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La Fundación Naumann y Honduras

24 de noviembre de 2009

Ex becarios de la fundación liberal alemana Friedrich Naumann rechazan el apoyo de ésta al gobierno de Micheletti y a las elecciones. Entrevista a Christian Lüth, director regional para Guatemala, Nicaragua y Honduras.

Honduras' interim President Roberto Micheletti delivers a speech to the nation at the presidential palace in Tegucigalpa, Thursday, Oct. 29, 2009. Micheletti said he was ready to sign an agreement to resolve Honduras' political crisis and according to a top regional diplomatic official, negotiators for Honduras' interim and ousted leaders have signed an agreement that allows for the possible return of deposed President Manuel Zelaya.. (AP Photo/Arnulfo Franco)
Roberto Micheletti se dirige a la nación, octubtre 29 de 2009Imagen: AP

Deutsche Welle: Las acusaciones que hacen 30 ex becarios y moderadores de la Fundación Friedrich Naumann son graves. ¿A qué se refieren, por ejemplo, con que “la fundación ha prestado ayuda a los golpistas”?

Christian Lüth: Trabajamos desde hace 25 años con el Partido Liberal en Honduras, lo que significa que tenemos un amplio círculo de ex becarios y moderadores. Esta crisis no sólo ha dividido al país sino también al Partido Liberal, aún cuando tanto Manuel Zelaya como Roberto Micheletti han pertenecido a ese partido y en su momento hemos trabajado con ambos. La división se extiende por supuesto a nuestro círculo de becarios, entre los cuales hay adeptos a Manuel Zelaya. Esto ha llevado que hayan expresado su opinión, también en un controvertido debate que ha tenido lugar en la propia fundación.

Los becarios y moderadores se sienten solidarios con Manuel Zelaya, por ser el presidente democráticamente elegido. La Fundación Naumann no está de su lado. ¿Por qué?

Estamos hablando de un pequeño grupo de unas 24 personas de un gran círculo de alrededor de mil. Con todo, ese pequeño círculo toma partido por Manuel Zelaya, en parte, porque ha colaborado con su Gobierno y temen por sus puestos; otros sí han firmado esa declaración porque son del parecer de que se trató de un golpe de Estado.

La Fundación Naumann ha tomado una posición muy clara en Honduras: no se trata de un golpe militar en el sentido de los años ochenta, sino que es una consecuencia de lo que prescribe la Constitución. Roberto Micheletti ha actuado de acuerdo con el artículo 293.

Lo que la Fundación Naumann no comparte es que Manuel Zelaya haya sido exiliado. Esto fue anticonstitucional. Por lo demás, Micheletti se encuentra legalmente en el poder y dirige el proceso electoral y la fundación lo apoya. Y cuando el nuevo presidente haya sido elegido va a abandonar el poder.

“A diferencia de la postura de Naciones Unidas, la OEA y la Unión Europea, la Fundación Friedrich Naumann se ha puesto de lado de Micheletti”, dice la declaración. ¿Qué dice usted al respecto?

La comunidad internacional y la Unión Europea han condenado, sobre todo, la deportación de Manuel Zelaya y de ello hacen depender su no reconoci mientodel gobierno de facto de Micheletti. Se puede entender, pues si el poder militar deporta a un presidente electo, hay algo que está mal y no se puede hablar de un acto democrático.

A pesar de ello, la Fundación Naumann es de la opinión que Zelaya en los meses y años anteriores a su deportación no sólo cometió diversos actos ilegales, sino que pretendía modificar la Constitución. Y como sabemos, eso está prohibido en Honduras. Y esto fue lo que sucedió y lo que la comunidad internacional en un principio no veía. Entretanto varios países –con Estados Unidos a la cabeza- han aceptado que el proceso en Honduras es más legítimo de lo que se suponía al principio. Estados Unidos opina que las elecciones pueden ser reconocidas y que Manuel Zelaya no tiene necesariamente que volver al poder para que tengan lugar.

