Alga asiática: especie invasora indeseable
22 de octubre de 2025
En la pescadería del pueblo de Aspra, cerca de Palermo, la pesca del día está adornada de verde. Pero lejos de ser un ingrediente para cocinar, es el peor enemigo de los pescadores locales. Conocida como Rugulopteryx okamurae, esta alga invasora se ha convertido en una pesadilla. Durante los últimos dos años, los pescadores palermitanos han pasado días desenredándola de sus redes y viendo cómo sus ingresos se resienten.
El problema es bien conocido también entre los pescadores en aguas españolas. "Llevamos diez años con estas algas”, afirma Gregorio Linde, capitán de un barco pesquero artesanal en Tarifa. "El fondo marino está cubierto por ellas y las redes no pescan nada”. Su caso no es el único, las pérdidas de estas pequeñas pesquerías en España superan los 3 millones de euros anuales. También está afectando al turismo costero en países como España e Italia.
Sin embargo, el mayor daño es invisible. Bajo el agua, las algas están asfixiando las praderas marinas, dañando a los erizos de mar y ocupando los refugios de los peces. "Los impactos socioeconómicos se pueden compensar con dinero, pero el impacto ecológico sin precedentes no”, advierte María Altamirano, investigadora de la Universidad de Málaga que identificó por primera vez las algas en España.
El Mediterráneo: un punto caliente para las invasiones
Aunque cubre menos del 1 % de la superficie oceánica, el Mediterráneo acoge casi una cuarta parte del tráfico marítimo mundial. Y eso, según la Agencia Europea de Medio Ambiente, es responsable de la introducción de la mitad de todas las especies no autóctonas en el mar desde 1970.
Según Luca Castriota, experto en especies invasoras del Instituto Nacional de Protección e Investigación Ambiental de Palermo, una de cada diez especies no autóctonas que llega al Mediterráneo se vuelve invasora, remodelando los ecosistemas. La Rugulopteryx okamurae es una de los principales culpables. Originaria del Pacífico, donde vive en equilibrio con los ecosistemas de Japón, China, Taiwán, Corea y Filipinas, la especie fue identificada por primera vez como invasora en 2015 en Ceuta.
Favorecida por la sobrepesca y la contaminación, que debilitan los ecosistemas, así como por el calentamiento de las aguas y la ausencia de depredadores naturales, su agresivo avance no se detuvo ahí. Desde entonces se ha extendido, llegando a archipiélagos atlánticos como las Islas Canarias, las Azores y Madeira. En 2022, se convirtió en la primera alga de la lista de especies exóticas preocupantes de la UE.
Cómo el agua de lastre equilibra los barcos y desequilibra los mares
Los científicos creen que las algas llegaron al Mediterráneo a través del agua de lastre descargada por los buques de carga que viajan entre Asia y Europa. Antes de salir del puerto, los buques bombean agua a sus tanques internos para estabilizar la carga. Luego la expulsan en su destino, junto con cualquier espora, larva o huevo oculto.
"Hoy en día, el mundo está interconectado. Compramos productos en China, por ejemplo, que se distribuyen por todo el planeta. Pero junto con los productos que queremos, estamos transportando especies de un lugar a otro”, explica María García, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Lleva 30 años vigilando las especies invasoras en las aguas costeras del Mediterráneo y afirma que el comercio está "alterando por completo” su fauna y flora.
En 2004, la Organización Marítima Internacional (OMI) adoptó un convenio que exige a los buques tratar el agua de lastre, aunque no entró en vigor hasta 2017. Y desde septiembre del año pasado, los buques que enarbolan el pabellón de un país signatario, o que descargan lastre en sus puertos, deben instalar a bordo sistemas de tratamiento que impidan la descarga de partículas que no sean minúsculas.
Ciencia ciudadana: un aliado contra la marea
Una vez que una especie se ha instalado, es fundamental frenar su propagación. "Sabemos que las algas pueden prosperar en un área mucho más grande que la que ocupan actualmente. Debemos evitar que lleguen allí”, subraya Altamirano.
Es fundamental reforzar los controles del agua de lastre y la cooperación con los pescadores y los propietarios de embarcaciones recreativas, ya que las redes y los cascos suelen transportar las algas a otros lugares. Pero la participación ciudadana también es importante. De hecho, fue una plataforma de ciencia ciudadana la que alertó por primera vez de la llegada de las algas asiáticas a Murcia, en el sureste de España.
Para prevenir futuras invasiones se requiere coordinación internacional, diálogo entre la ciencia, los responsables políticos, los sectores afectados, y la participación activa de los ciudadanos, afirma Altamirano. "La Rugulopteryx okamurae es solo una de las muchas especies invasoras”, añade. "Necesitamos que la maquinaria funcione correctamente para las próximas, que sin duda llegarán”.
Este reportaje contó con el apoyo de Journalismfund Europe.
(mn/el)