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Cuba, EE. UU., los cubanos y la desesperanza

18 de julio de 2020

Las erradas políticas de los gobiernos de de Washington y La Habana durante 60 años han provocado la debacle de una nación próspera, miles de muertes y la desesperanza de más de once millones de cubanos.

Kuba Besuch US-Präsident Barack Obama
Imagen: picture-alliance/dpa

En la confrontación entre Washington y La Habana no hay víctima y victimario, aunque buena parte de la prensa internacional apoye al gobierno de Fidel, Raúl y, hoy, Miguel Díaz Canel, por nostalgia hacia lo que pudo ser la Revolución Cubana, por ese visceral odio que siente el mundo hacia Estados Unidos, o incluso por lo podría ser llamado "Síndrome de David", esa tendencia de lo políticamente correcto que usualmente obliga a la opinión pública a defender al más pequeño de los dos contendientes, una táctica muy bien utilizada por Fidel Castro cuando, en la proyección internacional de su política hablaba de Cuba como un pequeño pero valiente David enfrentando al desalmado gigante imperialista Goliat.

Cumplidos ya los cinco años desde que Barack Obama inició el deshielo entre ambas naciones, una leve mirada a seis décadas de conflicto bastan para tener suficientes pruebas de que, en su política hacia Cuba, todas las administraciones norteamericanas han considerado al pueblo cubano como un simple "daño colateral" en una encarnizada confrontación en la que, con el pretexto de democratizar a Cuba, lo único evidente es la pretensión estadounidense de ser visto como el líder universal en la lucha por los Derechos Humanos y las libertades.

Amir Valle, comentarista de DW.Imagen: DW

Inconcebiblemente, para el gobierno de La Habana, su propio pueblo también ha sido un daño colateral, una mansa bestia forzada a sacrificarse en defensa de un proyecto social en el que cada vez menos cubanos creen. Si acaso puede hablarse de una víctima en todo este conflicto de poder, esos son los 11 millones de cubanos que residen en la isla y los casi 3 millones de cubanos en la diáspora. Todo por culpa de los absurdos atrincheramientos ideológicos; de las controvertidas alianzas con reconocidas dictaduras o falsos poderes democráticos como Rusia, Irán o China; del parasitismo económico de otras naciones (la antigua URSS y el campo socialista antes, Venezuela después y hasta hoy), unidos a la inoperancia, la complicidad o el silencio de los organismos internacionales y Europa.  

La Era Obama y los cambios en Cuba

Muchos analistas se preguntan por qué Obama esperó a su segundo mandato para sentarse a conversar con Raúl Castro y comenzar su política de aperturas. ¿Acaso Obama estaba tan seguro de que los demócratas ganarían las elecciones de 2016 y, de ganar, que el nuevo presidente demócrata asumiría su legado? En cualquier caso, las tan celebradas concesiones comerciales, financieras, de reanudación del turismo, intercambio en diversas áreas y, en definitiva, el relajamiento del embargo comercial, pudieron implementarse apenas durante dos años, período insuficiente para consolidar cambios tan radicales con los que la Casa Blanca pretendía llevar a La Habana al terreno de las cesiones en el terreno de la democracia.

La estrategia aperturista de Obama, primero, y el relajamiento de la férrea Posición Común Europea desde 1996, después, provocaron el comienzo, y persistencia hasta hoy, de la más cruenta y sostenida ola represiva del gobierno cubano contra la oposición y la sociedad civil independiente en la isla. Fortaleció también la política de atrincheramiento ideológico, violación de los Derechos Humanos y represión generalizada de cualquier intento opositor en la llamada "troika de las dictaduras latinoamericanas": Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Cuba en la Era Trump

Trump, por su política de bloquear económicamente a la dictadura cubana, es apoyado por la inmensa mayoría de los cubanos de la diáspora. Tristemente, para esa porción del exilio que se declara 'trumpista', el pueblo de la isla es también un "daño colateral", y el argumento para justificar su postura es que solo el recrudecimiento del embargo y la asfixia de la población podría provocar un estallido social que cambie todo de la noche a la mañana.

Trump apoyó la apertura hacia Cuba durante las primarias republicanas de 2016. Al convertirse en candidato presidencial, ganó los votos cubanos en Florida prometiendo acabar con las políticas de Obama. Eso ha hecho: en 2017 restringió los negocios con entidades vinculadas al poder militar de Cuba, limitó las remesas, prohibió los cruceros turísticos y vuelos comerciales. En 2019, pese a la oposición de la Unión Europea, volvió a poner a Cuba en la lista de países promotores del terrorismo y dio luz verde a tribunales norteamericanos para proceder con las demandas de los dueños de propiedades expropiadas durante la Revolución.

¿Consecuencias? Los pequeños negocios que el castrismo autorizó durante el deshielo prácticamente colapsaron. La escasez de alimentos, medicinas, bienes básicos, electricidad, es cada día mayor. Los cubanos ven otra vez a un presidente norteamericano como el culpable de sus desgracias. Y el gobierno de Díaz Canel, mientras se afirma en el clásico discurso antiimperialista empleado durante 61 años, se ve forzado a emprender ahora los cambios radicales que Raúl se negó a hacer en la Era Obama: eliminar la doble moneda, dolarizar una parte de la economía, renunciar al 10% que cobraba a las remesas en dólares norteamericanos, flexibilizar la política de impuestos para los pequeños empresarios, y hacer importantes concesiones a compañías extranjeras para la producción de alimentos en Cuba.

El incierto futuro de las relaciones

Todo apunta a que, durante la actual campaña electoral en Estados Unidos, Trump endurecerá su discurso hacia Cuba: necesita retener el estado clave de Florida. Ni aunque el próximo presidente fuera un demócrata, hay garantías de que se retomen los aires de la Era Obama: como se ve por el discurso retador de La Habana, es ya muy difícil reconstruir la confianza perdida de las autoridades cubanas hacia Estados Unidos. Serían necesarias concesiones aún más radicales y unilaterales que las que Obama hizo, y tendría también un significativo valor el posicionamiento de la Casa Blanca hacia Venezuela y Nicaragua. Los cubanos de la isla, mientras tanto, seguirán sufriendo el estigma de ser un simple daño colateral.

(lgc)

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