El presidente de Argentina, Javier Milei, se encuentra entre la espada y la pared. En este caso, la espada es Estados Unidos y la pared es China. Durante la campaña electoral, el libertario dejó más que claro que nunca haría negocios con China. Sin embargo, la realidad económica de su país le ha obligado a tragarse sus palabras y a profundizar sus relaciones con el gigante asiático. Algo que no ha gustado nada a Estados Unidos ni a su nuevo presidente Donald Trump, quien ya ha advertido de serias consecuencias para Argentina si estrecha lazos con Pekín. Pero las represalias chinas pueden ser incluso más dolorosas para la economía argentina, sobre todo si Pekín decide no renovar el tan necesitado Swap de divisas.