1. Ir al contenido
  2. Ir al menú principal
  3. Ir a más sitios de DW

Continúan disturbios en Túnez

13 de enero de 2011

Pese al toque de queda nocturno, las protestas contra la alta tasa de desempleo reinante en Túnez continúan en la capital y otras regiones de la antigua colonia francesa. Francia evita entrometerse en “asuntos internos”.

Entre los manifestantes se hallan maestros, intelectuales, artistas...Imagen: AP

Testigos informan sobre nuevos enfrentamientos entre los manifestantes y la policía en muchos barrios pobres de la capital de la República Tunecina, en los que numerosas personas resultaron heridas. Jóvenes enojados han incendiado puestos policiales y exigen la renuncia del presidente Zine El Abidine Ben Ali, informaron portavoces de sindicatos.

Este alboroto no es habitual en las calles tunesinas. Maestros, intelectuales, artistas se hallan entre los manifestantes. Las fuerzas de seguridad arremeten contra ellos con gases lacrimógenos. Los transeúntes huyen despavoridos hacia los callejones de la Medina. En los mercadillos, las cortinas metálicas de los negocios permanecen cerradas.

Desacostumbrado

Este banco fue incendiado cerca de la capital.Imagen: AP

Hace más de 20 años que Túnez no vive imágenes como éstas. “Hay un odio hacia el Gobierno. Se nota cuando se escuchan las consignas, dirigidas contra la corrupción, y también contra la dictadura”, declaró a la televisión francesa el abogado tunesino, Rabeh Khreifi.

También desde el interior del país llegan informes de nuevos disturbios. En diversas ciudades fueron incendiadas casas o saqueados negocios. Escuelas y universidades permanecieron cerradas.

Mientras ambulancias y tiros atraviesan algunas zonas capitalinas, el jefe de Estado ha encargado al ejército la custodia de edificaciones importantes. El ministro de Exteriores alemán, Guido Westerwelle, llamó al Ejecutivo de Túnez a terminar con la masiva represión de los manifestantes.

Mano dura y promesas

“El movimiento es más fuerte que el Gobierno y puede conducir a su derrocamiento”, aseguró a la prensa nacional el ex director del periódico Alternatives (prohibido por las autoridades tunecinas), y portavoz del Partido Comunista de los Obreros de Túnez, Hamma Hammami. “Sólo queda saber cuándo”, agregó Hammami, quien también publicó un discurso en Facebook pidiendo la renuncia del presidente.

Los negocios permanecieron cerrados.Imagen: picture alliance / dpa

Este jueves (13.01.2011) “habrá tres huelgas generales en tres regiones”, informó luego Hammami en la televisión francesa. Sin embargo, él mismo no puede continuar participando en las protestas, pues fue detenido poco después de esta entrevista.

El Gobierno ataja con fuerza a sus críticos más encendidos y trata, al mismo tiempo, de calmar el malestar en las calles. El presidente, Ben Ali, prometió medidas contra la corrupción, anunció que liberará a los manifestantes detenidos y despidió a su ministro del Interior.

¿Que vuelva la tranquilidad?

Pero las medidas, que siguen a sus promesas de crear 300.000 puestos de trabajo en los próximos dos años, parecen ser insuficientes o llegan demasiado tarde para algunos. Najib, un estudiante de 27 años, se muestra escéptico: “Es que es justamente el presidente quien lo decide todo. Cambiar al ministro de Interior es sólo una estrategia para calmar a la gente, pero no resolverá nada”.

“Espero que el próximo ministro de Interior sea mejor que su antecesor”, dice un transeúnte. “Queremos que vuelva la tranquilidad a este país”, agrega. Pero no todos en Túnez quieren lo mismo. En el país se extiende la resistencia contra el presidente Ben Ali, un hombre que gobierna un Estado policial desde hace 23 años, bajo el principio: estabilidad antes que libertad.

El precio de la estabilidad

Túnez no está acostumbrada a estas imágenes.Imagen: picture-alliance/dpa

Con su “política de la mano de hierro”, Ben Ali ha conseguido algunos éxitos: las estadísticas económicas de Túnez son superiores a las de sus vecinos del Magreb, Argelia y Marruecos. Los islamistas radicales no tienen oportunidad alguna en su país: el último atentado terrorista ocurrió hace unos nueve años.

Pero el precio de la estabilidad es alto. Demasiado alto, considera Sihem, estudiante de cine de 25 años. Él pertenece a los que alzan su voz en las calles de Túnez, porque la paz que ha reinado hasta ahora en el país le parece opresiva: “Qué le queda al pueblo si el Estado le impide al salir a las calles, expresar su opinión, hablar sobre sus problemas, buscar soluciones comunes, manifestarse pacíficamente? Hay que actuar”.

Así que la situación permanece tensa. Por todo el país se espera que continúe la agitación social, que comenzó el 17 de diciembre cuando un graduado universitario desempleado se prendió fuego en la ciudad de Sidi Bouzid.

Al menos tres hombres jóvenes se suicidaron desde entonces para atraer la atención hacia sus difíciles condiciones de vida o por no conseguir empleo. La ola de suicidios públicos desató las protestas antigubernamentales que escalaron el fin de semana. El desempleo en el país, de 10 millones de habitantes, alcanza oficialmente al 13 por ciento, pero algunas estimaciones elevan la cifra al 40 por ciento.

Francia no quiere entrometerse

El Gobierno dijo que 21 personas murieron por disparos durante los enfrentamientos, pero partidos de oposición y grupos de derechos humanos creen que la cifra real es mayor. La Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH) reporta 66 perecidos.

Estados Unidos condenó hoy el manejo de la situación por el Gobierno tunecino, al tiempo que destacó los "aspectos muy positivos" de la relación entre ambos países.

Entretanto, el Gobierno francés continúa negándose a condenar tajantemente al tunesino por los manifestantes acribillados a tiros por fuerzas de seguridad o los periodistas presos. "Condenamos la violencia y estamos preocupados por las tensiones económicas y sociales", dijo el portavoz gubernamental François Baroin desde París. "No podemos ir más lejos, sería una intromisión en asuntos internos", agregó.

El presidente tunecino es considerado en París como garante contra el islamismo. El presidente galo, Nicolas Sarkozy, no se ha pronunciado públicamente sobre la ola de protestas en la ex colonia francesa. El Ministerio de Asuntos Exteriores llamó expresamente a la prudencia, sin dirigirse a nadie en concreto.

Autor: Marc Dugge, Rabat (HR) / RML (dpa)

Editora: Emilia Rojas Sasse