Ciclismo para gourmets
27 de julio de 2003
Este Tour de Francia fue una deliciosa "Boullabaisse", la típica sopa francesa de pescado en la que todos los ingredientes son de primera clase y se combinan a la perfección.
Duelo sostenido
Nada lo enturbió, aparte quizá del episodio en que el ciclista italiano Petacchi abandonó la carrera, tras haber dominado en las primera fase ganando cuatro etapas. Pero este hecho no echó a perder el caldo marino. Porque los dos ingredientes principales, los dos protagonistas del Tour, velaron por el placer de los aficionados desde el primero hasta el último minuto.
Todos temían que esta "Boullaibaisse" tuviera un marcado gusto a Lance Armstrong, como en los años anteriores, en que perdió sabor por falta de condimento. Pero no fue así. En un comienzo, todo transcurrió como de costumbre. El chef de cocina del Tour le puso una buena dosis de Armstrong, hasta que ese ingrediente se volvió amarillo. Pero luego añadió, día tras día, más acompañamiento: Jan Ullrich se fue volviendo más fuerte, pese a la fiebre que sufrió por momentos en forma casi inadvertida.
Aliño no faltó
Prácticamente en cada etapa, ambos ciclistas se disputaron la carrera por la supremacía. Pero también los otros aliños estuvieron a la altura de las circunstancias. Vinokurov, por ejemplo, hizo hervir el caldo en los tramos de montaña. Y no faltaron tampoco los matices de sabor que un verdadero gourmet aprecia: la fuerza de Hamilton, la chispa emocional de Virenque, que le dio el toque francés como rey de la montaña en seis ocasiones, o la nota amarga de Beloki, cuyas lágrimas tras la caída aportaron el componente dramático.
El hecho de que, al cabo de tres semanas, dominara la presencia de Lance Armstrong, no resultó molesto. Al fin y al cabo, los alemanes saben que la próxima "Boullabaisse" podría saber a Jan Ullrich. Lástima que haya que esperar todo un año.