El papel de Europa en la crisis entre EE. UU. y Venezuela
12 de noviembre de 2025
Según fuentes británicas citadas por CNN, Londres decidió hace más de un mes dejar de compartir información de inteligencia que pudiera ser utilizada por Estados Unidos para atacar embarcaciones en el Caribe, pues Reino Unido no desea ser cómplice de estas acciones, que considera ilegales. Casi en paralelo, Colombia adoptó la misma decisión, que seguirá en pie hasta que Washington ponga fin a su ofensiva contra supuestas narcolanchas.
Francia, por su parte, condenó el martes 11 de noviembre las operaciones militares en esa región porque "ignoran las leyes internacionales", de acuerdo con declaraciones del titular galo de Exteriores, Jean-Noël Barrot, en una reunión del G7.
Unos días antes, en el marco de la cumbre CELAC-UE en Santa Marta (Colombia), el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, pidió reforzar la unidad entre América Latina y la Unión Europea en defensa del derecho internacional, en lo que fue interpretado como una velada referencia a los ataques ordenados por Donald Trump.
Que tres potencias del Viejo Continente hayan alzado la voz no es baladí. "Creo que finalmente los países europeos han comenzado a reaccionar, y lo que podemos estar viendo es una marcada distancia de estas acciones que demuestran que, también a nivel político, no solo a nivel de la comunidad de derechos humanos, hay un rechazo de las mismas", señala a DW Carolina Jiménez, presidenta de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA).
La importancia de la crítica europea
Las críticas de Reino Unido y Francia son especialmente llamativas, y para Brian Finucane, asesor principal del Programa de Estados Unidos de International Crisis Group, son relevantes. "Más allá de si estas medidas adoptadas por el Reino Unido y Francia tienen algún impacto operativo en las acciones militares estadounidenses en el Caribe, se trata de pasos muy significativos por parte de aliados", explica el experto. "Estados Unidos y el Reino Unido, en particular, son muy cercanos en materia militar y de inteligencia, y mantienen un diálogo jurídico sólido y franco", recuerda.
Para Finucane, "el hecho de que Reino Unido restrinja el intercambio de inteligencia porque considera ilegales los ataques marítimos estadounidenses debería ser una llamada de atención para la administración Trump". Jiménez comparte esa opinión. Para ella, "esas críticas muestran un rechazo y, por lo tanto, un intento de Europa por posicionarse frente a cualquier posible escalamiento que vaya más allá de lo que ha pasado hasta ahora".
La especialista de WOLA afirma que la señal es clara: un ataque contra territorio venezolano es algo que "estos países no estarían dispuestos a apoyar". Y continúa: "Ciertamente, Europa siempre tiene un rol importante que jugar, y su rechazo al rompimiento de las reglas básicas del derecho internacional debe ser claro y amplio. Sería muy importante que Europa se erija como la región que defienda a las organizaciones multilaterales que en este momento Estados Unidos está pasando por alto".
Finucane indica, además, otro elemento importante: otros países europeos podrían seguir el ejemplo y "restringir la cooperación militar o en materia de inteligencia si consideran que las operaciones estadounidenses son ilegales".
La clara señal del portaaviones
El papel de Europa puede ser aún más relevante dado que Estados Unidos parece dispuesto a ir mucho más allá. El despliegue del USS Gerald Ford en aguas del Caribe supone una genuina amenaza para casi cualquier país del planeta. La moderna embarcación tiene a bordo más aviones de guerra que casi todos los países de América Latina. De hecho, tiene casi la misma cantidad de aeronaves que Venezuela.
"La llegada de un portaaviones que tiene una tecnología tan avanzada y que es ciertamente un gran activo militar para Estados Unidos no es un mensaje cualquiera: muestra la clara disposición de esta administración de escalar la amenaza. La gran pregunta es por qué está allá. No se justifica para la lucha contra el narcotráfico", dice Jiménez, quien sostiene que, si el Gobierno de Trump realmente quisiera luchar contra las drogas, decomisaría la carga, atacaría la demanda y se preocuparía más del fentanilo que de la cocaína.
Por tanto, está claro que el objetivo sería otro: "Buscar una salida a lo que sin duda es la ilegitimidad de la continuación del gobierno de Maduro", opina la experta de WOLA. Finucane piensa lo mismo: "Como mínimo, el despliegue de este grupo de ataque de portaaviones es una importante demostración de fuerza en la campaña de presión de Estados Unidos contra Maduro, una campaña cuyo objetivo es el cambio de régimen".
Y en este contexto, Europa vuelve a cobrar importancia, dice Jiménez, porque si Estados Unidos "llega a realizar incursiones dentro de Venezuela, estas podrían tener una terrible afectación para la población", y en ese escenario, sería deseable que el Viejo Continente "sea una región que apoye a la sociedad civil, que va a necesitar mucho apoyo".
(cp)