En febrero, trabajadores y trabajadoras, hombres y mujeres, marcharon por el pan y la igualdad. En octubre, un pequeño grupo radical, los bolcheviques, tomaron el poder en su nombre. Afirmaron representar al pueblo pero el apoyo era mínimo. El miedo a la vuelta del zar y una propaganda inteligente los ayudaron a obtener control. El sueño de una democracia se desmoronó casi al instante. Lo que siguió fueron décadas de gobierno autoritario y una Guerra Fría global. Una revolución que cambió el mundo, pero no de la forma que esperaba el pueblo.
