Alemania conmemoró ataque racista de Rostock
26 de agosto de 2012
El edificio de diez pisos acabó en llamas tras los ataques de un grupo de extremistas de derecha ante la mirada de 3.000 curiosos. Ahora la fachada está pintada con girasoles. Nada revela el infierno que vivieron los solicitantes de asilo vietnamitas que fueron asediados durante varios días consecutivos por jóvenes llenos de odio que lanzaban bombas molotov contra la fachada. Los habitantes del barrio de Lichtenhagen observaban el espectáculo pero nadie intervino. Hubo quieres aplaudieron.
Políticos y ciudadanos llegados desde todo el país recordaron la vergonzosa fecha con una marcha que recorrió la ciudad hasta el centro de asilados donde se produjeron los incidentes. El ayuntamiento de la ciudad descubrió una placa conmemorativa que también recuerda a los millones de judíos y gitanos víctimas del nazismo. “El pueblo alemán tiene la obligación de evitar que se repita la violencia y el desprecio al ser humano, reza la placa.
Milagrosamente no hubo víctimas
Unas 150 personas fueron rescatadas en el último minuto de las llamas. Milagrosamente no hubo victimas. “Fue terrible”, reconoce Sieglinde Rehberger, una vecina de 75 años que fue testigo de los sucesos. “Nos sentíamos impotentes. ¿Qué podríamos haber hecho?” pregunta. Pero la mayoría de los transeúntes que caminan por las calles de la ciudad rehúsan pronunciarse al respecto. “Déjenos en paz”, dice uno claramente.
Unos 31.000 ciudadanos de origen extranjero viven en Mecklenburgo- Pomerania Occidental, entre ellos 7649 en Rostock, capital del Estado situado en el norte de Alemania. Irina llegó hace ocho años proveniente de Ucrania y obtuvo una vivienda en el mismo edificio que fue atacado hace veinte años. “La gente saluda”, dice aludiendo a los vecinos. “Pero no siempre son amables”. Irina ha llegado a recibir amenazas por correo. Los vecinos alemanes no quieren tener rusos ni vietnamitas en su edificio. Aunque Irina dice no tener miedo tampoco se siente en casa.
Prejuicios entre los habitantes
Preguntado sobre si hay prejuicios en torno a los extranjeros, un anciano responde que si son personas de orden y hablan alemán, las cosas marchan de maravilla. Un grupo de hombres jóvenes y una mujer beben cerveza en un estacionamiento de un supermercado. Se quejan en voz alta de los periodistas, los políticos y los medios. “No nos dejan beber nuestra cerveza en paz”, dice uno. Otro se queja de que durante toda su vida se ha comportado bien. “Ahora nos recuerdan permanentemente los sucesos de entonces y nos miran con desprecio cuando decimos que venimos de Lichterhagen”, dice.
La iniciativa Lichtenhagen 2012 repartió 10 000 DVD's en los hogares de Rostock que muestran un documental de dos horas de duración sobre los hechos realizado por la emisora británica BBC. “Queremos que la gente entienda lo que sucedió, que comprenda el peligro que representa la extrema derecha”, dice Lars Krüger, uno de los que comenzó la iniciativa.
Autor: Christoph Richter / EU
Editor: José Ospina Valencia