En el invierno más frío desde que Rusia inició su guerra contra Ucrania, el Kremlin incrementa sus bombardeos contra zonas civiles e infraestructuras energéticas. Y lo hace durante las negociaciones con el país agredido y durante las supuestas treguas. El resultado son constantes cortes de electricidad y calefacción, mientras las temperaturas exteriores rondan los 20 grados bajo cero. Aunque técnicos de Ukrenergo, el consorcio energético nacional, reparan los desperfectos sin descanso, los constantes bombardeos impiden mantener el suministro. ¿Qué o quién podrá frenar esos crímenes de guerra?
