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Groenlandia y la historia tras el "trozo de hielo" de Trump

30 de enero de 2026

La breve descripción que hace el presidente estadounidense de Groenlandia recuerda un patrón, según el cual, las autoridades coloniales, a veces, clasificaban las tierras sin el consentimiento de los indígenas.

Pueblo inuit iluminado de noche en Groenlandia.
Los inuit creen que la gente puede poseer casas, pero no tierras, una convicción que contradice el intento de Donald Trump de comprar Groenlandia.Imagen: Marko Djurica/REUTERS

Cuando el presidente estadounidense, Donald Trump, se refirió a Groenlandia como "un trozo de hielo", durante su reciente discurso en el Foro Económico Mundial de Davos, el comentario impactó, porque Groenlandia ha estado habitada durante casi cinco milenios y alberga a más de 56.000 personas, en su mayoría de ascendencia inuit.

Esto es además el reflejo de una práctica arraigada de las potencias coloniales al aplicar sus propias ideas sobre la propiedad de la tierra a lugares ya habitados, a menudo, ignorando los sistemas locales establecidos.

Un estudio de 2023, publicado en la revista Australian Historical Studies, muestra que en el siglo XVIII, los funcionarios británicos utilizaban el término "deshabitado" para referirse a una tierra sin un Gobierno soberano o "civilizado".

Esto influyó posteriormente en la forma en la que los Estados definían y justificaban el control sobre la tierra en diferentes regiones a lo largo de la historia. A continuación, cuatro ejemplos:

Alaska: acuerdos prevalecieron sobre intereses indígenas

En 1867, Estados Unidos compró Alaska al Imperio ruso por 7,2 millones de dólares. La prensa estadounidense se burló del acuerdo, negociado por el entonces secretario de Estado estadounidense, William H. Seward, calificándolo de "la locura de Seward" y llamando a Alaska "la nevera de Seward". Posteriormente, fue reconocido como una de las adquisiciones de tierras más estratégicas del país, un territorio rico en oro, petróleo, madera y pesca.

Sin embargo, el acuerdo entre Estados Unidos y Rusia se realizó sin consultar a los nativos de Alaska, pueblos indígenas cuyos ancestros habían vivido en la región durante al menos 10.000 años.

En Alaska, muchas comunidades nativas organizaban sus vidas en torno a las migraciones estacionales de animales marinos, la recolección de frutas, las rutas fluviales y los lugares con importancia cultural o ancestral. Estas áreas se gestionaban mediante normas y responsabilidades compartidas a lo largo de generaciones. Nada de esto se reflejó en la transferencia de 1867, ni tampoco se tuvo en cuenta los sistemas existentes de uso de la tierra de los indígenas.

Australia: el mito de la "terra nullius"

Durante más de un siglo, las autoridades británicas denominaron a Australia "terra nullius" o "tierra que no pertenece a nadie", a pesar de al menos 60.000 años de presencia aborigen y cuidado de la tierra.

Para los pueblos aborígenes, "país" abarca la tierra, el agua, el cielo, las plantas, los animales y las responsabilidades ancestrales. Sus prácticas, como el uso de pequeñas quemas planificadas para limpiar la vegetación seca, la adaptación a las estaciones y la protección de las fuentes de agua y alimentos, contribuyeron a mantener un medio ambiente saludable.

Dado que estas prácticas no se asemejaban a la agricultura europea ni a los asentamientos permanentes, los funcionarios británicos del siglo XVIII las tomaron como prueba de la inexistencia de un Gobierno reconocible y declararon al continente "terra nullius", basándose en las tradiciones jurídicas británicas, que vinculaban la soberanía con la autoridad centralizada.

Esta doctrina se mantuvo en el derecho australiano hasta 1992, cuando el Tribunal Superior de Australia la revocó en el caso Mabo contra Queensland, que reconoció la existencia de los derechos territoriales tradicionales de los indígenas australianos.

Norteamérica: movilidad vs. "mejora"

Cuando los colonos europeos llegaron en masa, en el siglo XVII, a lo que hoy es el este y centro de Estados Unidos, se encontraron con naciones indígenas, algunas de las cuales se desplazaban estacionalmente dentro de sus territorios ancestrales para recolectar frutas y cazar animales salvajes, reunirse para ceremonias y comerciar. Estos ciclos eran sistemas organizados para la gestión de la tierra y los recursos.

Pero los europeos justificaban sus acciones basándose, en parte, en los escritos del filósofo inglés John Locke, quien postulaba que la tierra se convertía en propiedad legítima cuando las personas la "mejoraban" mediante trabajo visible, como la labranza, la agricultura o la construcción, y que la tierra no utilizada de estas maneras, podía ser reclamada por otros que la trabajaran en consecuencia.

Este argumento moldeó las primeras ideas legales estadounidenses sobre quién tenía derecho a poseer o vender tierras. En el caso Johnson contra McIntosh (1823), la Corte Suprema de Estados Unidos dictaminó que los nativos americanos podían vivir en sus tierras, pero no se les permitía venderlas a nadie, excepto al Gobierno federal. Es decir, los nativos americanos eran tratados como ocupantes en lugar de propietarios plenos.

La lógica de este fallo resonó en políticas y disputas posteriores, incluidas las protestas de 2016 en Standing Rock, donde la tribu sioux se opuso al oleoducto Dakota Access, en Dakota del Norte, porque amenazaba su principal fuente de agua y varios lugares sagrados, y las agencias federales aprobaron el proyecto sin obtener su consentimiento.

Desde 1970, los United American Indians of New England, Estados Unidos, celebran el Día de Luto Nacional, que coincide con el Día de Acción de Gracias, para llamar la atención sobre las injusticias contra los indígenas en el mundo.Imagen: Sue Dorfman/ZUMAPRESS.com/picture alliance

África del Sur: "deambulación" vs. vacancia

En África del Sur, las comunidades khoikhoi y san organizaban sus vidas en torno a los ciclos estacionales de agua y pastoreo. Se guiaban por el derecho consuetudinario, un sistema oral y comunitario transmitido mediante la práctica, en lugar de normas escritas, que regulaba el acceso a abrevaderos, zonas de pastoreo y sitios ancestrales. Su movimiento rotatorio protegía ecosistemas frágiles, un sistema ahora reconocido por la UNESCO como ejemplo de conocimiento pastoral sostenible.

Sin embargo, para los colonos holandeses y posteriormente británicos, la tierra sin vallas parecía "sin uso", y la movilidad estacional se malinterpretaba como "deambulación". Esta interpretación permitió a los colonos apropiarse de tierras de pastoreo e imponer sistemas de propiedad privada, destruyendo sistemas de pertenencia arraigados, una pérdida que aún se siente hoy en día en los movimientos para recuperar bienes culturales y tierras ancestrales.

(rmr/rml)

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