Europa y la testarudez iraní
4 de agosto de 2005
The Times, de Londres, apunta: "Están dados todos los signos para una tormenta diplomática: un nuevo embajador estadounidense ante las Naciones Unidas, que respalda una línea dura en la pugna nuclear con Irak, un nuevo presidente ultraconservador en Teherán y un grupo de europeos frustrados, que están casi al borde de cortar las infructuosas conversaciones con Irán (...). Gran Bretaña, Francia y Alemania trabajan febrilmente en la elaboración de un paquete de nuevos incentivos, dirigido a inducir a Irán a no reanudar parcialmente su programa atómico. Eso es como regatear en un bazar de alfombras y no engañará a nadie. Queda la interrogante de cuáles son los fines que persigue Irán. Estados Unidos tiene razón al sospechar que las intenciones de Teherán no son buenas. Aun así, Washington está dispuesto a seguir observando lo que ocurre, para darles una oportunidad a los europeos de llegar a un acuerdo. Europa piensa en una impresionante oferta de incentivos, pero no parece que con ello se pueda evitar la tormenta."
Escasas posibilidades de acuerdo
Le Figaro, de París, opina: En dos años de turbulentas negociaciones, Francia, Gran Bretaña y Alemania, respaldados por la Unión Europea y luego también por Estados Unidos, no han cesado de hacer concesiones a Irán en materia política, económica y comercial. Pensaron que por esa vía podrían inducir a Teherán a desistir definitivamente de sus planea atómicos. Sin embargo, pese a todas las concesiones, Irán ha mantenido con sorprendente tenacidad su propósito de reanudar el enriquecimiento de uranio que interrumpió hace 8 meses, como una 'medida de confianza' solicitada por los europeos. Escasas parecen ahora las posibilidades de llegar después de todo a un acuerdo en el tema nuclear."
Apuesta por la diplomacia
El Münchner Merkur, de Múnich, indica: "El mundo árabe mira con preocupación hacia Irán. Si el fundamentalismo experimenta allí un renacimiento, eso tendrá graves consecuencias en la región. Por ejemplo, en Arabia Saudita, donde los seguidores de la 'doctrina pura' sólo esperan el momento de derrocar a la corrupta casa real. Las repercusiones serían fatales para Europa y Estados Unidos, y Occidente prácticamente no podría hacer nada. En el mundo árabe de todos modos nadie cree lo que dice Washington, por buenas razones. Y el potencial disuasivo de Occidente tampoco es mucho. Una operación militar en tierra no tendría posibilidades de éxito -véase lo que pasa en Irak-. Tampoco correspondería a los intereses estadounidenses un golpe atómico, porque ello bajaría dramáticamente el umbral del apocalipsis nuclear, sin la menor garantía de éxito. Occidente haría bien en apostar por la habilidad diplomática, en lugar de llenarse la boca."