El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, está movilizando a sus seguidores advirtiéndoles de la amenaza de guerra y la influencia indeseada de Bruselas. Mientras tanto, el líder de la oposición, Peter Magyar, del partido TISZA, atrae a miles de votantes que anhela un cambio político. Los jóvenes activistas tratan de movilizar a los votantes indecisos a su favor, pero los representantes de Fidesz, el partido de gobierno, exhortan a la población a no cambiar el rumbo político actual del país. La situación económica, las acusaciones de corrupción y la congelación de los fondos de la UE están avivando el deseo de reformas en muchos ciudadanos. Al mismo tiempo, los votantes temen que un cambio de gobierno pueda traer consigo incertidumbre, especialmente en las zonas rurales. Pocas veces el ambiente ha estado tan polarizado como durante esta campaña electoral. El 12 de abril, Hungría decidirá si continúa con el rumbo actual o se atreve a dar un giro histórico en su camino al futuro.
