Cilia Flores y el rol de primera dama en América Latina
21 de enero de 2026
La más cercana consejera de la máxima autoridad del país no fue elegida para su cargo ni rinde cuentas de ningún tipo. Ocupa un puesto de facto, que no está regulado. Algunas tienen un perfil más bajo, pero la gran mayoría se luce en eventos protocolares, dirige programas sociales y acompaña a su marido en las giras.
Las imágenes de Cilia Flores, detenida junto a Nicolás Maduro, reviven el debate sobre el rol y el alcance del poder de la mujer del presidente. En América Latina, las primeras damas han protagonizado varios escándalos y han sido acusadas e incluso condenadas a prisión por financiamiento ilegal de campaña y corrupción.
En El Salvador, Ana Ligia fue declarada culpable de enriquecimiento ilícito junto a su marido, el expresidente Antonio Saca, y Vanda Pignato, quien fuera primera dama durante la presidencia de Mauricio Funes, fue investigada por el caso "Saqueo público" y condenada por simulación de delito.
Rosa Elena Bonilla, mujer del expresidente Porfirio Lobo, de Honduras, fue condenada por corrupción. La peruana Nadine Heredia recibió asilo en Brasil en abril de 2025, tras ser sentenciada a 15 años de cárcel junto a su marido, el exmandatario Ollanta Humala, por lavado de activos y financiamiento ilegal de campaña, en relación con el caso Odebrecht y aportes del Gobierno venezolano. En Bolivia, aunque no tuvo la categoría oficial de primera dama, la expareja de Evo Morales, Gabriela Zapata, fue condenada a 10 años por enriquecimiento ilícito, entre otros.
Entre los casos recientes está el de Verónica Alcocer, esposa del presidente colombiano Gustavo Petro, aunque separados de hecho. La justicia investiga la supuesta vida de lujos que llevaría en Europa y los posibles vínculos con la adquisición por parte de Colombia, de aviones de combate a una empresa sueca. Asimismo, Estados Unidos la incluyó en la lista Clinton de personas vinculadas al narcotráfico y otros delitos.
Zona gris en la administración pública
"Es un cargo que no está regulado en ninguno de los países de América Latina, no tiene rendición de cuentas ni ningún tipo de control, no puede ser destituida ni acusada por el Congreso, y tiene una amplia zona y margen de acción", dice a DW Carolina Guerrero, doctora en Ciencia Política, quien ha estudiado la figura de la primera dama. "Esto también permite que la persona acumule poder, tenga influencia y puede recibir ayudas o dinero no regulado", agrega la Investigadora asociada al Instituto GIGA de Hamburgo.
Los ministros y, por cierto, el presidente están sujetos a mecanismos de control, pero el cargo de la primera dama "es una zona gris dentro de la administración pública", observa Guerrero. Sin embargo, tiene una posición privilegiada al interior del Gobierno.
"Desde una perspectiva política, si se trata de una relación bien avenida, la primera dama tiene ventajas para ser la consejera más influyente del presidente. Lo conoce como nadie, es una relación basada en el amor, y por lo tanto no instrumental, y es el primer y último rostro que el jefe de Gobierno ve en el día", señala a DW Ignacio Arana, profesor asistente de Ciencia Política en la Universidad Carnegie Mellon de Pittsburgh.
"Entrevisté a un expresidente que me detalló abiertamente cómo su esposa lo forzó a revertir una decisión presidencial, mientras que una expresidenta también me explicó cómo su marido fue esencial para que ella pudiera ejercer", añade Arana.
Nicaragua y Venezuela: ¿pareja presidencial?
"Liderazgos duales ha habido con Evita Perón, Cristina Fernández o Xiomara Castro. En el caso de Nicaragua y Venezuela, además estamos hablando de dictaduras", observa Guerrero. Esto implica todavía menor control a la acción de la primera dama, como ocurrió con la mujer de Augusto Pinochet, Lucía Hiriart, quien fue procesada por fraude al fisco y malversación de fondos relacionados con la fundación de ayuda social que presidía.
