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La Dirección insular prevé reducir la población de estos animales y ordenó la matanza de 80 tiburones. Pero el plan desató una fuerte disputa. Por un lado están los activistas por la naturaleza, por el otro las empresas del turismo y muchos isleños. En todo el mundo se atribuyen los ataques a humanos a los tiburones sardá, que alcanzan un tamaño de hasta tres metros y medio. Pero en la Reunión está prohibido vender como alimento la carne de estos tiburones, lo cual es probablemente la causa del aumento de la población.
