1. Ir al contenido
  2. Ir al menú principal
  3. Ir a más sitios de DW

Brasil: si se va Temer, ¿quién lo reemplaza?

Fernando Caulyt
6 de junio de 2017

Brasil vive desde hace mucho en crisis política: primero Dilma Rousseff y luego Michel Temer. El analista Oliver Stuenkel explica las consecuencias que puede tener para el país la destitución de Temer.

Brasiliens Präsident Michel Temer
Imagen: Reuters/U. Marcelino

El Tribunal Superior Electoral (TSE) retoma a partir de este miércoles (6.6.2017) el juicio del proceso por la campaña presidencial de Dilma Rousseff y Michel Temer, dupla ganadora de las elecciones presidenciales en 2014, por abuso de poder político y económico. Sobre ese tema DW conversó con el analista Oliver Stuenkel.

 

Más información:

Temer afronta un juicio que puede sacarlo del poder

Detienen a diputado exasesor cercano de Temer

 

DW Brasil: ¿Cómo evalúa la más reciente crisis política del gobierno de Temer, tras la divulgación del audio de una conversación entre el presidente y Joesley Batista, de la JBS?

Oliver Stuenkel: La situación del Gobierno de Temer empeoró. Antes del audio existía la esperanza de que él terminara su mandato realizando una serie de reformas importantes. Es una paradoja, considerando que el Gobierno tiene bajísima aprobación popular, pero alta capacidad de aprobar reformas en el Congreso. Después de la divulgación del audio, aumentó el riesgo de que el Gobierno se viniera abajo, lo que ha originado que crezcan las dudas sobre la capacidad de un próximo líder para aprobar reformas.

El TSE comienza a juzgar el caso Dilma-Temer esta semana. ¿El Gobierno podrá resistir el juicio?

Lo que mantiene a Temer en el poder es la falta de consenso sobre quién va a sustituirlo. Ha logrado convencer a la oposición y al resto del Gobierno de que una alternativa sería peor. El juicio en el TSE ocurre también en este contexto. Claro que existen cuestiones jurídicas, pero el TSE ejerce también el papel de estabilizador político. Difícilmente, el TSE va a recomendar la casación si existe un consenso de que esto va a causar una inestabilidad política profunda en el país. Además, Temer puede recurrir al STF (Tribunal Supremo Federal) o incluso un ministro del TSE puede pedir vistas del proceso y retrasar el juicio. Si existe la percepción de que existe una persona que lograría sustituirlo rápidamente sin que el proceso de aprobación de reformas se salga de los rieles, entonces, creo que la casación permitiría una salida honrosa para Temer.

¿La casación del caso es, en parte, una solución a la crisis actual?

En teoría, puede ser el inicio de una solución a la crisis en función del audio divulgado. El problema es que será la primera vez en la redemocratización que un vicepresidente asume y luego es destituido. Así, podemos entrar en un territorio poco explorado constitucionalmente, y eso va a ser una prueba muy grande para la Constitución. Es discutible decir que eso sería una solución a la crisis, ya que generaría cierta inestabilidad. Y esta perspectiva de inestabilidad adicional es una de las bazas de Temer.

En caso de casación, ¿qué sería mejor para Brasil: voto directo de la población o elecciones indirectas por el Congreso?

Cada modelo tiene sus ventajas y desventajas. Las elecciones directas requieren un cambio en la Constitución, y yo diría que la mayoría de la población apoya las directas, lo que daría cierta legitimidad al proceso. El problema es que, en el futuro, la población va a pedir elecciones directas siempre que surja cualquier crisis, lo que debilitaría cualquier futuro Gobierno. Desde el punto de vista constitucional, las elecciones indirectas serían más correctas, pero claramente darían como resultado un Gobierno con menor legitimidad que la que Temer tiene actualmente.

La expresidenta Dilma Rousseff. Imagen: Getty Images/AFP/Evaristo SA

Es complejo que un nuevo presidente asuma su cargo sin ningún apoyo y en un momento económico delicado. No hay una salida fácil. En mi opinión, lo más correcto sería encontrar, a través de la elección indirecta, a alguien que tenga alguna legitimidad para quedarse hasta las elecciones de 2018. Ahora, el gran problema es que todavía no hemos encontrado a esa persona. Lo más difícil es conseguir imaginar una solución ideal en este momento.

El PIB registró un alza del 1 por ciento en este primer trimestre. ¿La crisis política afectará la recuperación de la economía?

Sí. Es una noticia positiva, pero tampoco quiere decir que este año el país crecerá económicamente. Los inversores se preocupan por la situación a largo plazo del país y la crisis actual es una pésima noticia, ya que trae incertidumbre sobre la capacidad del Gobierno para aprobar reformas. Los actores económicos están aguardando el desenlace de la crisis antes de tomar decisiones importantes, como la realización de inversiones.

Desafortunadamente, creo que, por primera vez, Temer está en una situación en la que los actores económicos están ejerciendo presión para que abandone, porque creen que su permanencia está generando un costo real para la economía. El alza del PIB es una buena noticia, pero, en un escenario de crisis continuas, la economía puede perfectamente entrar en recesión nuevamente.

Es difícil predecir qué esperar de la economía en 2017...

Sí. Vivimos en una época en que las democracias proyectan inestabilidad, mientras que los países más autocráticos, como China, por ejemplo, son actualmente más estables. Eso es algo inédito, pero Brasil, en ese sentido, forma parte de esta tendencia global mayor. En el país, la cuestión es más grave debido al caso Lava Jato. Ni con el próximo Gobierno electo habrá una situación más previsible, ya que la investigación no se está acercando a su fin y podrá aún extenderse a otros sectores. El año será de mucha inestabilidad y de dificultad para la labor de los inversores, quienes necesitan algún tipo de claridad para sus negocios.

Con una crisis tras otra, ¿Brasil ha ido perdiendo su espacio protagonista en América Latina. ¿Cómo puede el país recuperarlo?

Claramente, Brasil dejó de tener un papel protagonista y eso tiene un impacto negativo en varias cuestiones urgentes, como la crisis de Venezuela, y otras en las que Brasil prácticamente no juega ningún papel relevante en este momento. El liderazgo brasileño nunca fue reconocido y fue más implícito y sutil. No es casualidad que Argentina y Venezuela nunca aceptaron, de hecho, el papel de liderazgo de Brasil. Sin embargo, el país perdió ese liderazgo y estará en manos del próximo Gobierno reiniciar una debate amplio sobre qué tipo de América Latina queremos en el futuro y el papel de Brasil en ella.

Oliver Stuenkel es catedrático del Centro de Relaciones Internacionales FGV.

Autor: Fernando Caulyt (RMR/DZC)

Ir a la siguiente sección Descubra más