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El petróleo de Guyana: ¿Creará conflictos o mayor inclusión?

22 de febrero de 2020

La historiadora Melissa Ifill afirma que el auge del petróleo en Guyana es un desafío para la democracia y que el país no está preparado para esto. El FMI estima que el PIB crecerá un 86 por ciento en 2020.

Guyana
Imagen: DW/S. Weiss

DW: ¿qué esperan los guyaneses del petróleo? ¿Está el país a punto de dar un cambio de rumbo?

Melissa Ifill: Nunca hemos experimentado este momento de estar tan repentinamente en el centro del interés mundial. No estamos familiarizados con el petróleo, por lo que estamos entrando en un campo inexplorado. Cuando hablas con la gente, muchos esperan un mejor estado de bienestar. Al mismo tiempo, somos escépticos. Ya tenemos experiencia con recursos como el oro y los diamantes. No han beneficiado a la población en general, sino que a los que ya tenían dinero y conocimientos. Personalmente, espero ver inversiones en salud y educación, pero no espero que la vida de la mayoría mejore drásticamente.

¿De dónde provienen esas dudas?

Nosotros desconfiamos de los políticos. Tenemos pocas posibilidades de hacerlos asumir responsabilidades. La corrupción es un problema. Estamos en el puesto 85 de 180 países en el índice de Transparencia Internacional. Guyana es un país pequeño, la gente se conoce y tiende a excusar a los miembros de su propio partido y grupo étnico si estos son corruptos.

Esto puede mejorarse con controles más fuertes y mejores instituciones. ¿No es eso lo que todos los políticos están prometiendo ahora mismo?

La oposición es siempre crítica y promete mejorar todo durante la campaña electoral, pero una cosa son las palabras y otra cosa diferente son los hechos. No debemos olvidar que tenemos un sistema de partidos cimentado étnicamente: una parte representa los intereses de los indo-guyanos (PPP), y la otra los intereses de los afro-guyanos (APNU). Esta división caracteriza a toda la sociedad. Una vez en el poder, se espera que los que gobiernan le den ventajas a su gente. Y ningún político está libre de esto, porque de lo contrario socavaría su propia base de poder.

¿Cómo debe imaginarse esto en la práctica?

A nosotros nos pesa el legado de la colonización europea. Primero, los europeos trajeron esclavos africanos y luego, después del fin de la esclavitud, trabajadores de la India para laborar en las plantaciones. La pequeña clase alta europea se aseguró el poder separando a los grupos étnicos y sembrando desconfianza entre ellos. Y eso todavía existe. Nuestra sociedad está organizada según líneas étnicas. Las asociaciones de negocios, el colegio de abogados, en todas partes hay indo y afro-guyaneses, es decir, "nosotros" y "esa gente de allá". Y los otros son desconfiados. En los anuncios de trabajo se suele exigir una cierta etnia. Hay muy pocas instancias neutrales. Las excepciones son quizás la universidad y los sindicatos. Sin embargo, tan pronto como comienza la campaña electoral, las divisiones empiezan de nuevo.

Melissa Ifill, académica de la Universidad de Guyana.Imagen: DW/S. Weiss

¿La ideología política no juega ningún papel?

A nivel de programa, ambos partidos son muy similares. Hay un consenso neoliberal. Después de que el Gobierno socialista del PPP nos llevó a un sobreendeudamiento en los años sesenta, los gobiernos posteriores, bajo la presión de Estados Unidos, cambiaron a un curso neoliberal y se han mantenido fieles a él. El Banco Mundial y el FMI siguen siendo los principales donantes.

Pero el petróleo proporciona independencia financiera. ¿No abre eso las puertas a nuevos partidos políticos?

Si se miran los datos demográficos, sí. El número de los que se identifican con un grupo étnico está disminuyendo, y en Georgetown esto se ve más claramente. Ahora, el 19 por ciento de la población se considera mixta, aunque esto aún no se refleja políticamente. Ha habido unos pocos partidos no étnicos, pero siguen siendo marginales. En el momento de las elecciones, incluso las personas mezcladas se afilian con uno de los dos grandes partidos, dependiendo de su entorno social.

¿Qué papel juegan los indígenas?

Ellos representan menos del 10 por ciento de la población y en su mayor parte están subordinados a este sistema. Tienen otros derechos, por ejemplo, los títulos de propiedad de sus tierras y el acceso al apoyo económico para sus proyectos. Esto es avanzado en comparación con los países vecinos, pero sigue prevaleciendo cierto paternalismo. El Estado quiere decirles cómo vivir y organizarse.

¿Es posible que haya un conflicto o una eventual guerra civil por la riqueza del petróleo?

Veo poco probable una guerra civil, aunque los estallidos de violencia son posibles. En nuestra historia hubo conflictos de este tipo. Las últimas dos campañas fueron muy pacíficas. Sería una lástima que el petróleo llevara a más violencia de nuevo, pero no se puede descartar. Cuando un grupo se siente excluido del progreso, es combustible para la violencia. Así que espero que los políticos reconozcan los desafíos y peligros del auge petrolero y que adopten una política más inclusiva. Aunque eso también es un arma de doble filo, porque si los dos partidos comparten demasiado el poder, entonces ya no tenemos una oposición que ejerza una función de control. (ju/dz)

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