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Un muro llamado educación

Enrique Anarte
12 de diciembre de 2019

En el octavo capítulo de esta bitácora amazónica, los periodistas de DW visitan el colegio de la comunidad indígena de Santa Clara de Uchunya.

Peru, Santa Clara de Uchunya: DW Journalisten in Ucayali
El equipo de DW entrevistando a los niños de Santa Clara de UchunyaImagen: DW/L. García

Lea aquí el capítulo anterior de la bitácora de viaje de los periodistas de DW en la Amazonía peruana.

Mi camino al colegio de Huelva, en Andalucía, en el que pasé toda mi infancia, era excepcionalmente sencillo: solo tenía que cruzar una calle -a menudo bloqueada entre las 08:50 y las 09:05 por los coches de padres y madres- para llegar a la puerta principal. Un minuto bastaba desde mi portal. En ese sentido, podría decirse que los uchunya y yo hemos tenido una experiencia parecida en lo que a la rutina de ir a la escuela cada mañana respecta.

El colegio de Santa Clara de Uchunya tiene muros más sólidos que cualquier otra construcción de la comunidad, pero ofrece un aspecto mucho más destartalado. La pintura de las paredes está descascarada y la mayoría de las aulas cuenta con poco más que una pizarra, unos pocos pupitres, la mesa del profesor y una imagen de Jesucristo. Al menos, diferentes cartulinas con contenidos de Lengua -castellana y nativa-, Matemáticas o Ciencias Sociales alegran las lúgubres habitaciones. En la pared exterior de uno de los edificios está colgado el reparto de turnos de cocina que deben asumir las madres de la comunidad cuyos hijos asisten a este centro.

Videoblog: Ir a clase en el corazón de la selva

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Uno no sabe muy bien a qué clase pertenece cada alumno, ya que los niños y adolescentes van de un lugar a otro, a menudo ante la falta de ocupación por la ausencia de un profesor. En el recreo, niños y niñas -aquí todavía juntos- juegan al fútbol, ajenos al húmedo calor de esta época. Algunos pequeños nos han perdido el recelo inicial y nos siguen a todas partes, así que ya no ponen objeción alguna a la hora de hablar al micrófono o dejarse grabar con la cámara. Para otros, sobre todo aquellos que se han adentrado ya en la pubertad, seguimos siendo unos extraños, y todo apunta a que lo seremos para siempre. Cuesta pedirles que hablen para que el mundo los escuche.

Más sorprendente aún resulta la problemática local con la lengua originaria, el shipibo. Cada vez menos familias hablan el idioma en casa y, por tanto, son pocos los niños que lo dominan. Hace unos años se introdujo un sistema de formación bilingüe que está intentando revertir esta tendencia.

Un niño de la comunidad uchunya, en Perú, escribe en un cuaderno.Imagen: DW/L. García

En nuestra visita al colegio, los alumnos cuentan que querrían aprender más, aunque muchos de ellos dicen querer marcharse de la comunidad. Los adultos afirman que los jóvenes deben irse y crecer fuera para poder volver a la comunidad trayendo toda una serie de conocimientos y experiencia.

Amazonía Uchunya: un especial multimedia de DW

Yo también tuve que marcharme de casa, pero nadie me pidió que renunciara al mundo en el que había crecido. En este caso, estos niños, parecieran ser una especie de centro magnético en equilibrio inestable entre fuerzas que tiran y empujan en todas las direcciones. Cada vez más lejos de la tradición, pero no necesariamente más cerca del mundo que lentamente la sustituye. Entre dos mundos separados por el frondoso muro de la selva.

Lea aquí el siguiente capítulo de la bitácora de viaje de los periodistas de DW en la amazonía peruana.

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