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En la encrucijada

Rolf Wenkel7 de noviembre de 2002

Por primera vez desde que se introdujera el euro como moneda de pago en la UE, se ha abierto un proceso por exceso de déficit público contra Portugal. Todo indica que Alemania correra la misma suerte.

EU-Mittelmeerkonferenz in Valencia
Un pacto incómodo para muchas naciones europeas, pero uno que hay que cumplir.Imagen: AP

También el déficit público alemán superará el 3% permitido por el Pacto de Estabilidad. Aun cuando el gobierno alemán no lo quisiera reconocer así antes del pasado 22 de septiembre, día de las elecciones generales, ya desde hace tiempo que el Ministro de Finanzas alemán, Hans Eichel, sabía que el déficit alemán superaba y por mucho el nivel de endeudamiento permitido por el Pacto. A penas pasadas las elecciones, el gobierno alemán ha decidido implementar una serie de medidas estrictas para que en Bruselas no existan dudas de que esta violación de las reglas no se repetirá.

Un círculo vicioso

Sin embargo el esfuerzo amenaza en convertirse en una vana promesa. Es cierto que Hans Eichel ha prometido reducir el monto del déficit público para el año entrante y mantenerse por debajo del 3% del Producto Interno Bruto. Ha prometido también presentar un presupuesto nacional equilibrado para el 2006. Sin embargo las posibilidades reales para cumplir sus promesas son diminutas. El gobierno alemán ha anunciado una serie de incrementos de impuestos y recortes de prestaciones, sin pensar que cuanto más aprieta el cinturón a los empresarios y trabajadores, menos aire les queda y tanto más se aleja la posibilidad real de que se registre una mejora de la economía. Y mientras más se tarde en llegar la recuperación, tanto más tendrá que esperar a que a sus arcas lleguen los ingresos producto de una mejora coyuntural. Una encrucijada, una espiral descendente.

Criterios poco inteligentes

Sería lógico pensar que si la economía se encuentra estancada, el estado debería mejorar las condiciones marco, es decir, reducir los impuestos y las contribuciones, impulsar las inversiones, activar el motor de la economía mediante inversiones de infraestructura. Sin embargo los criterios dictados por el Tratado de Maastricht parecen ir en contra de esta lógica. El Pacto obliga a los gobiernos europeos a mantener puesto, también en épocas de debilidad económica, un corsé de ahorro estrecho. No es pura coincidencia que en los últimos meses se haya hablado sobre la relajación de los criterios de estabilidad. Incluso el presidente de la Comisión, Romano Prodi, ha calificado los criterios de "tontos", aún cuando ya no quiera acordarse de la entrevista en que así lo hizo.

Oportunidades desperdiciadas

Pero en toda esta discusión parece olvidarse un hecho y es que todas las naciones europeas son víctimas de la debilidad económica imperante, y sin embargo, no todas estas naciones violan los criterios de Maastricht. Países como Finlandia o Irlanda, que cumplieron con sus tareas político financieras a tiempo no enfrentan problemas presupuestales. En consecuencia esto significa que el gobierno de Berlín se encuentra en aprietos por errores propios. El gobierno debería haber seguido un estricto curso de consolidación presupuestaria en los años de bonanza, es decir, en 1999, 2000 y 2001, cuando las bolsas registraron un auge, cuando el mundo vivía la fiebre de la nueva economía.

Errores muy caros

Estos errores se pagan ahora. No son sin embargo argumento de peso para que se deje de cumplir los criterios de Maastricht. Alemania el antiguo ejemplo de estabilidad, se encuentra ahora en el banquillo de los castigados. Aún así los criterios de estabilidad siguen vigentes. Esto ha sido remunerado por los mercados de divisas que han entendido que Europa toma en serio su política de estabilidad. Por estos días el euro, la moneda única , ha vuelto ha alcanzar la paridad con el dólar.

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