El diagnóstico económico del G-20
27 de octubre de 2003
Juntos representan a cerca del 60% de la población mundial y generan el 85% del Producto Social del planeta. Es decir, en términos económicos el peso del Grupo de los 20 (G-20) debería estar más allá de toda discusión. No obstante, poco es lo que se puede esperar de la reunión que sostiene en la ciudad mexicana de Morelia, ya que se trata de un encuentro informal que no exige resultados concretos. Eso no quiere decir que carezca de relevancia, ya que ofrece una oportunidad poco frecuente de intercambiar pareceres entre las principales potencias industrializadas y países emergentes, entre los que se cuentan algunos latinoamericanos como Brasil, Argentina y México, el anfitrión de esta cita.
El problema estadounidense
Para el ministro alemán de Hacienda, Hans Eichel, la reunión brinda también una bienvenida ocasión de no figurar en el blanco de las críticas y poder apuntar en otra dirección cuando se trata de identificar al "niño problema" de la economía mundial. Y ese no es otro que Estados Unidos. No es casual que, en la sesión inaugural, el ministro de Hacienda mexicano, Francisco Gil, mencionara entre los riesgos actuales la fuerte dependencia mundial de la evolución coyuntural estadounidense, las deudas internas y externas, y los déficits presupuestarios en "economías relevantes".
Según Eichel, hay consenso en cuanto a que la economía internacional vuelve a repuntar. No obstante, recordó que siguen existiendo grandes desequilibrios y citó, en primer lugar, el déficit fiscal de Washington. "Esto no se puede combatir sólo a costa del euro y otras monedas", advirtió el ministro germano. Claro está que tampoco pudo eludir del todo las dificultades que le atribulan en casa, de modo que junto con manifestar su preocupación por el endeudamiento estatal en todas partes del planeta, reconoció que las cosas tampoco pueden seguir están en los países industrializados.
Amplia agenda
También el tema del comercio internacional se está imponiendo en la reunión de Morelia, ante el fracaso de las negociaciones de la OMC en Cancún. Eichel dijo a la prensa que el G-20 presiona porque las conversaciones se reanuden en lo que resta del año, con la meta de cerrar la ronda de Doha hasta el 2005. Claro está que, por ahora, nada parece indicar que se haya destrabado la situación al punto de poder contar con un acuerdo a corto plazo.
Más largo aliento aún requieren los otros objetivos trazados para la reunión de Morelia, como el establecimiento de mecanismos que brinden seguridad a los mercados financieros y eviten que una crisis local arrastre también a otros países. Lo mismo puede decirse del establecimiento de códigos de comportamiento en los negocios financieros, o del propósito de cortar el flujo de recursos a las organizaciones terroristas. En otras palabras, en el G-20 quedarán muchas tareas pendientes para el año entrante, cuando llegue el turno de la presidencia alemana.