Una parrilla monumental, líneas fluidas y una singular elegancia: el Bentley S2 Continental Flying Spur, de 1959. Un auto para el caballero al que le gusta conducir él mismo. El interior es típicamente inglés: lo engalanan fino cuero y madera con nudos.
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Elegante, pero con understatement. Bien cuidado, un Bentley prácticamente no se rompe. La técnica del V8 de 6,2 litros es sumamente robusta.