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Chile en la crisis de COVID-19: ¿Por qué un país modelo parece hundirse en el caos?

26.05.2020

“Los ricos de Chile ganan como en Alemania, y los pobres como en Mongolia”, decía Branko Milanovic, del Banco Mundial. El gobierno actúa mal porque no conoce a su pueblo, dice experta. Y la “tabla de salvación” es peor.

Chile podría repetir la experiencia de España e Italia, siendo el próximo país en donde el sistema sanitario colapse. Las escenas lo evidencian: decenas de ambulancias que esperan hasta doce horas, o más, en las entradas de hospitales públicos, a la espera de que pacientes con COVID-19 sean atendidos, al menos dentro de los mismos vehículos. Si la ambulancia se ve obligada a entregar al paciente a una clínica privada, la familia tiene que cubrir sumas imposibles de pagar. A los altos costos de la atención médica se suma el hambre, para aquellos que ni siquiera pueden llegar a las puertas del Hospital San José de Santiago de Chile.

Con o sin pandemia, "el hambre en Chile es producto de la histórica desigualdad social”, dice a DW Fernanda Arriaza, directora de Gestión Comunitaria de la oficina internacional de la ONG TECHO, activa en 19 países de América Latina. "Son los pobres en los campamentos [asentamientos informales o barrios marginados] los que están viendo la cara más dura de esta crisis, porque se ha recrudecido su estado vulnerable: falta de acceso a servicios, a vivienda, a oportunidades de empleo”, agrega Arriaza desde Valparaíso, una ciudad en donde los más pobres viven en cerros casi inaccesibles para cualquier socorro. Valparaíso es la segunda ciudad más golpeada por la pandemia, después de Santiago.

El coronavirus se ensaña con los más pobres

Por esto el lema de "¡Quédate en casa!” es una ironía para muchos en América Latina que replican: "¿Y si no tienes casa? ¿Y si no tienes agua para lavarte las manos? ¿Y si no tienes 2 metros para distanciarte de 8 personas que comparten un solo cuarto?". Por esto se teme que la pandemia cause una catástrofe entre los 104 millones de latinoamericanos que viven en asentamientos populares.

Fernanda Arriaza, de TECHO no aventura un posible estallido social en el futuro porque "la situación ya estalló el 18 de octubre de 2019”. Y lo que hoy pasa, prosigue Arriaza en entrevista con DW, "es que esos mismos pobres no pueden respetar la cuarentena porque el hambre se ha hecho inaguantable”.

"El hambre”, según la experta social, "es la razón por la que están manifestándose en las calles”. Y las cosas pintan aún más difíciles. Antes de la pandemia de coronavirus, en Chile se pronosticaba que el 9,8% de la población iba a terminar este año en la pobreza. Ahora será el 13,7 por ciento, según la CEPAL. Al final de este 2020, en América Latina habrá 30 millones más de pobres, unos 215 millones en total en toda la región, así lo pronostica la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en su Informe Especial COVID-19, presentado el 21 de mayo. Las cifras podrían incluso subir, si el impacto de la pandemia es aún más fuerte y las economías latinoamericanas no logran volver a despegar. En todo caso, la organización concluye que el inmenso trabajo de dos décadas de lucha contra la pobreza en América Latina se ha perdido en pocas semanas.

Vuelven las ollas populares

Pero en medio de la tragedia, en Chile resurge la solidaridad comunitaria. Así lo destaca TECHO, pero también Catalina Littin Menz, directora ejecutiva de la Fundación Superación de la Pobreza, con sede en Santiago de Chile. El hambre ha hecho reaparecer las ollas populares, una herencia de la depresión de los años 30 que revivió durante la dictadura de Pinochet. 

"Estamos viendo un incremento de estrategias comunitarias de sobrevivencia y un resurgimiento del sentido comunitario”, dice Littin Menz a DW, para quien "es el momento de ponerse a disposición para fortalecer estas estrategias que nacen desde las organizaciones de base”. Un cometido que dicha fundación se propone enfrentar con el programa SERVICIO PAIS, "que ya tiene una exitosa historia de 25 años, gracias a jóvenes profesionales que han trabajado en las 100 comunas rurales más pobres de Chile", explica.

Un país, dos mundos

El mundo esperaría que Chile, una exitosa economía con "solo” 18 millones de habitantes, fuera capaz de manejar mejor la pandemia y sus efectos. Todos los gobiernos del mundo están aprendiendo con cada hora en que el coronavirus recorre el mundo.

Protestas callejeras en medio de la cuarentena el 18 de mayo en "El Bosque", en Santiago de Chile.

¿Por qué entonces cunde el caos en Chile? "Porque el Gobierno ha equiparado vidas humanas con economía”, es la determinante conclusión de Eduardo Vergara, director ejecutivo del laboratorio de ideas Fundación Chile 21. Para Vergara, exjefe de la División de Seguridad Pública del Ministerio del Interior bajo la presidenta Michelle Bachelet, "desde un principio, la actual administración manejó irresponsablemente la pandemia minimizando los riesgos, dando mensajes contradictorios y negándose a tomar decisiones basadas en los científicos que tuvieron que pedir en público ser escuchados”.

Para la experta de TECHO, justamente "ese desconocimiento del sentir ciudadano” explica por qué tantos chilenos han protestado -con una pausa obligada por la pandemia- tan vehementemente desde octubre, "porque un Gobierno que desconoce qué es lo que el pueblo necesita, no sabe qué respuestas dar a los problemas, y menos en una crisis como esta”.

