1. Ir al contenido
  2. Ir al menú principal
  3. Ir a más sitios de DW

El cielo sobre Atacama

Luna Bolívar Manaut27 de noviembre de 2006

Buscaban un lugar que se asemejara al espacio exterior y lo encontraron en el desierto de Atacama. Aquí, las deformaciones que produce la atmósfera a la hora de observar el cielo son mínimas.

En el desierto de Atacama como en el espacio.Imagen: DW/Luna Bolivar

El cielo es un recurso como lo es la tierra o el mar. Aunque todos dormimos bajo un mismo cielo, no en todas partes el cielo es igual. Las porciones que se ven del firmamento son distintas según la latitud y la época del año. La contaminación lumínica que producen las ciudades puede impedir ver las estrellas. Y las características de la atmósfera determinan la mayor o menor calidad del cielo.

El paisaje inconfundible del desierto.Imagen: DW/Luna Bolivar

A principios de los años sesenta, los astrónomos europeos buscaban un país del hemisferio sur en el que poder construir un observatorio conjunto. El proyecto quedó bajo la dirección de la Organización Europea para la Investigación Astronómica en el Hemisferio Austral, o ESO por sus siglas en inglés, que fue fundada en 1962.

En ese momento, Sudáfrica parecía ser el Estado que reunía las mejores condiciones para convertirse en la base del nuevo paso astronómico europeo. Sin embargo, el país africano acabó siendo descartado. La brusca reducción de las temperaturas durante la noche entorpecía la visión. La inestabilidad del continente hacían excesivo el riesgo ante lo elevado de la inversión.

Chile fue el elegido

Después de la II Guerra Mundial, el liderazgo en la contemplación del espacio lo ejercía Estados Unidos. Los estadounidenses ya estaban instalados en Chile. En 1964, la ESO y el Estado de Chile firmaron una serie de acuerdos para que las primeras instalaciones astronómicas netamente europeas se construyeran en el cerro Chinchado Norte. Un observatorio que se llamaría La Silla.

Observatorio de la ESO sobre el cerro Paranal, Chile.Imagen: DW/Luna Bolivar

En la elección del país latinoamericano influyeron “su situación geográfica y la calidad del cielo, por un lado. Y además las condiciones políticas”, explica Félix Mirabel, representante de la ESO en Chile. Los contratos suscritos ofrecían a la agencia europea, además de seguridad, una serie de ventajas.

“Chile concedió a la ESO la categoría de organización internacional. Además, la importación de equipos y elementos necesarios para la operación de los telescopios no se carga de impuestos”, dice Mirabel, “Chile ha llevado a cabo una política, en mi opinión inteligente, de atraer a organizaciones internacionales haciendo concesiones y luego a largo plazo obteniendo de ello un rédito”.

El terreno para la construcción del primer telescopio europeo se vendió a bajo precio. Lo que desde la ESO fue interpretado como una muestra de buena voluntad por parte del Gobierno chileno. A cambio de todas las facilidades, la ESO se comprometió a ceder un 10% del tiempo de observación en sus telescopios a Chile y a llevar a cabo proyectos de formación de personal y desarrollo de la ciencia astronómica en el país.

Sobre el cerro Paranal

El Very Large Telescope (VLT) del cerro Paranal fue el segundo proyecto de la ESO en Chile y es el telescopio óptico más grande del mundo. Para su construcción, que se inició en 1991, se eligió de nuevo el desierto de Atacama, esta vez algo más al norte, a unos 130 km de la ciudad costera de Antofagasta.

Los cuatro telescopios del VLT de Paranal.Imagen: DW/Luna Bolivar

En realidad, el VLT es un complejo formado por cuatro grandes telescopios, cada uno con un espejo primario de 8,2m de diámetro, más tres telescopios auxiliares. Los cuatro telescopios mayores pueden funcionar conjuntamente o por separado. Estos cuatro enormes ojos sobre el cerro Paranal han sido bautizados con nombres mapuches. Se llaman Antu, el sol, Kueyen, la luna, Melipal, la Cruz del Sur y Yepun, Venus.

El VLT es utilizado por multitud de astrónomos para diversos proyectos. Quien puede se desplaza hasta Chile. Quien no, deja sus estudios en manos del personal del telescopio. Las solicitudes para hacer uso del VLT se examinan con lupa. No todas pueden ser tenidas en cuenta. Son más las peticiones que el tiempo y la capacidad de trabajo disponible.

“Una de las partes más interesantes de nuestro trabajo consiste en buscar, o confirmar la existencia, de candidatos a exoplanetas. U observar su directa formación. Los exoplanetas son planetas que se encuentran fuera del sistema solar. La existencia de la mayoría de los que se conocen, que ya son unos 200, ha sido demostrada de manera indirecta. Existe sólo un caso certero en el que un exoplaneta haya podido verse directamente”, dice Christian Hummel, astrónomo alemán que trabaja desde marzo de 2006 en Paranal.

Observar el principio de todo

En el universo, lo rojo está frío y lo azul está caliente. Lo frío, y rojo, tiene menos energía. Lo que significa que emite en una onda de luz más larga. Lo caliente, y azul, es más energético y su onda es, en consecuencia, más corta. Como el universo se encuentra en continua expansión, las ondas emitidas por objetos que se van alejando se hacen cada vez más largas, rojas y frías. Por eso, en el espacio lo que está lejos es lo más antiguo. Observar los confines del universo no es otra cosa que mirar atrás en el tiempo.

Éste es el aspecto que tendrán las antenas de ALMA.Imagen: DW/Luna Bolivar

El tercer telescopio de la ESO en el desierto de Atacama está en construcción. En el proyecto participan también Estados Unidos y Japón y su nombre es ALMA, o Gran Conjunto de Radiotelescopios de Atacama. ALMA contará con más de 50 antenas situadas a 5.100 m de altitud. El de Paranal es un telescopio óptico. ALMA será un radiotelescopio: permitirá observar en una onda de luz más larga. Es decir, mostrará el universo frío y lejano.

En el espacio, las distancias se miden en años luz. En el tiempo que tarda la luz en recorrer el tramo que nos separa del objeto y llegar hasta nosotros. El sol, por ejemplo, está a ocho minutos luz. Cuando lo vemos, lo vemos como era hace ocho minutos, que es lo que la luz ha tardado en transmitirnos su imagen. Se calcula que el universo tiene 13.700 millones de años. Si con un telescopio logramos vislumbrar una galaxia que está a 13.000 millones años luz, observamos los inicios del universo, lo que era hace 13.000 millones de años.

Massimo Tarenghi, director del proyecto ALMA.Imagen: DW/Luna Bolivar

“El proyecto ALMA supondrá una revolución en el mundo de la astronomía. No existe otro instrumento igual en el mundo. Con él podremos comprender mejor cómo se forman los planetas cerca de una estrella. Podremos observar al planeta en solitario y su atmósfera, y comprobar así si en él se dan indicios de vida. Pero lo fundamental es que con este telescopio vamos a dirigirnos a una región mucho más profunda del universo de lo que nos permite un telescopio óptico. Podremos ver la primera estrella que se formó en el universo”, dice Massimo Tarenghi, director del proyecto ALMA.

Ir a la siguiente sección Descubra más