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Experimentos con animales: indignación hipócrita

19 de octubre de 2019

Monos en pánico, perros ensangrentados: las imágenes del laboratorio de animales LPT son terribles, y la indignación es grande. Aunque la animadversión es comprensible, dicha postura es sobre todo hipócrita.

Tierversuche
Imagen: picture alliance/blickwinkel/J. S. Peifer

De algo podemos estar seguros: nadie hubiese escrito este texto si en vez de perros, gatos y monos hubiesen sido ratas, ratones y peces los animales torturados en el Laboratorio de Farmacología y Toxicología (LPT) cerca de Hamburgo.

Pero las fotos tomadas en secreto de los beagle manchados de sangre y los monos en pánico en sus pequeñas jaulas resultaron lo suficientemente llamativas para que cualquier editor pusiese atención y no dejase escapar la oportunidad; hay que informar sobre el suceso. Así que miro el material, y no puedo evitar llorar primero.

Al mismo tiempo me enojo. No solo por el laboratorio LPT y los estándares mínimos de condiciones de vida para animales de experimentación, sino también por aquellos que, después de la debida indignación por tanta inhumanidad, aprueban las salchichas asadas de Núremberg con chucrut y tocino por 3,30 euros en los comedores colectivos.

¿Quién sufre aquí?

Aún cuando hubiese que diferenciar el sufrimiento de las vacas, los cerdos y las gallinas en los establos con el sufrimiento de los de los animales del LPT, una cosa queda clara: el grado de indignación de la crueldad animal depende, en primer lugar, de qué animales son torturados.

En 2017, se utilizaron al menos 1,5 millones de ratones y ratas para experimentos. Esto se puede ver en las últimas cifras del Ministerio Federal de Alimentación y Agricultura (BMEL, por sus siglas en alemán). Por lo tanto, los pequeños roedores constituyen la mayoría de los animales usados en experimentos. ¿Acaso esto le interesa a alguien?

Si bien el perro y el gato han sido promovidos a miembros de familia en el curso de nuestra historia, las vacas y los cerdos no han logrado superar su existencia como comida para los seres humanos. A su vez, las ratas y los ratones han encontrado su destino como animales de laboratorio. Distinguimos entre lindo, sabroso y útil. A esto se le llama especismo.

Johann Ach, jefe del Centro de Bioética de la Universidad de Münster, comparte mi impresión de que generalmente damos más compasión a ciertas especies animales que a otras. "Por supuesto, esto no está justificado de ninguna manera, porque en un caso, como en el otro, hay criaturas sensibles, que pueden sufrir y sentir dolor", expone Ach.

Los especialistas en ética animal piden una reforma fundamental de la ley de bienestar animal. Uno que realmente protege al animal.Imagen: picture-alliance/dpa/M. Murat

¡Homo sapiens primero!

Como filósofo y bioético, Ach aborda una pregunta muy fundamental: ¿tenemos el "derecho" a usar animales para nuestros propósitos? ¿Y hasta qué punto? Una pregunta de tal índole debería estar regulada en la Ley de Protección Animal. Por lo menos eso esperaría uno. De hecho, la ley alemana establece: nadie puede infligir dolor, sufrimiento o daño a ningún animal por ningún motivo. La única pregunta es, ¿cuál sería entonces un "motivo razonable"?

Nadie lo sabe exactamente. "Este es un concepto legal indeterminado que necesita y debe ser interpretado", dice Ach. Es decir, juristas deciden, dependiendo de cada caso individual, cuál es un motivo razonable y, por lo tanto, justificando en cada proceso si se admite la violencia en contra de animales. "La interpretación actual del 'motivo racional' se reduce al hecho de que casi todos los intereses económicos son suficientes como justificación", apunta Ach.

La formulación de nuestra Ley de Bienestar Animal revela otra forma de especismo: el hombre está fundamentalmente por encima del animal. El animal tiene que servir al hombre, ya sea como un regalo o como un objeto de prueba con fines científicos. Ahora estamos en medio del debate ético animal, señala Ach.

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¿Sufrimiento sin sentido?

Especialmente cuando se trata de los nobles objetivos de la ciencia, el estudio del funcionamiento complejo del cerebro y las funciones circulatorias o el desarrollo de medicamentos importantes, pocos dudan de la necesidad de experimentos con animales. Y si es muy importante, entonces también deben usarse perros y monos. ¡Se trata del bienestar del hombre!

Johann Ach es un representante de una posición ética animal igualitaria: los intereses de los seres vivos humanos y no humanos deben considerarse por igual. ¿Qué significa esto en la práctica? "Tendríamos que observar cada experimento con animales, y ver si este tiene un motivo especista: preguntarnos si haríamos el mismo experimento con un humano", señala.

"Los ratones sienten tanto dolor y ansiedad como los perros y los monos", dice el veterinario Gaby NeumannImagen: imago/Westend61

Para los animales, los experimentos siempre significan sufrimiento, dice la veterinaria Gaby Neumann, quien también es portavoz de la asociación "Médicos contra la experimentación con animales". Un perro no sufre más que un pequeño roedor, detalla. "Especialmente los ratones son animales que se estresan si simplemente se les retiene con la mano", añade.

Sin embargo, según el principio del "Homo sapiens primero", los experimentos con animales son una parte integral de la investigación científica. La iniciativa "Comprender los experimentos con animales" trata de explicar por qué los experimentos en ciertas áreas son indispensables.

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Los humanos no son ratones

Neumann se manifiesta en contra: "Muchos estudios demuestran que la transferibilidad de los resultados del animal a los humanos es muy mala", dice y pone como ejemplo los diversos medicamentos para el Alzheimer. Aunque estos fueron efectivos en experimentos con animales, los ensayos clínicos en personas con la enfermedad tuvieron que detenerse debido a la falta de eficacia. Uno de los remedios incluso aceleró el curso de la enfermedad.

La asociación "Médicos contra los experimentos con animales" ha reunido los argumentos científicos contra los experimentos con animales y presenta métodos de prueba alternativos, con los que ya se pueden obtener muchos conocimientos biomédicos importantes, dice Neumann. El problema, como tantas veces, es el dinero. La investigación sobre experimentos con animales recibe mucha financiación, mientras que las nuevas alternativas libres de animales, muy poca.

Incluso para aquellos que consideran que el privilegio del hombre es un derecho otorgado por Dios y se preocupan poco o nada por el bienestar de los animales, no hay buenas razones para adherirse a los experimentos con animales, según Neumann. "Simplemente no somos un ratón de 70 kilogramos", asegura. (few/dzc)

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