¿Deberían los escolares alemanes leer menos a Goethe?
12 de septiembre de 2025
Con el inicio del nuevo año escolar en Alemania, los estudiantes de último curso se preparan para leer clásicos de autores como Johann Wolfgang von Goethe y Heinrich von Kleist, aunque no todos lo celebran con entusiasmo.
"Para ser honesto, no es el libro más emocionante que he leído", afirma Orçun Ilter, estudiante de secundaria en Berlín, sobre El cántaro roto de Kleist, en declaraciones a la emisora pública local RBB.
En su tiempo libre, Ilter ha estado enfrascado en un libro de Tahsim Durgun, quien se convirtió en una estrella de TikTok con videos sobre su vida en Alemania como hijo de kurdos yazidíes que llegaron desde Turquía. La de Durgun es una voz que, según el estudiante, falta en la literatura escolar.
De las lecturas obligatorias a nivel nacional para obtener el diploma del bachillerato alemán, el Abitur, sólo una quinta parte fueron escritos por mujeres. Los autores con raíces fuera de Alemania y las personas de color también escasean en la selección.
Esto es así a pesar de que más del 25 por ciento de la población alemana, que en su conjunto supera los 80 millones de habitantes, tiene un origen migrante. Ese porcentaje es mucho mayor entre los jóvenes, especialmente en las grandes ciudades.
En Alemania, la política educativa no es competencia de la política nacional, sino de los distintos estados federados. Y, aunque las escuelas tienen una gran autonomía a la hora de elegir los textos, la mayoría de los institutos se ciñen al marco establecido por el Instituto para el Desarrollo de la Calidad en la Educación (IQB, por sus siglas en alemán).
La flexibilidad se ve limitada por las restricciones de tiempo y dinero que encuentran los profesores que desean alejarse de clásicos como Fausto, de Goethe. Les resulta difícil y costoso obtener tanto los materiales didácticos necesarios, como los textos que no forman parte del canon literario. Esto significa que, año tras año, se enseñan los mismos libros antiguos, dominados por autores hombres y blancos.
Los estudiantes quieren leer libros relevantes para sus vidas
"Creo que el gran problema es que las clases de literatura no logran llegar a los jóvenes y que estos no están interesados en la forma en que se enseña esta asignatura en las escuelas”, afirma Quentin Gärtner, de 18 años, quien acaba de graduarse de la secundaria en el estado de Baden-Württemberg.
Gärtner está terminando su mandato como secretario general de la Conferencia Federal de Estudiantes, un organismo que agrupa a representantes de alumnos de todo el país. Ha sido noticia recientemente por su llamado a la reforma del sistema educativo alemán, afirmando que las escuelas "necesitan menos Fausto y quema de brujas, y más habilidades de inteligencia artificial y educación sobre la democracia".
No obstante, admite que muchos más estudiantes estarían interesados en leer las obras de Goethe si se les ofrecieran enfoques más interesantes del texto, pero eso requeriría una reforma de gran alcance en el heterogéneo sistema educativo alemán.
BookTok da lugar a una nueva generación de "ratones de biblioteca"
Los resultados del Estudio Internacional de Progreso en Comprensión Lectora (PIRLS), realizado en 2021 y publicado en 2023, revelan que uno de cada cuatro alumnos de cuarto curso en Alemania no alcanza el nivel mínimo de comprensión lectora. Además, las puntuaciones en lectura de los jóvenes de quince años son más bajas que nunca, de acuerdo con los resultados del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA), de 2023.
Pero el panorama no es del todo sombrío. El estudio Juventud, Información y Medios (JIM) de 2024 revela que, aunque una cuarta parte de los jóvenes dijo que no le gustaban los libros recomendados por profesores, padres y madres, no leen menos que antes. Comunidades en redes sociales como #BookTok y el Club de Lectura Service95, de la estrella pop anglo-albanesa Dua Lipa, han contribuido a crear una nueva generación de lectores entusiastas.
Susanne Lin-Klitzing, antigua profesora de alemán y presidenta de la Asociación Alemana de Filólogos, que representa a 90 000 profesores, está de acuerdo en que el interés por los libros existe, pero los jóvenes necesitan tener más voz a la hora de establecer los requisitos de lectura en las escuelas.
(jm/ms)