En Nicaragua, Rosario Murillo es además vicepresidenta, mientras que en Venezuela se habla de una copresidencia. Cilia Flores, quien fue capturada junto a Maduro y hoy enfrenta acusaciones de narcoterrorismo y otros delitos en Estados Unidos, era una política muy activa en el chavismo, incluso antes de estar con Maduro. En lugar de primera dama se hizo llamar "primera combatiente".
"Flores pertenece a la crema y nata del chavismo. Fue muy influyente tanto tras bambalinas como ejerciendo cargos importantes. Con Maduro, formaban un equipo político. Ha sido relevante desde los años 90, cuando como abogada fue la defensora legal de Hugo Chávez tras el intento de golpe de Estado de 1992. Eso la metió en el corazón del movimiento", indica Arana.
Fue diputada y presidenta de la Asamblea Nacional, procuradora general de la República y vicepresidenta del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). "En el Gobierno, siempre ejerció como una estratega política influyente, metida en decisiones relevantes y en nombramientos", consigna el investigador.
Tras la detención de dos de sus sobrinos por narcotráfico en 2015 ―caso conocido como los narcosobrinos― "bajó algo su perfil y mostró un rol más tradicional y familiar, especialmente con el programa de televisión "Con Cilia en familia", apunta Guerrero.
Poder real y trampolín
Si bien la mujer del presidente no tiene funciones predeterminadas ni sueldo, en algunos países existe la Oficina de la Primera Dama, que normalmente está dentro de la Presidencia, y que cuenta con funcionarios y recursos. Esto le permite tener proyectos y subvencionar programas o fundaciones, que generalmente abarcan temas de mujer, familia, educación, salud o adulto mayor.
Es difícil medir el poder real o la influencia detrás de escena, reconoce Guerrero, pero "se puede evaluar cuántas políticas públicas hace y su figuración en los medios". Incluso pueden llegar a convertirse en íconos de moda y estilo.
Gracias a su labor y figuración, algunas inician su propia carrera política, afirma la investigadora del GIGA: "En Honduras y Argentina tenemos primeras damas que posteriormente han sido presidentas. Más de 20 en América Latina se han presentado a cargos de vicepresidenta, senadora y diputada, y tienen muy buenas chances de ganar. De hecho, todas las que han postulado al Congreso han sido electas".
"El cargo se puede usar como un trampolín político", asegura, pero distingue figuras como la argentina Cristina Fernández, que tenía trayectoria política previa. Al contrario, la hondureña Xiomara Castro, se hizo famosa como primera dama y aún más con el arresto de su marido, Manuel Zelaya, quien posteriormente adoptó el título de "primer caballero".
¿Regular o eliminar el cargo de primera dama?
"No tiene sentido eliminarlo porque tiene un origen consuetudinario. Es la pareja formal del jefe de Gobierno y eso va a seguir existiendo. Lo que tiene más sentido es limitar legalmente lo que puede hacer para evitar abusos e irregularidades. Pero cuánto influye sobre el presidente depende más que nada del mismo jefe de Gobierno”, apunta Arana.
En Chile, cuando asumió el presidente Gabriel Boric, su pareja de entonces cerró la oficina de la primera dama, lo que generó un amplio debate. Cuando asuma el derechista y ultra conservador José Antonio Kast en marzo, su señora retomará un rol activo.
En opinión de Guerrero, los presidentes tienen poco interés en regular este cargo, pues viene asociado a cierto presupuesto e influencia. Incluso si es soltero o se divorcia, el puesto recae en una hija o hermana. No es por cierto un cargo de mujeres, sino de la pareja de la máxima autoridad, por lo que el debate no excluye a los hombres.
Tiene también algo simbólico, emocional, puede ser un modelo, marcar tendencias o incluso humanizar al presidente, como ocurre con la mujer de Nayib Bukele, quien proyecta una imagen familiar, observa la investigadora: "Mientras exista este vacío en la regulación, la primera dama va a seguir siendo una figura tan influyente como controversial dentro de la administración pública, independientemente del Gobierno de turno".
(rml)