Claves del éxito de Putin
9 de diciembre de 2003
Le Monde, de París, comenta: "Vladimir Putin es el gran triunfador de las elecciones parlamentarias rusas. Él es un reformista con tentaciones dictatoriales. Pero, más que eso, es un adulador. Se ganó a la opinión pública al poner en primer plano determinado tema: la búsqueda rusa del honor perdido. Desde el fin de la Unión Soviética, Rusia se ha sentido demasiado tiempo humillada. Ahora vuelve a tener un lugar en el escenario internacional, gracias a que cuenta con este joven presidente, que sabe hablar bien en la televisión pero que también utiliza el lenguaje vulgar cuando quiere reprender a su interlocutor. En resumen, se trata de populismo. Los partidos que triunfaron el domingo utilizaron dos recursos: la demagogia y un marcado nacionalismo".
La fe en los zares
El periódico suizo Berner Zeitung, de Berna, subraya que Moscú ha optado por una senda propia y apunta: "Los rusos no creen mucho en los experimentos de libertad, autodeterminación y el estado de derecho. En lugar de ello prefieren una tercera vía, una senda particular que la civilización occidental sólo puede calificar de autoritarismo. Tres cosas confluyeron en estos comicios. El gobierno demostró cinismo, la mitad de la población no concurrió a las urnas y la tercera parte de los ciudadanos optó por la obediencia y la humildad. La fe en los buenos zares sigue vigente".
Otros parámetros
En Alemania, el rotativo Mannheimer Morgen considera que Putin no tiene por qué preocuparse de su fama como estadista y expone las causas: "Europeos y estadounidenses aplican en su caso otros parámetros. Naturalmente todos condenan la campaña de Chechenia o la detención del millonario Michail Chodorkowski, que apoyaba a la oposición. Pero, dejando al margen las escasas protestas oficiales, predomina en Berlín, París o Washington la certeza de que Putin vela por un bien indudablemente valioso: estabilidad. Por eso los políticos pragmáticos no tocan a su Putin. A no ser que se trate de dinero. Ahí se termina la amistad. Los rusos han quedado marginados de la millonaria explotación del petróleo. El oleoducto pasa por Georgia y no por la insegura Chechenia. Seguridad ante todo."
El gaullismo de Putin
El periódico La Stampa, de Turín, estima por su parte que no sirve lanzar prédicas morales a Rusia. "Es mejor intentar comprender qué es lo que se cocina en esa caldeada y enorme marmita, en lugar de predicar la moral a los rusos y blandir exaltadamente el cucharón de la perfecta democracia. De por sí es muy significativo que el primer comunismo hecho realidad en el mundo haya sido eliminado también por los comunistas. El gaullismo que intenta aplicar Putin, al igual que la instrumentalización de la Duma, incluso hasta los límites de la Constitución, ya no conducen de vuelta al pasado. Pero tampoco se convertirá jamás en una copia de las refinadas estructuras políticas liberales de Occidente".