Un aparato sofisticado que realiza una tarea muy simple: es la máquina de Rube Goldberg, del estudio de diseño holandés HEYHEYHEY. Al contrario que su primer artilugio, que ocupaba toda la nave de una fábrica, este segundo cabe en dos maletas, pero no por ello es menos complicado. La máquina, al final, consigue pegar un sello.