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El mayor enemigo del Líbano es su gobierno

Diana Hodali
7 de agosto de 2020

Nadie se imaginaba cuán mortal podría ser la incompetencia del gobierno corrupto de Beirut. No deberían ser ellos los que realicen la investigación, sino algún ente externo, opina Diana Hodali.

Libanon nach Explosion in Beirut
Imagen: picture-alliance/dpa/M. Naamani

El Líbano ha vivido muchas cosas: guerras, crisis, catástrofes. Pero lo que ocurrió el martes 4 de agosto en el puerto de Beirut supera todo lo que los libaneses pudieran haberse imaginado. Esa explosión redujo a escombros una parte importante de la capital, dejó a 300.000 personas sin techo y destruyó sus esperanzas de una mejor vida. Esperanza que tenían, especialmente, los libaneses más jóvenes.

Con todo lo que ha padecido este pequeño país hasta ahora, nadie estaba en condiciones de imaginar cuán mortal podía llegar a ser la incompetencia del gobierno libanés y cuán enorme es el fracaso del Estado.

Desde hace días se sigue buscando a desaparecidos y los vecinos limpian las calles por sí solos, todo en ausencia absoluta del Estado. Ninguna disculpa de parte de la élite política y corrupta, ninguna renuncia hasta ahora. En lugar de eso, los políticos elogian la fuerza de los libaneses y aparentemente ninguno de ellos se siente responsable por el hecho de que hace seis años se almacenaron grandes cantidades de nitrato de amonio en el puerto de Beirut. En simples galpones, cerca de la gente, en medio de la ciudad. En cambio, arrestan a algunos trabajadores portuarios.

Enriquecimiento a través de la corrupción

Pero da lo mismo cómo se intente dar vuelta el escenario: la violenta explosión del martes es el resultado de la gigantesca corrupción de numerosos gobiernos libaneses. Durante años, los políticos de todas las facciones del país han robado y, con ello, arruinado el país. Incluso los políticos que están enfrentados entre ellos se han aprovechado de este sistema corrupto para enriquecerse. Cuando se trata de su propio bienestar, todos se ponen de acuerdo.

Esta catástrofe es el ejemplo más reciente y terrible de que un gobierno tras otro se ha encargado de no cumplir sus tareas más elementales: preocuparse del bienestar de sus ciudadanos. Desde hace años se corta la electricidad varias horas al día. ¿Por qué? Porque la llamada "mafia de los generadores” -ricos empresarios que vienen ellos mismos de la política o están estrechamente asociados con ella- se beneficia si la población tiene que comprar electricidad adicional.

Ganancias antes que  seguridad

O las montañas de basura: desde hace años crecen enormes vertederos de basura cerca del aeropuerto, el plástico está en casi todas partes en las playas, los desechos químicos no se eliminan de la manera adecuada y todo eso es también un peligro para la población. A eso se suma que desde hace decenas de años se hacen negocios con la importación ilegal de basura.

Cuando se produjeron los peores incendios forestales en décadas, en octubre de 2019, el gobierno no tenía a su disposición ningún avión para combatir las llamas. Se habían olvidado de ponerles combustible. ¿Qué más se puede decir?

Nadie teme las consecuencias

¿Crisis económica, colapso de la moneda? Cosas que pasan. Al final del día, a la elite gobernante no le importa la seguridad del país, sino su propio beneficio a costa de la ciudadanía. Y nunca ninguno de ellos ha tenido miedo de las consecuencias de todo esto.

Además de una guerra civil, muchos libaneses han vivido décadas de ocupación siria, dos guerras con Israel, varias crisis económicas, enormes niveles de desempleo y atentados políticos. Desde el pasado mes de octubre, masivas manifestaciones han pedido la renuncia de la clase política, por corrupta. "Todos, absolutamente todos” deberían renunciar, ha sido el coro durante meses. En buena medida, siguen gobernando los señores de la guerra, los que lideraron la guerra civil y acordaron la paz, y desde entonces se han enriquecido a costa de agitar los conflictos entre los distintos grupos confesionales que componen el país.

Imagen: Privat

La investigación debe ser internacional

El trauma libanés es profundo. "Si no murieron nuestros cuerpos, sí murieron nuestros corazones”, escriben muchos en las redes sociales. ¿Cuántas veces puede un pueblo reconstruir su país de nuevo?

Mientras no se aborde la raíz del problema, mientras los mismos señores de la guerra estén en el gobierno, siempre existirá el peligro de que Líbano vuelva a vivir una tragedia.

Sobre la catástrofe del martes no se sabe todo. Pero hay algo que está claro: los que permitieron el almacenamiento de sustancias altamente explosivas en el puerto durante seis años no pueden ser los mismos que ahora investiguen las causas de la explosión. Debe llevarse adelante una investigación internacional que descubra toda la cadena de responsabilidades. Ahora es el momento de que se acabe la impunidad en el Líbano. Este es el momento de la justicia.

(dzc/ers)

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