Una "tabla de salvación” equivocada

La repartición, por parte del Gobierno, de 2 millones de cajas con víveres a familias pobres resultan ser una gota de agua en el Atacama. Pero hay algo adicional que puede agravar los males y enturbiar drásticamente el futuro de Chile: el narcotráfico, como presunta tabla de salvación para los más pobres. Esta es la advertencia del politólogo Eduardo Vergara, quien destaca que "durante estas semanas de crisis el número de asesinatos relacionados con el narcotráfico ha subido en Chile, un país cuya política antidrogas se limita a capturar a los 'soldados', casi siempre mujeres pobres y menores de 29 años, y a los peces gordos los deja libres”.

Ante la ausencia del Estado y el gobierno en Chile, "las estructuras del narcotráfico llenan ese vacío dándole a las familias alimentos y hasta pagando entierros para reclutar a sus soldados”, destaca Vergara, que tiene un máster en Asuntos Públicos del Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences Po).

Mucho apunta a que las raíces de la crisis en Chile no solo están en las decisiones erróneas o la falta de medidas para manejar la pandemia, sino que el caos se debe más bien a que "el Gobierno desconoce totalmente cómo es que funciona la ciudadanía”, arguye Fernanda Arriaza,  quien concluye que el Gobierno y el pueblo chileno viven en dos mundos paralelos: "uno que interpreta desde arriba, y el otro que sufre la realidad en la calle”.

(cp)

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La lucha de los chilenos por recuperar la democracia
"No a la guerra civil"

Este afiche de mayo de 1973 formó parte de la campaña lanzada por el Partido Comunista para evitar un enfrentamiento que desangraría al país. El 10 de septiembre de 1973, en los críticos instantes previos al golpe que derrocó a Salvador Allende, el secretario general del Partido Socialista, Carlos Altamirano, declaró que "el golpe no se combate con diálogos, se aplasta con la fuerza del pueblo".

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El movimiento de pobladores era uno de los pilares del gobierno de Salvador Allende. Por ende, después del golpe de 1973, una gran parte de la represión militar se concentró en las zonas de menores ingresos, tanto de manera selectiva, con la muerte y desaparición de sus principales dirigentes, como de manera colectiva, con invasiones policiales, detenciones masivas, secuestros y destrucción.

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Represión por parte del Estado

Durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), Chile vivió una represión brutal, que no se detuvo con la entrada en vigor de la Constitución de 1980 (el 11 de marzo de 1981). La nueva Carta Magna buscaba institucionalizar el régimen. De acuerdo a informes oficiales, la cifra de víctimas asciende a 31.686 personas, de las cuales 28.459 fueron víctimas de tortura.

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Asociación de Fotógrafos Independientes

En pleno régimen militar surgió la Asociación de Fotógrafos Independientes (AFI), cuyo objetivo fue difundir el trabajo de los reporteros gráficos. La producción fotográfica de la AFI se convirtió en un testimonio de la lucha contra la dictadura, pero también para dejar registro de la represión militar y policial de aquella época. Algunos de sus miembros fueron asesinados por su trabajo.

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"Vivos los llevaron, vivos los queremos"

El Estado Chileno reconoció que 3.227 personas fueron ejecutadas o desaparecidas durante la dictadura. Varias organizaciones civiles lucharon durante años reclamando la aparición de sus familiares. El slogan "Vivos se los llevaron, vivos los queremos" ha generado un gran impacto. Fue usado también en Argentina y, más recientemente, en las protestas tras la desaparición de los 43 de Ayotzinapa.

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El 8 de Marzo en Valparaíso

Durante la dictadura, las marchas por el Día Internacional de la Mujer servían también para manifestarse en contra del régimen encabezado por Augusto Pinochet. Este afiche de 1984 convoca a reunirse en el Fortín Prat, Valparaíso, para luchar por los derechos de las mujeres y también exigir el retorno a la democracia.

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Contra la pena de muerte en Chile

El Comité de Familiares de Víctimas de la Represión lanzó una campaña contra la pena de muerte en Chile. Este afiche data de 1984. La última vez que se aplicó este castigo en el país sudamericano fue en enero de 1985. La pena de muerte fue derogada durante el gobierno del presidente Ricardo Lagos, en 2001.

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El paro nacional prolongado de 1986 fue la mayor y última jornada de protesta desde que comenzaron las movilizaciones masivas contra la dictadura, en 1983. Las llamadas "jornadas de protesta" eran manifestaciones callejeras en las avenidas céntricas, que comúnmente iban acompañadas por huelgas y paros en las empresas y escuelas durante el día, y barricadas por la noche.

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¡Mi papá es comunista!

Este afiche de 1988 forma parte de una campaña para normalizar la imagen de los militantes del Partido Comunista, demonizado y prohibido constitucionalmente durante la dictadura. La dirigencia del partido fue perseguida por los organismos de seguridad, lo que obligó a los comunistas a sumergirse en la clandestinidad o salir del país.

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Un afiche de la histórica campaña del "No"

En febrero de 1988 se fundó la Concertación de Partidos por el No. El objetivo era organizar la campaña por el "No" para el plebiscito del 5 de octubre de 1988, donde se decidiría si Augusto Pinochet seguía o no en el poder hasta 1998. Finalmente, el "No" ganó por amplia mayoría, abriendo así el espacio político a la transición a la democracia, después de 17 años de dictadura cívico-militar.

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La lucha por la democracia no tiene fin

Tras el retorno de la democracia, muchos chilenos siguieron luchando por verdad y justicia para los desaparecidos y torturados durante la dictadura. La salida de Pinochet del poder no garantizaba juicio y castigo para los responsables de las violaciones a los DD.HH., por lo que numerosas organizaciones continuaron trabajando para lograr ese objetivo.

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José Ospina-Valencia