Con gran esfuerzo, muchos países mantuvieron aplanada la curva de infección por Sars-CoV-2. Pero, si aflojan ahora, podrían poner en juego sus valiosos logros en la lucha contra el COVID-19, opina Fabian Schmidt.
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Muchos países de todo el mundo respondieron temprano a la pandemia de coronavirus. Y tuvieron éxito, con estrictas medidas de confinamiento y rastreo sistemático de las cadenas de infección.
Sus curvas de infección, que inicialmente habían escalado exponencialmente, pudieron ser frenadas y las nuevas infecciones se mantienen ahora en un rango bajo. Ejemplos de esto son China, Corea del Sur, Nueva Zelanda, Taiwán, así como no pocos países de la Unión Europea (UE).
Tras las dramáticas experiencias de los últimos seis meses, en casi todas partes ha sido posible mantener funcionando a los sistemas de salud y poner en marcha la economía, a pesar de los graves contratiempos.
Fabian Schmidt, periodista de DW especializado en ciencia.
La pandemia no ha llegado a su clímax
Pero esta normalidad que lentamente regresa ya en algunos países no debe llevarnos a la imprudencia. La pandemia está lejos de terminar en todo el mundo. De hecho, la curva de nuevas infecciones globales continúa creciendo exponencialmente. Por lo tanto, cada día hay más y más personas infectadas, no menos.
Esta plaga es ahora aún más peligrosa que el primer día. Campea por su respeto, sobre todo, allí donde los sistemas de salud no funcionan tan bien, donde las personas son más pobres y, por lo tanto, viven hacinadas en espacios estrechos, o donde los responsables anteponen los intereses económicos a la salud de sus ciudadanos y no toman las medidas pertinentes.
Los países más afectados deberían ser advertencia suficiente
Si bien la primera ola de contagios de coronavirus aún está llegando a su clímax en países como Estados Unidos, Brasil, India, Rusia, Sudáfrica y México, la temida segunda ola se avecina ya en los países que han sobrevivido a la primera. De hecho, en muchos países de la UE, el número de infecciones ya está aumentando nuevamente.
Así que, muy probablemente, la próxima ola vendrá. Será difícil evitarla, pero se puede debilitar o ralentizar, como la primera. Y esto solo es posible si las personas continúan ejerciendo la moderación, especialmente, si siguen renunciando a socializar, ver y ser visto, en fiestas y eventos.
Mejor celebrar en pequeños grupos
Las vacaciones, allí donde son posibles nuevamente, también se pueden pasar en familia o con los amigos más cercanos. Quienes ya no pueden aguantarse y consideran que necesitan reunirse nuevamente con miles de personas, se desinhiben con alcohol o drogas y no guardan la distancia recomendada, actúan de manera irresponsable y poco solidaria.
Las actuales bajas tasas de infección, allí donde las hay, las hemos pagado todos a un precio bien alto. Muchas personas han perdido familiares y amigos. Otras, han perdido sus empleos o tuvieron que renunciar a sus negocios.
Tenemos el deber, con ellos y con nosotros mismos, de seguir tomando en serio al virus. La relajación de las medidas de protección no deben dar rienda suelta al desenfreno.
(rml/vt)
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Mallorca, el paraíso vacacional de los alemanes
Incluso en época de coronavirus, Mallorca sigue siendo uno de los principales destinos turísticos de Europa. A los alemanes este lugar les resulta especialmente atractivo. ¿Por qué?
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No puede haber mejores vacaciones que éstas
Quinientos kilómetros de costa, bahías apacibles como Cala Formentor (en la foto) y temperaturas cálidas incluso en otoño, hacen de la mayor de las Baleares un lugar ideal para pasar las vacaciones. Viajeros solitarios, grupales o celebridades, para todos hay espacio en Mallorca. Y está al alcance de la mano a buen precio: desde Frankfurt se llega a esta isla en solo dos horas y media.
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Cómo comenzó todo
En 1833, se estableció un servicio regular de ferry entre Barcelona y Mallorca. Pero fueron unos amantes los que hicieron de la isla un destino apetecido. La escritora George Sand y el pianista Frédéric Chopin pasaron el invierno de 1838/1839 en un monasterio de Valldemossa (en la foto). La novela "Spiridión" fue escrita allí y su descripción de la isla desencadenó el primer boom turístico.
Los primeros turistas de comienzos del siglo XX llegaban principalmente de España y Reino Unido, buscando naturaleza y romance. La mayoría de las playas de Mallorca siguen sin ser explotadas a cabalidad, como estas de Calvià y Alcúdia (en la foto). En 1935, el clima templado atrajo a 50.000 turistas, en 1950, ya eran 100.000 y, en 1960, llegaron al millón.
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Auge de vacaciones junto al mar
En la década de 1960, el turismo empezó a crecer velozmente. A lo largo de la costa aparecieron hoteles y pioneros de la venta de viajes, como Neckermann y Dr. Tigges, que invirtieron con prontitud. Los alemanes querían vacaciones asequibles y tranquilas, que es lo que obtuvieron en Mallorca. El pequeño pueblo de El Arenal, a 20 kilómetros de la capital, Palma, pronto se volvió irreconocible.
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La zona de fiestas
A comienzos de los 80, El Arenal era el centro de reunión de los veraneantes. Además de alemanes, británicos y escandinavos llegaban al lugar a celebrar fiestas. El "Ballermann 6" rápidamente se volvió un punto de encuentro para las orgías alcohólicas. La palabra es una alteración alemana de "Balnearia", nombre de los puestos de playa, que se instalan cada 500 metros y están numerados del 1 al 15.
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Palma: cultura con playas
La catedral es uno de los puntos de referencia de la capital de la isla, Palma, y también uno de sus lugares más visitados. Hasta la crisis del coronavirus, los 400.000 habitantes de la ciudad luchaban contra el exceso de turistas. Esto, por los cruceros que atracan y llenan las calles del casco antiguo con miles de visitantes. En 2019, más de 7 millones de personas pasaron una noche en Mallorca.
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El espectacular almendro en flor
La primavera y la temporada baja comienza en Mallorca con el florecimiento de los almendros. Los primeros turistas disfrutan de una atmósfera aún plácida en la isla, donde pueden gozar a sus anchas de pintorescas localidades y villas del interior, además de variada naturaleza. Más de un tercio de la isla son zonas naturales protegidas.
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El llamado de la montaña
Aquellos que aman los desafíos deportivos se dirigen sin titubear a las montañas Tramuntana, donde las alturas -que suelen superar 1.000 metros- cubren amplias zonas del norte y este de la isla. Los ciclistas de montaña pueden encontrar senderos impresionantes, como el de Cap Formentor. Los excursionistas pueden tomar el tramo GR 221 y los ciclistas de carrera, los serpenteantes pasos montañosos.
En el agua se pueden vivir grandes experiencias. Al menos en Mallorca. Aquellos que no se pueden permitir el lujo de un yate, al menos podrán disfrutar de la belleza de puertos pesqueros como Cala Figuera, Porto Colom o Port Sollér. Antiguamente, a través del puerto de Sóller, las naranjas cultivadas en las montañas mallorquinas eran enviadas a Francia.
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Las fincas, una alternativa a los hoteles abarrotados
Los que deseen escapar del ajetreo y el bullicio de las playas pueden encontrar espacio en una finca, que suelen contar con todas las comodidades del caso. Acá, la relajación está garantizada. No importa si eres amante del sol, de las fiestas, buscador de paz o un vacaconista hiperactivo. En Mallorca hay espacio para todos. Cuatro millones de alemanes al año no pueden estar tan equivocados.(dz/vt)