Para ellas, caer y volver a ponerse en pie es un aprendizaje que trasciende la práctica deportiva y se refleja en la vida diaria: Jessica Restrepo, pionera en la enseñanza de esta disciplina urbana en Colombia, abrió un camino para que niñas, jóvenes y adultas reconectaran con sus cuerpos y fortalecieran su autoestima. A su lado, Luisa Ospina impulsó un emprendimiento que facilitó el acceso a equipamiento y protecciones adecuadas, aportando seguridad y profesionalización. Daniela Athom llevó esta experiencia al terreno de la memoria y la investigación social, mientras que Carolina Ochoa integró el movimiento con la danza urbana para crear Rodanzas, un proyecto artístico y colectivo en crecimiento. Entre deslizamientos y maniobras, estas trayectorias muestran cómo el movimiento puede convertirse, no solo en Medellín, en una herramienta de cuidado, bienestar emocional y transformación social.
