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COVID-19: una enfermedad con siete grupos de síntomas

Hanna Fuchs
4 de noviembre de 2020

El COVID 19 presenta muchos síntomas. Investigadores han hallado importantes biomarcadores e identificado siete grupos de síntomas, lo que ayudará en el desarrollo de la vacuna y el tratamiento de la enfermedad.

Imagen: picture-alliance/Geisler-Fotopress

Dolor de garganta, cabeza pesada, un ligero romadizo… Hace un año apenas habríamos prestado atención a estos síntomas, tal vez ni siquiera los habríamos notado. Pero, en otoño de 2020, la situación ha cambiado mucho. Un estornudo basta para poner en marcha la maquinaria del miedo: "¿Dónde anduve los últimos días? ¿Qué toqué, cuánto me acerqué a otras personas? ¿Conservo el sentido del olfato y del gusto? Parece como si me faltara el aliento… ".

¡Alto! Por si ello le tranquiliza, sepa que no está solo. También médicos e investigadores se ocupan sin descanso de seguir la pista a los síntomas que puede traer consigo una infección causada por el nuevo coronavirus. Científicos de la Universidad de Medicina de Viena han identificado siete formas que puede adquirir un infección suave de COVID-19. Los resultados fueron publicados en la revista especializada Allergy. Objetivo principal: averiguar cómo es una buena inmunidad después de superar una infección por coronavirus y determinar con qué parámetros puede medirse. Para ello, el equipo científico liderado por el inmunólogo Winfried Pickl y el alergólogo Rudolf Valenta han estudiado a 109 convalecientes de COVID-19 y a 98 personas de un grupo de control.

Siete grupos de síntomas de COVID-19

Los resultados de sus investigaciones revelan que hay determinados síntomas que aparecen ligados a otros, por lo que los científicos establecieron 7 grupos:

0.  Síntomas gripales (con fiebre, escalofríos, cansancio y tos)

1.  Síntomas catarrale (con moqueo, estornudos, garganta seca y congestión nasal)

2.  Dolores articulatorios y musculares

3.  Infecciones en ojos y mucosas

4.  Problemas pulmonares (con neumonía y dificultades respiratorias)

5.  Problemas intestinales (entre otras molestias, diarrea, mareos y dolor de cabeza) 

6.  Pérdida de los sentidos del gusto y del olfato y otros síntomas

"Pudimos establecer que este último grupo abunda entre las personas con una sistema inmunológico joven", dice a DW el inmunólogo y director de la investigación, Winfried Pickl, aunque eso no es algo que se mida por la edad del paciente, sino por la cantidad de células T salidas recientemente del timo. "Eso significa que pudimos separar con claridad cursos del COVID-19 claramente sistémicos (por ejemplo, los grupos 1 y 3) de cursos específicamente orgánicos (grupos 6 y 7)", continúa Pickl. Esto no significa que los grupos de síntomas no puedan solaparse, sino que se dan conexiones entre los distintos grupos y determinados parámetros inmunológicos. Un curso de la enfermedad con fiebre elevada influye, por ejemplo, en la memoria a largo plazo del cuerpo y podría implicar una inmunidad más duradera. Por otro lado, la pérdida del sentido del gusto y del olfato va en paralelo con un nivel más alto de linfocitosT.

COVID-19: Huella en la sangre

Los investigadores constataron en la sangre importantes marcadores de la presencia del COVID-19. La enfermedad deja transformaciones notables en el sistema inmune, como si se tratara de una huella en la sangre de los pacientes. Por ejemplo, era mucho más bajo de lo normal el número de granulocitos, células que normalmente se ocupan de combatir a las bacterias que pueden provocarnos enfermedades. "Eso nos sorprendió y es completamente nuevo", dice el inmunólogo a DW. "También comprobamos que el sistema inmune continúa ocupándose intensivamente de la enfermedad muchas semanas después de la infección", agrega  Pickl. Esto podría explicar por qué muchos pacientes después de superar el COVID-19 siguen sintiéndose cansados durante mucho tiempo. Al mismo tiempo, las células reguladoras T estaban muy disminuidas, lo que podría conducir después a una enfermedad autoinmune.

En una forma suave de la enfermedad, cuanta más fiebre tuvo el paciente durante el curso de la misma, más fuerte fue su inmunidad contra el virus. "Nuestros hallazgos contribuyen a una mejor comprensión de la enfermedad y nos ayudan a desarrollar posibles vacunas", destaca el equipo científico en su artículo. "Ahora sabemos que, por ejemplo, los linfocitos T y los linfocitos B son parámetros importantes para evaluar las vacunas", dice Pickl.

(ms/ers)

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