Gasolina sin motor
27 de febrero de 2003
La educación, investigación y el ámbito de innovaciones son los pilares del bienestar económico y también del empleo. El Ministerio de Investigación encargó un estudio sobre la capacidad tecnológica alemana. Los resultados del estudio dejan mucho que desear. La conclusión a la que llegan los institutos económicos que lo hicieron, es poco alentadora. El fundamento alemán cuenta con bases sólidas, pero registra grietas evidentes, según este estudio. Este estado no es producto reciente; es el resultado de decisiones equivocadas tomadas en la década de los 80 y los 90, como reducir la inversión en el sector educativo y de investigación.
Pierde la delantera
Preocupante resulta, según el estudio de cerca de 200 páginas, el hecho de que Alemania haya perdido la delantera que tenía aún en la década de los ochenta frente a otras naciones. También el número de plazas para estudiantes ha caído en las áreas tecnológicas, donde se ha registrado un recorte de entre el 30 y el 40% desde 1990. El número de aspirantes a una carrera en el campo de las ciencias naturales o de ingeniería no corresponde a las necesidades reales. En Alemania sólo siete de cada 1.000 jóvenes realizan una carrera en estas áreas. En otros países el nivel se encuentra entre 100 y 150 por cada 1.000.
Innovar: factor de superación
Todo esto no augura nada bueno para la futura capacidad tecnológica del país. Para el corto plazo los especialistas pronostican una escasez de estudiantes, lo que se verá agravado aún más por el desarrollo demográfico. El fomento de la educación, de la ciencia, investigación y tecnología es una medida a largo plazo. Los especialistas afirman que, para superar la actual debilidad coyuntural que afecta Alemania, resulta imperativo intensificar las inversiones en estos sectores. Ahorrar resultaría desastroso. El gobierno alemán ha incrementado el presupuesto del Ministerio de Investigación en un 25 % desde 1998. Sin embargo, esto resulta poco tomando en cuenta las necesidades.
Malos presagios
Alemania, el segundo importador de tecnología a nivel mundial, debe mantener el ritmo imperante en los mercados internacionales. La velocidad es impuesta por el conglomerado de naciones, lo que significa para Alemania tener que incrementar sus esfuerzos en los próximos años, tanto en el ámbito público como en el privado.
Sin embargo el panorama no resulta alentador. Debido a la debilidad coyuntural muchas empresas prefieren o de plano no están en condiciones de invertir en nuevas tecnologías e innovaciones. Tan sólo la industria automovilística se aleja de esta tendencia. Pero esta industria puntera alemana no puede sacar adelante a todo el país.