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Enrico Chapela, el mexicano que conquista Alemania

Felipe Espinosa (DZC)18 de septiembre de 2016

En el marco del “Beethovenfest”, DW habló con el compositor mexicano Enrico Chapela, quien estrenó su obra "Zimmergramm", comisionada por DW en el año dual México-Alemania.

Imagen: Barbara Frommann

En un concierto lleno de música e intérpretes mexicanos, el compositor Enrico Chapela estrenó su más reciente obra, "Zimmergramm", basada en un evento histórico de la Revolución mexicana. La directora Alondra de la Parra estuvo a cargo de la Orquesta Juvenil Nacional, y los solistas Pablo Garibay, en la guitarra, y Juanra Urrusti, canto barítono, aportaron la cuota de talento mexicano en el estreno de este jueves (15.09.2016) en el festival de música “Beethovenfest”, en la ciudad de Bonn, Alemania.

DW: Señor Chapela, a la luz del tema central de esta edición del Beethovenfest, la revolución, ¿de dónde surge "Zimmergramm"?

Tras ser comisionado por DW para escribir la pieza, me puse a investigar y encontré un vínculo entre la Revolución mexicana y la Alemania de la Primera Guerra Mundial. Hallé el telegrama “Zimmermann”, nombrado así por el ministro alemán de Exteriores de 1917, Arthur Zimmermann. El diplomático mandó dicho telegrama al presidente mexicano de la época, Venustiano Carranza, para proponer una alianza de guerra contra Estados Unidos, prometiéndole a México recuperar sus antiguos territorios de Arizona, Texas, y Nuevo México. El telegrama fue interceptado por los británicos y, posteriormente, compartido con los estadounidenses, quienes solventaron ir a la guerra en Europa en lugar de distraerse con un conflicto en México, como pretendía originalmente Alemania.

Esto fue relevante para la Revolución mexicana, porque permitió que los estadounidenses, que hasta ese momento interferían en la Revolución, se enfocaran en la Primera Guerra Mundial. México pudo, así, terminar su Revolución, promulgar su Constitución y finalmente establecer un nuevo régimen.

¿Qué lo motivó a querer contar esta historia? ¿Y cuál es, por así decir, la moraleja?

Cuando el presidente norteamericano Woodrow Wilson se enteró del telegrama, envío a su embajador en México, Henry Fletcher, a amenazar con una guerra al presidente Carranza. Y la moraleja es ésta: Carranza le dice no a Wilson, lo que es particularmente pertinente en la actualidad, porque seguimos teniendo a un “intimidador” al norte de México, personalizado en la figura de Donald Trump.

Ahora, con Peña Nieto, tenemos a un presidente completamente temeroso, incapaz de decir no y de ser digno, como sí lo fue Carranza hace cien años. En México existe una tradición de presidentes que han mantenido, dentro de lo posible, una cierta independencia de la política nacional frente a las constantes intimidaciones de los estadounidenses. Lamentablemente, tenemos a un presidente amilanado, incapaz de hacer lo mínimo: exigirle una disculpa a quien te insulta y ofende. Y, como si fuera poco, invitó a Trump al territorio nacional para permitirle que nos insulte en nuestra propia casa.

Es clara, entonces, la motivación política detrás de su obra, de su arte…

Yo percibo que las artes son, de alguna forma, la diplomacia que nos permite hablar de estos eventos –por ejemplo, ahora con DW–, algo que como ciudadano del común no hubiese sido posible. Así, mi música me ha permitido pronunciar mi insatisfacción, así como hablar, en este caso, de las revoluciones y sus virtudes.

Entrando en lo específico, ¿cómo fue adaptar la historia a la música?

Afiche promocional del Beethovenfest 2016.

La obra, con orquesta y coro, cuenta con cuatro solistas: tres cantantes y una guitarra. Los tres solistas cantantes son el presidente Carranza, barítono; el embajador estadounidense Fletcher, tenor; y el embajador alemán, Heinrich von Eckardt, bajo, quien fue el que recibió el telegrama “Zimmermann” y le hace la propuesta de alianza a Carranza. La guitarra, interpretada por el virtuoso guitarrista Pablo Garibay, le da un elemento mexicano a la pieza, sobretodo en los momentos que incluí son huasteco, la música de la costa de Veracruz, en la que el coro, a modo de coro griego y en función de trovadores, cuenta las historias de la Revolución. La obra es como un mini ópera, como un oratorio, donde la guitarra apoya, a su vez, a los solistas cantantes en los recitativos.

¿Qué otros elementos mexicanos se encuentran en su música?

La música mexicana es muy rica y tiene cosas muy importantes que yo he asimilado. Por ejemplo, el ritmo como centro vital. Mi música de entrada es rítmica. Esto es lo primero que les digo a los intérpretes cuando me piden que les explique de qué trata mi pieza. Les digo que hay que entender que es un discurso que empieza desde las raíces, y esas raíces, en mi música, son el ritmo. Yo puedo perdonar un nota desafinada, pero no que se salgan de tiempo. Eso me resulta más inaceptable. En ese sentido, mis influencias han sido muy rítmicas, y no solo de la música mexicana: de adolescente toqué metal, reggae, así como en una banda de jazz latino. Y claro, los compositores que me gustan dentro del repertorio, todos muy rítmicos: Beethoven, Stravinski, Bartok, Lutoslawski o Leo Brouwer. En otras palabras, en mi música, la raíz es el ritmo, el tronco las notas y las hojas el timbre.

Así como en "Zimmergramm", el uso de material extramusical es recurrente en su repertorio…

Siempre hay un tema extramusical en mi música. Esto se debe a que –bueno, seré muy honesto– ponerle “Cantata n.º 2” a una pieza me parece aburridísimo. Con cada obra me doy a la tarea de explorar diferentes intereses: tengo obras que tratan de fútbol, perfumería, química y astrofísica. Los temas extramusicales me permiten clavarme durante meses en un tema, como, por ejemplo, jugar a ser perfumero. Asimismo, me sirven como inspiración, me divierten. Me entretiene jugar a ser diferentes cosas.

Además, es un astucia para captar la atención del público: tú puedes estar en una sala de conciertos ante la mejor obra de la historia de la humanidad, pero si estás jugando a pokémones no la vas a disfrutar, no te vas a poder conectar con ella.


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