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Comentario: extremistas al margen de la sociedad

Kersten Knipp (VC/ERS)17 de septiembre de 2014

Cada vez más yihadistas viajan de Alemania a Siria e Irak, donde matan a civiles inocentes. Entre ellos y los neonazis hay paralelos interesantes, opina Kersten Knipp.

Imagen: picture-alliance/AP Photo

El diario alemán Süddeutsche Zeitung muestra imágenes del 19 de julio en las que se puede ver cómo un automóvil blanco avanza lentamente hacia un puesto de control en el centro de Bagdad. Al llegar, el conductor hace explotar el coche, matando a 54 personas. Según las informaciones que se tienen actualmente, el conductor era un joven de origen turco proveniente de la ciudad de Ennepetal, en el Estado federado de Renania del Norte-Westfalia, en Alemania.

La radicalización de Ahmed C., nombre del terrorista, se produjo de forma muy rápida. En marzo de este año mostraba dos fotos suyas en Facebook: en una, salía con una botella de whiskey y cigarrillos. En la otra, aparecía rezando como musulmán. “No es demasiado tarde”, comentaba su conversión.

Yihadistas y neonazis

¿Cómo se dan estas transformaciones? Y sobre todo, ¿cómo puede ser que en pocos meses aumente tanto la disposición a la violencia? Este tipo de transformaciones son tan incomprensibles que no se pueden analizar en detalle. Sin embargo, sí existen ciertos puntos de referencia: un sentimiento de exclusión y abandono, no tener más el control sobre su propia vida, así como no encontrar un lugar en la sociedad.

No es una casualidad que la autodenominada “Policía de la Sharía”, que en agosto patrullaba por las calles de Wuppertal, esperara encontrar adeptos en las afueras de los casinos. Estos son lugares a los que generalmente acuden personas que tienen demasiado tiempo y muy pocos planes para su vida.

El llamado yihadismo pop ofrece a sus seguidores el maravilloso sentimiento de no estar marginados, sino de pertenecer a un grupo de personas iluminadas que pretenden cambiar la sociedad. Desde la perspectiva psicológica, esta dinámica corresponde exactamente a aquella que, bajo otra ideología, también reúne a los neonazis alemanes. Estos actúan sobre todo en el Este del país.

Kersten Knipp es autor de DW.Imagen: DW/P. Henriksen

En Occidente, en cambio, predominan los yihadistas pop. El servicio de inteligencia alemán estima que unos 400 combatientes han viajado a Siria e Irak. Por lo menos cinco de ellos ya han perpetrado ataques suicidas en esos países. Llevará años vencer al fantasma del yihadismo. Para ello, será necesario ofrecerles a los potenciales yihadistas un lugar en la vida y en la sociedad. El extremismo no florece en el centro de una sociedad, sino en sus márgenes.

Entre vigilancia e histeria

Sin embargo, de momento, lo más importante es recuperar el control de la situación. Actualmente, las interrogantes más urgentes de las autoridades alemanas de seguridad son: ¿Cómo impedir que jóvenes yihadistas salgan del país? ¿Cómo lidiar con aquellos que regresan de países en guerra? El ministro del Interior, Thomas de Mazière, ha propuesto, por ejemplo, retirarles a los yihadistas alemanes el pasaporte o expulsar del país a extremistas extranjeros, radicados en Alemania.

No será un debate fácil, porque la frontera entre la vigilancia y la histeria se puede desvanecer fácilmente. Sin embargo, es un debate necesario. Y, en un momento dado, también deberá tener consecuencias. El Estado de derecho alemán se lo debe a sus propios ciudadanos, así como a aquellos sirios e iraquíes que han muerto a manos de yihadistas alemanes.

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