obra benéfica. “Su muerte es trágica”, señalaba un japonés en la televisión. Frente a la residencia del primer ministro, en Tokio, la bandera ondeaba a media asta.

Abe por un "pacifismo proactivo"

No obstante, el jefe de Gobierno, Shinzo Abe, aprovechó las ejecuciones para reafirmar su agenda. En el Parlamento, exigió un marco legal que permita al Ejército japonés rescatar a compatriotas expuestos a situaciones de peligro en el extranjero. Abe excluyó de su propuesta la posibilidad de llevar a cabo ataques aéreos, pero jugó con la idea de crear una fuerza de intervención móvil. Su Gobierno ya tuvo que quedarse de brazos cruzados mientras terroristas islámicos secuestraban y ejecutaban a ingenieros japoneses en Argelia en 2013. Hasta ahora, la Constitución sólo permite la defensa del propio país. Pero Abe aboga por un “pacifismo proactivo” y se refiere con él al derecho a la autodefensa colectiva.

El primer ministro nipón pretende crear este mismo año un marco legal que posibilite a las fuerzas armadas actuar en el exterior y defender, incluso, a sus aliados. Con una política exterior más ofensiva, el político nacionalista aspira a fortalecer el rol internacional de Japón, de cara al creciente poder de la vecina China. Sus críticos le reprochan haber echado por la borda la tradicional política exterior “no dirigida” del país en Oriente Medio, de cuyo petróleo depende Japón, que durante mucho tiempo guardó por ello una prudente distancia de Israel.

Oferta de cooperación económica

Abe visitó Egipto e Israel prometiendo ayudas económicas por valor de 2.500 millones de dólares.Imagen: Reuters/A. Awad

Sin embargo, Abe visitó Egipto e Israel hace dos semanas, prometiendo ayudas económicas para la región por valor de 2.500 millones de dólares. “Su discurso fue, sin dudas, un catalizador (para la crisis de los rehenes)”, opinó vía Twitter el exembajador nipón en Irán, Ukeru Magosaki. Ante las críticas recibidas en el Parlamento, el primer ministro conservador reconoció este lunes que no conoció de la exigencia de un rescate de 200 millones de dólares por los entonces ya secuestrados japoneses hasta después de su gira por el Medio Oriente. Exactamente esa fue la suma que Abe prometió, como parte de la anunciada cooperación económica, para la reconstrucción de los territorios actualmente controlados por el EI.

Sólo tres días más tarde, la milicia terrorista lo acusó de donar dinero para “matar a nuestras mujeres y niños” y amenazó con ejecutar a los dos japoneses secuestrados, en respuesta a la participación de Japón en la campaña contra el EI. Entretanto hasta Natsuo Yamaguchi, jefe de la formación centroderechista Komeito y socio de coalición de Abe, declaró que el mandatario debe una explicación a su pueblo sobre el trasfondo de las recientes ejecuciones.

La opinión pública japonesa quedó consternada y soprendida.Imagen: Reuters/T. Hanai

El cambio de rumbo ya había comenzado

La opinión pública japonesa se ha mostrado sorprendida de que los terroristas de pronto la emprendan contra sus coterráneos. Los focos de interés más relacionados con este conflicto están muy lejos. En Japón apenas viven 180.000 musulmanes. Muy pocos japoneses habían notado que su Gobierno se había sumada a la alianza internacional liderada por Estados Unidos contra el EI. A pesar de que Japón ni siquiera ha participado de las incursiones militares, “ya no vivimos tiempos en los que los japoneses pueden sentirse seguros”, escribió el diario liberal Mainichi.

Como sea, el cambio de política respecto al Medio Oriente había comenzado ya antes de Abe. Lo que empezó con la “diplomacia de cheques” durante la primera Guerra del Golfo (1990/91), cuando Japón se eximió de participar desembolsando varios miles de millones de dólares, tuvo su punto culminante hace once años, con el estacionamiento de cientos de soldados como ayudantes para la recontrucción de Irak. Entonces, media decena de soldados fueron secuestrados, uno de ellos decapitado y envuelto luego en una bandera estadounidense. Antes, el conservador jefe de Gobierno Junichiro Koizumi se había negado a retirar las tropas. Al Qaeda y ahora el EI hace mucho que dejaron de ver a Japón como un actor neutral.

El primer ministro Abe insiste, no obstante, en mantener su agenda. “Los terroristas son criminales”, declaró. “Estamos decididos a perseguirlos y hacerles pagar las consecuencias”, aseguró. A pesar de las nuevas amenazas de los terroristas, Japón no se halla ahora más amenzado que antes, trató de tranquilizar a la población. Al mismo tiempo, su Gobierno llamó a todos los periodistas a retirarse de regiones en conflicto, ante el peligro de secuestro y otras amenazas.

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