Daniel Viglietti
30 de mayo de 2006
DW: ¿Qué aprendió usted del fútbol para la vida?
Daniel Viglietti: Que hacer un pase, mirar al compañero, pedir a otro la pelota, armar una jugada entre todos, aplaudir al arquero, son todas formas de solidaridad en medio de lo lúdico del juego.
¿Cuál fue su peor autogol?
No recuerdo haber hecho uno, a pesar de mis escasas dotes para el deporte. En la vida, sí, algunos, que dejan cicatrices. Pero eso no es un juego.
¿Se halla usted a menudo en "offside"?
Cuando yo jugaba de niño, en Sayago, mi barrio montevideano, las reglas eran las básicas, y no se incluía el orsay, como bautizamos acá al "fuera de juego". Aunque en la forma de existir, es necesario adelantarse, arriesgarse, hasta que suene el silbato señalando que uno quedó fuera de juego.
¿Le gusta más jugar en la defensa o en el ataque?
Me gustaba variar, cambiar en medio del partido, si se volvía necesario en el equipo y había acuerdo. Pero quizá era mejor defensa que atacante, no sé.
¿Qué no puede soportar del fútbol?
La mala fe, la agresividad, la deslealtad. Y los jueces tramposos, como ocurre en materia de justicia en algo tan serio como los Derechos Humanos en nuestro país, por no ir más lejos.
¿Quién debe ser campeón mundial?
El que juegue limpiamente mejor. Ojalá sea un latinoamericano. O africano, de ese continente tan desangrado, tan explotado.
¿Quién no debe ser de ninguna manera campeón mundial?
El equipo que practique un juego sucio, prepotente, violento contra el adversario. Nosotros, los uruguayos, en 1950, en Maracaná, en Rio de Janeiro, salimos campeones del mundo jugando limpio. Quizá por el ejemplo de un conductor como Obdulio Varela, digno y firme.
¿Qué opinión tiene del fútbol femenino?
Muy buena opinión, aunque merecería mucho más apoyo y desarrollo que el que tiene hasta ahora. El machismo es responsable de eso. En la playa de Valizas, en Rocha, en la costa atlántica del Uruguay, he visto jugadoras muy buenas en la playa.
¿Cuál fue su gol más bonito?
Se me pierde en la memoria, hace más de cincuenta años de todo eso, pero recuerdo algunas alegrías, no sé si siempre coronadas por goles hermosos. Eran partidos en terrenos sin arcos ni cancha marcada, todo muy silvestre pero lleno de entusiasmo.
¿Y cuál fue la peor falta?
No haber seguido jugando de vez en cuando, me da mucha envidia cuando veo a colegas músicos, como el brasileño Chico Buarque, jugando al fútbol como pueda, junto a sus amigos. Una vez que me invitó, en Río, a la cancha de su equipo que se llama el Politeama, al menos relaté el partido aquel desde la orilla de la cancha.
¿Juega usted siempre limpio?
Siempre he tratado de que fuera así, y eso lo he incorporado como actitud a un deporte mucho más difícil y muy hermoso que es vivir trabajando por cambiar la vida.