Usted vive en Honduras. ¿Cómo describiría usted lo que los becarios han denominado “flagrantes violaciones de los derechos humanos”?

Me parece exagerado. Sí, ha habido violaciones de los derechos humanos. Puedo imaginarme que en todos estos meses algún que otro militar o policía ha abusado de su poder. Pero esos son actos delictivos que tienen que ser castigados tanto como los cometidos por los de los manifestantes que han agredido a la policía o han incendiado restaurantes. De represión no se puede hablar.

Hemos leído los informes de las organizaciones defensoras de derechos humanos que hablan de que hay periodistas desaparecidos y de que en las cárceles se ha torturado a manifestantes. Por el momento no podemos comprobarlo; al respecto prefiero ni negarlo ni confirmarlo. Sin embargo, de represalias estatales no se puede hablar; ésa es una retórica ideologizada de ciertos becarios que siguen la línea de Manuel Zelaya.

Hoy se publicó una declaración de Patricia Rodas, la ex ministra de Relaciones Exteriores bajo Zelaya. Ella asevera que aquí ha habido unos mil muertos. Son mentiras. Por supuesto que ha habido muertos, pero no está claro si fueron asesinatos políticos o si fueron producto de la criminalidad. No se puede confirmar, pero de miles de muertos no se puede hablar. Los adeptos de Zelaya siguen su línea –con una visión muy poco crítica- y de ahí surgen esas declaraciones.

Siga leyendo: el presidente Hugo Chávez y la Fundación Naumann

Tegucigalpa, octubre 29 de 2009Imagen: AP

“En su radical rechazo al presidente venezolano Hugo Chávez ya no pueden distinguir los diferentes procesos que tienen lugar en América Latina”, acusan los becarios en la declaración. ¿Cómo ve la Fundación Naumann la figura del presidente Chávez?

Vemos en Hugo Chávez una amenaza para la democracia de la región. Hugo Chávez no es un demócrata , es un dictador, que expropia en Venezuela bancos y cadenas hoteleras arbitrariamente. Chávez intenta –tanto como sus seguidores Daniel Ortega y Evo Morales- eternizarse en el poder. El suyo es un modelo de gobierno que la Fundación Naumann no apoya, pues no tiene nada que ver con la democracia y el Estado de derecho.

Las elecciones tendrán lugar a pesar de todo el 29 de noviembre. ¿Cómo se sienten los ánimos en el país?


Las elecciones tendrán lugar; hemos observado el proceso, y lo vemos todo normal. Los militares –según prevé la Constitución- han apoyado al Tribunal Supremo Electoral en el último mes. Cuando Manuel Zelaya fue elegido presidente sucedió exactamente lo mismo. Habrá observadores electorales y Estados Unidos reconocerá las elecciones siempre y cuando sean limpias. El ánimo en el país es positivo.

Sin embargo, sí hay un porcentaje de la población –ocho o diez por ciento- que quieren boicotear las elecciones y las tildan de ilegítimas porque Zelaya no participa en ellas. Es contradictorio, pues Zelaya de todas maneras no es candidato y su partido, el Liberal, ha realizado una campaña totalmente normal. Más allá, los comunistas, del Partido de Unificación Democrática (UD), también han llevado adelante una campaña normal. Así que el argumento de que hay sectores de la población que han sido excluidos de las elecciones no tiene fundamento democrático.

Estados Unidos reconocerá las elecciones en tanto sean limpias, ha dicho usted. ¿Van a ser limpias estas elecciones?

Es difícil decirlo. Los preparativos han sido limpios, todos los candidatos pudieron inscribirse, hubo una campaña normal. En esa medida, puedo decir que los comicios han sido preparados cuidadosamente. No se puede decir que haya grupos excluidos de las elecciones; los candidatos fueron seleccionados en las primarias del año pasado... Qué sucedera el 29 de noviembre, no se puede predecir. Si hubiese disturbios, si los militares tienen que intervenir para proteger las urnas, entonces habrá que analizar todo otra vez.

Autora: Mirra Banchón
Editor: Pablo Kummetz

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