Francia en la encrucijada
30 de marzo de 2004
El matutino londinense The Times opina: "Sin lugar a dudas, el gobierno debe explicar claramente lo que hace; por temor a azuzar los temores del electorado, Raffarin nunca dijo a la gente por qué Francia debe romper con el pasado y cómo se puede lograr esto. Tal proceder priva a su gobierno de un perfil estratégico. Sin embargo, a pesar de todo, el 45% de los electores respalda las reformas, según una encuesta realizada a pie de urna. Quizá la verdad no sea que Francia no sea reformable por naturaleza, sino que los cambios se temen más que nunca cuando deben ser llevados a cabo. (...) La derecha perdió dos años, y no puede darse el lujo de desperdiciar otros tres."
Castigo al despotismo
El diario austríaco Salzburger Nachrichten, de Salzburgo, atribuye la derrota electoral del gobierno a su política despótica. "Los políticos derechistas de París no sólo carecen de tacto y capacidad de diálogo, sino quizás incluso de la voluntad de imponer sus ideas. En una derecha aún ampliamente marcada por el Gaullismo y su ideología estatal, el liberalismo es casi un insulto. Los franceses no aceptaron que el gobierno de Raffarin quisiera aplicar su política de ahorros, alabada como 'reformista', a costa de los más débiles, con el despotismo de un Rey Sol. El veredicto del electorado no deja nada que desear en cuanto a claridad: el pueblo no quiere un gobierno absolutista. La derecha, que desde el 2002 pudo controlar todos los hilos del poder, se ve confrontada desde el domingo con una oposición. Por su parte, la izquierda, que celebró su victoria con humildad, sabe que en caso de un cambio de gobierno tendrá que contar con la misma desconfianza del electorado."
Nuevos acentos políticos
El Alemania, el Frankfurter Allgemeine Zeitung destaca la magnitud de la derrota gubernamental en Francia y apunta: "Ya en la noche de las elecciones se decía en el bando de los derrotados que no bastaría con una reestructuración del gabinete para reaccionar a las iras del electorado; que se necesita también una nueva acentuación de la política, que en el futuro habrá de conciliar la voluntad reformista con las necesidades sociales. Hablando claro, eso significa que reformas sustanciales que pudieran provocar críticas en la opinión pública serán atenuadas o bien pospuestas."
"Problemas con el pueblo"
El Tagesspiegel, de Berlín, hace notar que no sólo los alemanes se rebelan contra los recortes fiscales. "También los franceses castigaron a su gobierno conservador, porque insisten en que la reforma del Estado Social debe ser indolora. (...) La ciudadanía no quiere reformas dolorosas, por mucho que en teoría esté convencida de su necesidad. ¿Está condenado al desastre cualquier gobierno que le quite algo a la población? Las experiencias de Escandinavia y Holanda apuntan en esa dirección. Y el ministro francés de asuntos sociales, Francois Fillon, constató tras la debacle electoral lacónicamente: 'tenemos un problema con el pueblo'."