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PolíticaCroacia

Croacia enfrenta un preocupante auge nacionalista de derecha

Zoran Arbutina
21 de noviembre de 2025

Durante mucho tiempo, Croacia fue considerada un alumno modelo de Europa. Sin embargo, ahora los nacionalistas se hacen oír cada vez más y la minoría serbia se ve sometida a presión.

El público, iluminado en rojo, tras una valla con banderas, en un concierto de Marko Perkovic en Zagreb.
Concierto histórico de Marko Perkovic "Thompson", el 5 de julio de 2025, en Zagreb.Imagen: Goran Mehkek/HANZA MEDIA/IMAGO

Desde su adhesión a la Unión Europea hace más de doce años, Croacia siempre se ha esforzado por proyectar una imagen de socio cooperativo y sin problemas. En política exterior, el país no se desvió del camino marcado y, a diferencia de su vecino Hungría, apoyó sin reservas todas las sanciones de la UE contra Rusia y desempeñó un papel constructivo en la perspectiva de adhesión a la UE de los países de los Balcanes Occidentales.

En el ámbito interno, todo parecía estar también en orden. Croacia registra un crecimiento lento pero constante. Desde hace años gobierna una coalición liderada por el partido democristiano HDZ (Comunidad Democrática Croata), ahora ya en su tercer mandato con Andrej Plenkovic como primer ministro. Aunque algunos lo describen como "sirviente de Bruselas", se le considera liberal y, al mismo tiempo, capaz de calmar a las fuerzas conservadoras dentro del partido y la sociedad.

El manejo de Plenkovic también se reflejó en la situación de las minorías nacionales, en particular a la más numerosa, la serbia. Aunque los nacionalistas de derecha solían utilizar a los serbios de Croacia como blanco de sus ataques, el partido de la minoría serbia SDSS fue durante años un importante socio de coalición de Plenkovic, y los excesos antiserbios siguieron siendo en su mayoría un fenómeno marginal en la sociedad.

Seguidores del cantante croata Marko Perkovic en el monumento al rey Tomislav en Zagreb.Imagen: Sanjin Strukic/PIXSELL/picture alliance

El concierto de Perkovic, un punto de inflexión

Todo cambió este verano. El momento clave fue el gran concierto al aire libre del cantante de rock croata Marko Perkovic "Thompson" ―llamado así por la metralleta que utilizó como combatiente durante la guerra de independencia de Croacia (1991-1995)―, celebrado el 5 de julio en Zagreb.

Perkovic es conocido por sus canciones impregnadas de nacionalismo y por intentar presentar a los ustasha, los fascistas croatas de la Segunda Guerra Mundial, como una parte heroica de la identidad nacional. Uno de sus mayores éxitos comienza con el grito "Za dom spremni!", que en español significa "¡Listos para la patria!", un equivalente croata al saludo nazi.

En el megaconcierto se congregaron supuestamente unos 500.000 espectadores. Antes y durante el concierto se exhibieron símbolos prohibidos de la Ustasha y se gritaron consignas. La élite política del país otorgó al concierto un carácter casi oficial, ya que el día anterior, el primer ministro Plenkovic, varios ministros y diputados acudieron al ensayo.

Fue una especie de señal de salida para las fuerzas de extrema derecha, que desde entonces intentan dominar por completo tanto la vida política como la social en Croacia, afirma el escritor y publicista croata Jurica Pavicic a DW.

"Había mucha gente y mucha iconografía neonazi. Ante esa multitud, el Gobierno, hasta entonces moderadamente conservador, se doblegó. El partido gobernante, el HDZ, intentó proteger a su ala derecha para no perder votos. Y ahí fue cuando la situación se descontroló", explica Pavicic.

El avance de la extrema derecha

Luego del concierto y a lo largo del verano, varias asociaciones de veteranos trataron de impedir, en diferentes ciudades, la celebración de festivales culturales que consideraban demasiado liberales.

La minoría serbia se convirtió en el blanco de la extrema derecha. A principios de noviembre, en Split, miembros del grupo Torcida, los ultras del club de fútbol Hajduk Split, impidieron por la fuerza una velada que inauguraba las Jornadas de la Cultura Serbia.

Mientras que, en Zagreb, el 7 de noviembre, varias docenas de alborotadores enmascarados intentaron impedir la inauguración de una exposición en el Centro Cultural Serbio. También en este caso se coreó masivamente el eslogan ustasha "¡Listos para la patria!", acompañado de insultos y amenazas contra los serbios. Dos días después, cerca de un pabellón deportivo en Rijeka, la policía detuvo en el último momento un ataque de hooligans contra niños serbios que participaban en una competencia.

El primer ministro croata, Andrej Plenkovic, ha defendido que su Gobierno no respalda las acciones de ultraderecha.Imagen: Peter Kneffel/dpa/picture alliance

Plenkovic en apuros

Las reacciones de la élite política gobernante ante sucesos similares son cautelosas. El primer ministro Plenkovic condenó los incidentes, subrayó que "no hay lugar para ninguna forma de intolerancia hacia las minorías nacionales en la sociedad croata" y rechazó las acusaciones de que su Gobierno tolerara el revisionismo o la ideología ustasha.

Sin embargo, Vesna Terselic, directora de la organización no gubernamental Documenta - Centro para el Análisis del Pasado, considera que precisamente las acciones políticas y sociales de algunos de los más altos representantes del Estado son responsables de la creación de un clima que favorece la xenofobia y la exclusividad agresiva.

"Es deprimente observar cómo se reduce el espacio de libertad. Croacia no ha afrontado su pasado y las instituciones no están actualmente en condiciones de garantizar a todos los que viven en la República de Croacia un espacio de libertad, de expresión, de creatividad y de libertad de prensa y científica", afirma Terselic a DW.

Añade que se está produciendo un proceso de relativización del pasado y de los símbolos ustasha que ya lleva tiempo en marcha, pero que esta última fase es la más problemática. "Y en ello veo la responsabilidad directa del primer ministro", afirma Terselic.

El escritor y periodista Jurica Pavicic interpreta esta evolución en Croacia como parte de un giro general hacia la derecha en Europa. La responsabilidad del primer ministro radica sobre todo en su inacción, en su pasividad: "Aquí hay una combinación de oportunismo, cobardía y la sensación de que todo el impulso político se ha desplazado hacia la derecha".

(mn/rml)

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