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El FC Augsburgo y el exclusivo oasis de la mediocridad total

29 de agosto de 2025

Pocos clubes han durado tantos años en la primera división como el Augsburgo. Que lo haya logrado sin mostrar ambición alguna luce casi como un mérito.

El FC Augsburgo ha tenido momentos puntuales de triunfo, como este gol de Phillip Tietz, pero en el largo plazo no ha pasado de la zona neutral de la tabla general.
El FC Augsburgo ha tenido momentos puntuales de triunfo, como este gol de Phillip Tietz, pero en el largo plazo no ha pasado de la zona neutral de la tabla general.Imagen: Christian Kolbert/kolbert-press/IMAGO

En el fútbol hay equipos como el Bayern Múnich, que parecen nacidos para ganar. Otros tienen un destino trágico, que los lleva a probar hojuelas de gloria para luego sufrir largas condenas en el purgatorio. De esos hay muchos, pero basta nombrar al Schalke 04, histórico de la Bundesliga que desde hace años lucha contra sí mismo, sumido en una crisis interna y en las mazmorras de la segunda división.

Pero además de estos extremos, hay un selecto grupo clubes que parecieran no existir y, sin embargo, ahí están: siempre en la media tabla, nadando "de muertito", sin desplomarse y también sin cultivar grandes sueños.

El Augsburgo (de rojo) venció al Bayern Múnich en la jornada 7 del torneo 2022/23, en uno de sus pocos momentos brillantes en torneos de Bundesliga.Imagen: Sascha Walther/Eibner/IMAGO

En la Bundesliga, sometida a un monopolio del triunfo, no faltan candidatos al título de la mediocridad deportiva. Hay la tentación de incluir, por ejemplo, al Mainz. Pero luego uno recuerda que de ahí surgieron dos de los entrenadores más carismáticos del fútbol alemán, Jürgen Klopp y Thomas Tuchel. El club incluso ha vivido etapas brillantes con Martin Schmidt y actualmente con Bo Hendriksen.

O podría mencionarse al Wolfsburgo, que desde hace años, y dicho en términos de béisbol, "ni pitcha, ni cacha, ni deja batear". Pero entonces recordamos el célebre torneo 2008/09, en el que los lobos verdes humillaron al Bayern Múnich y salieron campeones bajo la batuta de Felix Magath. Wolfsburgo tiene en sus vitrinas otros dos trofeos, por la Pokal y Supercopa alemana del no tan lejano 2014/15.

O al Freiburg, del cual poco se sabía hasta las páginas brillantes con el entrenador Christian Streich. Ya sin este, el club incluso tuvo en Julian Schuster al mejor entrenador del año pasado, según votación de expertos en fútbol alemán. Participante en competencias europeas, el Freiburg también queda descartado.

Para mantener el rigor, dejamos fuera además a los recién ascendidos, carentes de opciones, siempre amenazados por el descenso, y con un horizonte incierto como parte de su normalidad.

¿Es la mediocridad un mérito?

A estas alturas, debe quedar claro: alcanzar el oasis de la mediocridad absoluta no es tarea fácil, ni es para todos. De hecho, quizá el único de la Bundesliga actual en beber el exclusivo bálsamo de la intrascendencia total es el Augsburgo, club fundado en 1907 y en cuya larga historia no figura ni un solo título digno de mencionarse.

Sin ansias visibles ni viables de luchar por el campeonato, y sin la osadía que a veces hunde a los guerreros más débiles, el club bávaro sobrevive en la primera división desde el torneo 2011/12. Entonces ascendió y terminó en el lugar 14 de la tabla. Luego pululó en los sitios 15, 8, 5, 12, 13, 12, 15, 15, 13, 14, 15, 11 y 12. Los mejores años, por cierto, fueron aquellos en los que jugaba para el Augsburgo el temperamental goleador paraguayo-argentino Raúl Bobadilla.

El delantero paraguayo-argentino Raúl Bobadilla siempre sacó el pecho en los mejores años recientes del Augsburgo.Imagen: picture alliance/dpa/S. Puchner

En ese ya largo lapso ha habido apenas leves impulsos de ambición. Se habló en algún momento de la llegada de inversionistas, y de jugadores interesantes como el estadounidense Ricardo Pepi, pero nada cambió. Los inversionistas, si los hubo, no dejaron huella, y Pepi prefirió emigrar al fútbol neerlandés.

¿Para qué existe el Augsburgo?

De ahí que uno se pregunte: si no es para ganar, ¿para qué existe en la Bundesliga un club como el Augsburgo? A estas alturas, la respuesta es clara: si acaso, para estorbar. Y lo ha logrado; por ejemplo, en la jornada 7 del torneo 2022/23, cuando mandó la primera señal de alarma al Bayern Múnich de Julian Nagelsmann, venciéndolo 1-0.

No lo sabemos en este momento, pero la llegada de Sandro Wagner al banquillo del Augsburgo podría ser señal de inéditas ambiciones por parte del club. Competitivo y carismático, Wagner renunció al puesto de asistente en la selección alemana para emprender esta aventura. Con pasado en el Bayern Múnich, el exgoleador puede dar un primer gran zarpazo incomodando al club en el que se formó como jugador.

Pero también puede ocurrir lo contrario: que la intransigente mediocridad del Augsburgo absorba la voluntad y la paciencia del joven e inexperto entrenador, hundiéndolo. Antecedentes, los hay. Basta recordar de nuevo al suizo Martin Schmidt, que luego de dejar buena impresión en el Mainz, fracasó de manera fulminante en su intento de sacar al Augsburgo del cómodo e irresistible oasis.

 

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