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Cerrojo para los delitos económicos

25 de julio de 2002

En Washington se avanza a paso apresurado hacia la promulgación de nuevas leyes para sancionar los fraudes financieros. También en la Unión Europea se estudian medidas dirigidas a restablecer la confianza en el mercado.

New Yorker Börse, USA
La bolsa de Nueva York, de un sobresalto en otro.Imagen: AP

Los recientes escándalos empresariales han causado un enorme daño a la economía, más allá del monto en sí que haya podido ser manipulado en un balance o simplemente malversado; porque han echado por tierra la confianza de los inversionistas y de la ciudadanía en general. Lo mismo vale para Estados Unidos que para los países europeos afectados.

Responsabilidad individual

Ante las ruinas de la credibilidad del mercado de capitales, los gobiernos se muestran ahora resueltos a poner coto a los desmanes, a ambos lados del Atlántico. En Washington, el Senado y la Cámara de Representantes llegaron a un acuerdo en tiempo récord para sancionar con más vigor los manejos fraudulentos en el campo financiero, y se espera que el presidente George Bush alcance a firmar la nueva normativa antes de que comiencen las vacaciones de verano, a comienzos de agosto.

La ley en trámite contempla la aplicación de penas de hasta 25 años de cárcel para los infractores. Por otra parte, los presidentes de las juntas directivas y de los consejos financieros tendrán que certificar en el futuro, mediante su firma, que las cifras contenidas en los balances trimestrales son correctas. Es decir, tendrán que asumir personalmente la responsabilidad y podrán ser sancionados individualmente.

Además, las empresas no podrán conceder préstamos a sus ejecutivos y tendrán la obligación de dar aviso cuando vendan sus propias acciones. Por otra parte, autoridades independientes han de controlar a las empresas encargadas de la contabilidad.

Los planes europeos

En Europa, los molinos no muelen tan rápido, pero también están en marcha las conversaciones para hacer frente al problema. El ministro de Hacienda alemán, Hans Eichel, afirmó que él y sus colegas de la Unión Europea coinciden en la necesidad de endurecer las leyes para forzar el cumplimiento de lo que se ofrece y promete en boletines u otras publicaciones de promoción.

Entre otras cosas, se planea sancionar con penas de cárcel a aquellos empresarios que engañen a propósito a los accionistas, falseando los datos en los folletos que sirven de guía para efectuar inversiones en la bolsa. No es mucho, ciertamente, en comparación con las medidas estadounidenses, pero por algún lado hay que empezar.

Es de esperar que, en este caso, las autoridades de la Unión Europea no caigan en el letargo burocrático que con frecuencia se les reprocha, y actúen con decisión. Lo requieren con urgencia el mercado y los ciudadanos. De lo contrario, éstos simplemente optarán por poner su dinero a salvo de los temporales bursátiles, hasta que se genere la suficiente presión para forzar la adopción de las medidas necesarias, como ocurrió en Estados Unidos.

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