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El vals de Andie MacDowell

Gabriel González20 de febrero de 2004

4700 personas acudieron en Viena al Baile de la Ópera, uno de los eventos sociales más conocidos del mundo y estrechamente ligado al carácter peculiar de los austríacos.

Opernball Eröffnung
Un, dos, tres...Imagen: AP

Políticos, empresarios y estrellas de todo el mundo parecen sentir una extraña atracción por este evento anual con reminiscencias históricas que recuerdan la ya muy lejana época imperial de Austria. Tanto el presidente de Polonia, Aleksander Kwasnievski, y su esposa, invitados del jefe de Estado austríaco, Thomas Klestil, como la ministra española de Exteriores, Ana Palacio, participaron en una fiesta que popularizaron las películas de Sissi y el emperador Francisco José.

Sicoanálisis histórico

Para comprender el fenómeno del Baile de la Ópera en Viena, hay que remontarse a la historia. Durante siglos, Austria dominó media Europa, y con la dinastía de los Habsburgos hasta medio mundo. El lema de los Habsburgos, “Bella gerant alii, tu felix Austria, nube” resume bien lo que se esperaba de los matrimonios: “que otros hagan la guerra, tu feliz Austria, cásate”.

Sigmund FreudImagen: AP

Los trastornos mentales que causaron tantos casamientos en la familia de los Habsburgos llevaron a un austríaco (Sigmund Freud) a inventar el psicoanálisis. Pero eso ya no ayudó mucho. En 1918, se desmoronó el imperio, y Viena se convirtió en la capital de un país pequeño, no mucho más grande que Baviera. La frustración fue enorme y causó la conocida inclinación de los austríacos por la nostalgia, la decadencia y una cierta obsesión con la muerte. No en vano fue otro austríaco (Leopold Sacher-Masoch) quien inventó el masoquismo.

Una vez al año

Pero desde fines de la Segunda Guerra Mundial existen signos de esperanza. A los alemanes les suele doler que los austríacos consiguieran hacer creer a medio mundo que Hitler fue un alemán y Beethoven un austríaco. Y desde que Arnold Schwarzenegger se convirtió en gobernador de California, los austríacos simplemente se alegran de que su país ya no corra peligro de ser confundido por los estadounidenses con Australia.

Imagen: AP

Además, una vez al año, todo se olvida cuando la aristocracia del dinero se reúne en Viena a bailar el vals y recordar los viejos tiempos. Como siempre, el lleno fue absoluto y eso que los palcos, reservados prácticamente a perpetuidad, se alquilaron por la friolera de 18.000 euros (unos 23.000 dólares) y las entradas individuales, sin derecho a silla, se vendieron por 300 euros (unos 380 dólares).

Famosos y plebeyos

Como exige la etiqueta, los caballeros acudieron a la cita de riguroso frac y las damas de largo. Entre las 60.000 flores que adornaban el interior del edificio se movieron los más ilustres personajes, entre ellos el “Kaiser” Franz Beckenbauer, como representante de la ‘nobleza’ deportiva, y la actriz estadounidense Andie MacDowell, decorada con brillantes con un valor de 1,3 millones de euros.

Imagen: AP

El lujo desenfrenado provocó, como todos los años, una manifestación de protesta ante las puertas de la ópera. “Abajo con el Baile de la Ópera, abajo con el capital”, gritaron unos 450 manifestantes. Pero el capital no se fue abajo sino 12 detenidos a la cárcel. Los rituales del Baile de la Ópera no suelen cambiar, ni siquiera el de las manifestaciones en contra.

Andie MacDowell no debe haber notado mucho de la rebelión plebeya en su palacio de lujo. “Es maravilloso”, susurro la bella. “En Viena me han tratado como una reina”, dijo después a los periodistas. Con lo que queda demostrado: Que otros hagan la guerra, tu feliz Austria, baila.

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