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COVID-19, una emergencia peligrosa más para Venezuela

18 de marzo de 2020

En medio de una pandemia mundial, Venezuela está en una posición particularmente peligrosa para enfrentar el COVID-19, en una emergencia humanitaria compleja y difícil de resolver.

Dos hombres cubren sus rostros con bolsas de plástico en Carcacas, para protegerse del coronavirus.
Dos hombres cubren sus rostros con bolsas de plástico en Carcacas, para protegerse del coronavirus.Imagen: Reuters/C. Jasso

Hay varios retos para las autoridades, empezando por recobrar la credibilidad, pero, sobretodo, mejorar el deteriorado sistema de salud. Es por ello que Nicolas Maduro solicitó al Fondo Monetario Internacional (FMI) 5.000 millones de dólares para atender la crisis del COVID-19, pero la solicitud fue rápidamente rechazada. Para el chavismo -que desde Hugo Chávez mantiene un discurso en contra del FMI- solicitarle financiamiento sorprendió a muchos y demuestra que la crisis del COVID-19 será aprovechada para hacer política, al igual que las demás emergencias en Venezuela.

El 6 de marzo de 2020, la Organización Panamericana de la Salud anunció el envío de expertos a Venezuela, Nicaragua y Haití, los tres países que determinaron con las mayores deficiencias en la detección temprana del COVID-19. En efecto, el viernes 13 de marzo, Venezuela fue el último país del continente en dar anuncios: se refirió a 2 casos de coronavirus confirmados, y ya van 33.

El más reciente anuncio lo hizo Nicolás Maduro, quien ordenó establecer una cuarentena total en todo el territorio nacional. También precisó que, de los 33 casos de personas contagiadas, 28 provenían de Europa y 5 de Colombia. Cifras que para algunos no son precisas, ya que también se conoció que el encargado de negocios de la embajada de Argentina en Venezuela, Eduardo Porretti, dio positivo al COVID-19 y aseguró a la agencia EFE que no ha salido del país en 6 meses.  

Nicolás Maduro ordenó establecer una cuarentena total en todo el territorio de Venezuela. Imagen: picture-alliance/dpa/ZUMAPRESS/J. C. Hernandez

Nueva crisis, vieja costumbre

A comienzos de marzo de 2019, Venezuela vivió el apagón eléctrico nacional más grande en su historia. Sin luz, comunicaciones, agua ni modo de hacer compras o trabajar, los venezolanos se vieron confinados a permanecer en casa por varios días. A un año de ese evento, la situación con el COVID-19 es mucho más confinante y duradera. Para la psicóloga social Yorelis Acosta, haber sobrellevado experiencias de crisis pasadas podrían poner a los venezolanos "en ventaja con el resto del mundo para guardar la calma", dijo en entrevista con DW. Pero explica que "esta situación es distinta, porque no tenemos instituciones, no tenemos un sistema de salud ni voceros confiables del gobierno que nos permitan estar tranquilos en caso de infectarnos”, puntualiza. 

La resiliencia de los venezolanos ante las crisis podría ayudar psicológicamente a bregar con esta pandemia. Sin embargo, las desventajas estructurales del sistema nacional hacen que el impacto psicológico de la pandemia en el venezolano sea superlativo, según Acosta. Aún permanecen vívidas en el colectivo venezolano las imágenes de estantes vacíos en los supermercados por la escasez, o las largas colas, situaciones que otros países están viendo por primera vez a raíz del pánico y el miedo que ha causado el coronavirus. Para Acosta, "nuestra historia nos hace más vulnerables, ya que estas asociaciones con crisis pasadas pueden enquistarse en las mentes y atormentarnos”.

No solo la experiencia causa angustia entre los venezolanos. El método de prevención que más se ha extremado para evitar contraer el COVID-19 es lavarse las manos, y en Venezuela hay una crisis en el suministro de agua. "Eso nos pone en desventaja con el resto del mundo”, dice Acosta, "en este caso no importa ser psicológicamente fuerte si no tienes un servicio de salud en el cual apoyarte”.

Medidas contra el coronavirus en Valencia, Carabobo.Imagen: picture-alliance/dpa/ZUMAPRESS/J. C. Hernandez

Dos presidentes contra un virus

Mientras el chavismo y la oposición se disputan la presidencia, ambas partes se esfuerzan en recobrar la credibilidad de la gente en medio de la pandemia. Nicolás Maduro y su gabinete, con el apoyo de las Fuerzas Armadas, llevan el control de las masas en Venezuela, declaran una cuarentena social a nivel nacional y cierran el servicio del Metro. La oposición subestima la capacidad de Nicolás Maduro de manejar una crisis de esta magnitud, pero el chavismo ve en la pandemia una oportunidad para demostrar quién tiene el poder en Venezuela. La estrategia apunta en presionar a la solidaridad internacional para levantar las sanciones contra el gobierno. El crédito solicitado al FMI por U$S 5.000 millones para atender el deteriorado sistema de salud fue rechazado, precisamente, porque no queda claro quién manda a quién en Venezuela.

