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Elecciones en Francia: reñida carrera por la presidencia

Barbara Wesel
7 de abril de 2022

Hasta hace unas semanas, la reelección de Emmanuel Macron en Francia parecía casi un trámite. Sin embargo, la populista de derechas Marine Le Pen sube peligrosamente. Macron tendrá que esforzarse más.

Emmanuel Macron en campaña en Fouras, Francia, el pasado 31 de marzoImagen: Stephane Mahe/REUTERS

Emmanuel Macron quiere hacer lo que ningún presidente ha conseguido desde Jaques Chirac hace unos 20 años: ser reelegido para un segundo mandato. Y tras el inicio de la guerra en Ucrania, el objetivo parecía estar muy cerca: los preocupados franceses se unieron en torno a su presidente y sus índices de popularidad subieron al 33%, dejando aparentemente muy atrás a la jauría de perseguidores.

En los últimos días, sin embargo, el panorama se ha invertido: los índices de Macronse han reducido a cerca del 28% y su rival populista de derechas Marine Le Pen le pisa los talones con cerca del 23%.

¿Qué ha pasado? El aumento de los precios en Francia, donde la inflación se sitúa actualmente por debajo de la media europea (4,5%), pero el costo de la energía se dispara, inquieta a los franceses. Están dirigiendo su atención a sus principales problemas sociales: temen por su nivel de vida, sus tradiciones, sus prestaciones sociales y temen las consecuencias de la modernización del país. Como en toda Europa, son las preocupaciones cotidianas las que acaban decidiendo las elecciones.

Impuestos, chalecos amarillos y reforma archivada

Sin embargo, Emmanuel Macron no ha logrado desprenderse de la etiqueta de que es un presidente de los ricos, porque al principio de su mandato lo primero que hizo fue bajar el impuesto a las empresas.

Entre otras cosas, esto alimentó las manifestaciones de los "chalecos amarillos”, que se encendieron en el invierno de 2018/19 por una subida del precio del gasóleo. El presidente tuvo que archivar entonces uno de sus principales proyectos: la reforma del oneroso y anticuado sistema de pensiones. Su afán de modernización sufrió su primer revés.

Apenas se calmó el malestar social, la pandemia paralizó a Francia y al resto de Europa. Tras los problemas iniciales, Macron consiguió que la campaña de vacunación fuera exitosa y, con el pago de miles de millones en compensaciones, evitó que los empleados y las empresas sufrieran más dificultades sociales.

Finalmente, ahora en la campaña electoral, un nuevo problema lo persigue, el llamado caso McKinsey. En los últimos cinco años, su gobierno ha gastado más de mil millones de euros en costosas consultorías que han elaborado informes sobre diversos proyectos de reforma. El dinero de los contribuyentes se ha malgastado sin sentido, es la última acusación. Además, las propias empresas no habrían pagado suficientes impuestos por su trabajo en Francia. Un hálito de mala gestión es leña para la hoguera de los adversarios de Macron.

Le Pen visita a Putin en 2017, quien le prestó dinero para su campaña de entonces.Imagen: Mikhail Klimentyev/AP/picture alliance

La camaleónica Marine le Pen

La segunda en esta carrera, como en las últimas elecciones, es Marine Le Pen con su partido Rassemblement National, el rebautizado Frente Nacional, sucesor del de su padre Jean-Marie Le Pen. Ha trabajado constantemente para suavizar su imagen en los medios de comunicación, para olvidar el pasado de derecha radical de su partido y para desintoxicar el legado de su padre. Ahora, dice no querer dabandonar el euro ni salirse de la UE, y su antigua cercanía con Putin, que incluso le prestó dinero para su campaña electoral de 2017, parece no afectarla.

Aparte de eso, Marine Le Pen hizo lo que su oponente no hizo: campaña electoral. Mientras Macron hablaba por teléfono con el presidente Putin, ella recorría incansablemente las provincias. Solo el 51% de los franceses la consideran ahora una amenaza, lo que demuestra el éxito de su estrategia de desintoxicación. Lo cierto es que en una entrevista televisiva de 2017 dijo que "las grandes líneas políticas que defiendo son las de los presidentes Trump y Putin".

Al final, el ultraderechista Eric Zemmour, antimigrantes y condenado en varias ocasiones por incitación al odio ha resultado favoreciendo a Le Pen, que ahora se puede presenter como "moderada”. Ahora, mientras Zemmour promete "inmigración cero”, Le Pen recibe a refugiados ucranianos.

El diario Le Monde le recordó a los franceses la semana pasada que, tras la fachada moderada de Le Pen, sigue habiendo un partido populista de derechas que planea "reestructurar” el Estado francés y sus instituciones democráticas.

(jov/ers)