Alemania, campeón mundial
4 de febrero de 2007
¿Qué tiene de atractivo un deporte en el cual los jugadores caminan tranquilamente con la pelota en la mano, sin árbitro ni regla que se los impida? La pregunta comienza a tomar forma, cuando de repente el balón emprende un frenético viaje de mano en mano, en pases precisos y vertiginosos. Los cuerpos de los jugadores también se desplazan en agresivos cambios de ritmo; la mayoría de las acciones terminan en emocionantes disparos a la portería y, como suele suceder, en goles.
Cambios frenéticos
El balonmano es, para el neófito, una combinación entre el fútbol y el baloncesto. La cancha se parece al fútbol de salón. Los pases se desenredan como el la NBA, pero sin el constante bote de la esférica. La cantidad de puntos, la catarsis del gol, es mucho más frecuente que en la Copa América o la Libertadores.
El juego destaca por la calidad atlética. Después de todo, presenciamos la final de la Copa Mundial de Balonmano entre Alemania y Polonia. Para el minuto 20, el marcador ya registra 12 tantos por parte de los locales, por ocho de los polacos.
El contacto físico es constante y rápido pero, por alguna razón, los faules son muy pocos. Tampoco parece haber saques de banda, y la estrategia defensiva más fehaciente es la formación de una línea homogénea a unos pasos de la propia portería.
Juego limpio
Es fácil pronosticar cuando habrá un disparo al arco. Para imprimir la mayor fuerza a sus obuses, los jugadores suelen primero lanzarse al vuelo, para luego disparar con toda la fuerza del cuerpo. Hay, como en todo deporte, mucho contacto físico y algunos jalones de camisetas. Pero el balonmano, para su velocidad, es un deporte sorprendentemente limpio.
Al minuto 25, la ventaja alemana se ha reducido a dos goles: 13 contra 11. El equipo polaco, de alguna manera, parece hacerse del control de las acciones ante una escuadra teutona que acusa señales de cansancio.
Al medio tiempo, nos enteramos de que cada mitad dura 30 minutos; por consiguiente, el partido consume una hora que pasa de manera vertiginosa. Mediante algunos refuerzos, la escuadra germana parece recuperarse y, sobre todo, no dar tanta oportunidad a que dispare el enemigo. Los polacos rara vez fallan, cuando se les deja ventaja en el lanzamiento.
Dominio alemán
Las sanciones en el balonmano se parecen a las del hockey: por un manotazo a la cara, aparentemente accidental, un jugador polaco se va dos minutos al banquillo. Esto es muestra de que los ánimos, como en cualquier deporte, se van caldeando. Al minuto 42, el marcador registra 21 tantos alemanes por 18 polacos, y se hace necesario un tiempo fuera.
Faltando quince minutos para el silbatazo final, Alemania lleva apenas un gol de ventaja. Los alemanes han fallado por lo menos en tres intentos, y se les dificulta cada vez más llegar frente a la meta contraria. En cambio, los polacos sacan sus mejores combinaciones, que culminan en certeros disparos.
En el minuto 46, Polonia se queda a unos centímetros de empatar, pero el balón se estrella en el poste izquierdo. El estrella alemán, Pascal Hens, revive a su equipo al anotar en el minuto 46, y repite la dosis dos minutos más tarde.
Final inmejorable
Al 53, Jansen anota un tiro penal –cosa no tan fácil en el balonmano- con una calma escalofriante. En cambio, al 54 se luce con un relámpago que sorprende al portero polaco. Hens corona de inmediato, y Kehrman cierra la cuenta con otros dos tantos.
Tres minutos son una eternidad en deportes rápidos como el balonmano. Pero los polacos lucen ya desesperanzados. En la tribuna, los cantos se dejan escuchar, imparables como la ola de banderas alemanas. El árbitro pita, y decreta la victoria por 29 y 24. Consumatum est. Alemania tiene en 2007 su campeonato mundial. Aunque sea de balonmano.