Para el chavismo, el Fondo Monetario Internacional es el "responsable del colapso de los países”. Así lo catalogó Maduro hace apenas 5 meses. A pesar de la retórica en su contra, el FMI ha tenido intenciones de entrar en Venezuela, y quizás eso impulsó al chavismo a pedir asistencia en esta nueva emergencia. El año pasado, cuando Christine Lagarde aún dirigía la institución, incluso se hicieron preparativos para proporcionar financiación a Venezuela, en vista del embargo petrolero, la hiperinflación y los apagones que agobiaron a la población venezolana.

La disposición de ayudar a Venezuela se discutió a fondo en la asamblea entre FMI y el Banco Mundial, en abril del 2019, pero no hubo consenso en el reconocimiento de un líder, según Lagarde. "A la hora de decidir cuál es la legítima autoridad en Venezuela, nuestros socios tienen que adoptar una decisión”, dijo. Un año después y ahora bajo la dirección de Kristalina Georgieva, la organización financiera aún no toma esa decisión, pues el rechazo a la solicitud de U$S 5.000 millones que hizo Nicolas Maduro se basa en que no tiene el reconocimiento de la mayoría de los miembros del FMI como presidente legítimo de Venezuela. Así lo manifestó un portavoz a EFE, el que declaró que "el compromiso del FMI con los países miembros se basa en el reconocimiento oficial del Gobierno por parte de la comunidad internacional, como se refleja en la membresía del FMI. No hay claridad sobre el reconocimiento en ese momento”.

Una mujer usa un tapabocas en Caracas.Imagen: Reuters/M. Quintero

Para la Asamblea Nacional que preside Juan Guaidó con diputados de oposición, la información oficial de las autoridades del chavismo no es precisa ni suficiente para prevenir y contener la epidemia. Guaidó pide con urgencia la entrada de la ayuda humanitaria que ofrece la ONU, le da importancia a la OPS y a la OMS, y busca del apoyo de instituciones internacionales que lo reconocen como presidente legítimo. El FMI tampoco lo reconoce aún como tal. Aunque a los diputados no se les permite sesionar en el palacio legislativo, Guaidó muestra su liderazgo anunciando la creación de un portal web para informar sobre el COVID-19, y también nombró una "Comisión de Expertos de la Salud del Gobierno Legítimo” que tiene como objetivo asesorar, acopiar y transmitir la información disponible sobre el coronavirus en Venezuela.

Para el exministro de sanidad y miembro de la comisión, Dr. José Félix Oletta, actualmente predominan las decisiones de Nicolás Maduro destinadas al distanciamiento social masivo de la población, "aunque no hemos entrado en la fase de expansión de la epidemia ni de diseminación comunitaria extendida. Poco se aprecia de preparativos para la atención de enfermos graves que requerirán cuidados hospitalarios”, señaló a DW.

Una de las principales dudas es si Venezuela está preparada estructuralmente para atender un gran número de infectados. Las informaciones oficiales han designado 45 hospitales "centinela” en todo el país que estarían en las posibilidades de atender enfermos con el COVID-19. Para Oletta, "la emergencia compleja que sufre la nación desde hace más de tres años hace más difícil dar respuestas efectivas y de calidad para personas que requieren cuidados intensivos o ventilación mecánica”.

¿Qué se puede esperar en Venezuela?

La Comisión de Expertos de la Salud puntualizó en una rueda de prensa que no hay suficientes camas de UCI para atender un escenario leve-moderado de la pandemia, "menos en el peor de los escenarios” agregó Oletta. Un informe de 2011 muestra que la cobertura de camas en ese entonces era de 62,4% para la población y desde ese entonces no se han construido nuevos hospitales públicos. Para Oletta esto es "totalmente insuficiente, la distribución de camas de UCI no responde a la densidad de población por regiones a lo que se le suman las fallas de agua y energía eléctrica que afectan a la gran mayoría de los hospitales públicos del país e interrumpen la función de los equipos de soporte vital”.   

Mientras tanto, la crisis del COVID-19 comienza a mostrar efectos similares a otras emergencias que se han vivido en Venezuela. Desde el anuncio oficial se vieron largas colas y estantes de productos vacíos. Sin embargo, muchos están atendiendo la cuarentena impuesta, pero otros han salido a las calles a trabajar. Para la psicóloga Yorelis Acosta, el venezolano ha aprendido a ser estratégico y tendrá que salir de casa, eventualmente, porque pocos tienen "como llenar una despensa que les dure más de un mes, ya que la crisis económica obliga a muchos a ganarse la vida día a día”. Esto ha resultado en malestar entre trabajadores informales y algunos conflictos con las autoridades que imponen la cuarentena. Otro factor determinante en esta cuarentena es la posibilidad de que la escasez de gasolina en el interior del país se riegue hasta la capital y este factor es determinante para que muchos se queden en casa, o salgan a protestar en la capital. 

(cp)

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