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Guerra en Irán: los enfermos crónicos luchan por sobrevivir

Elina Farhadi
17 de marzo de 2026

Dos semanas tras los ataques de EE. UU. e Israel contra Irán, emerge una crisis humanitaria: el sistema sanitario está al borde del colapso y millones de pacientes crónicos corren riesgo.

Una enorme columna de humo tras la explosión en el depósito de petróleo de Aqdasiyeh, al este de Teherán.
La grave contaminación atmosférica supone una carga adicional para las personas con enfermedades crónicas.Imagen: Mek/The Media Express/SIPA/picture alliance

Detrás de las líneas del frente de cualquier guerra hay un grupo de personas afectadas cuyo sufrimiento suele pasarse por alto: personas cuya supervivencia depende de medicación regular, visitas al médico o terapias vitales. Para ellas, la guerra no solo significa explosiones y destrucción, sino también la interrupción brusca de su tratamiento.

Fatemeh S. es una de ellas. Tiene cáncer. "Necesito una operación urgentemente", dice en entrevista con DW. Su estado es crítico, pero no le pueden dar cita hasta abril, después de la fiesta de Año Nuevo, el Nowruz. Su especialista no está localizable en este momento.

Es difícil calcular el número de pacientes como Fatemeh que ahora se encuentran bajo una enorme presión psicológica. Pacientes con cáncer que necesitan su quimioterapia sin interrupciones; personas con esclerosis múltiple que dependen de medicamentos específicos; diabéticos que corren un riesgo grave sin insulina.

También se encuentran entre los grupos especialmente vulnerables las personas con talasemia, que dependen de transfusiones de sangre periódicas, o las personas con hemofilia, para quienes incluso las lesiones más leves pueden poner en peligro su vida.

Desde el inicio de la guerra, se multiplican los informes procedentes de Iránsobre clínicas privadas y centros médicos que están cerrando. Algunos médicos han abandonado las ciudades afectadas por los continuos ataques.

Las graves consecuencias de la interrupción de las comunicaciones

Los hospitales están faltos de personal, se están posponiendo las operaciones programadas y se están interrumpiendo servicios vitales como las vacunas o el tratamiento de enfermedades crónicas, según confirman dos médicos y activistas de derechos humanos, el Dr. Hassan Naib Hashem y el Dr. Hamid Hematpour, en entrevista con DW.

Ambos médicos, de origen iraní, viven en Austria, pero mantienen contacto con una amplia red de personal médico en el país. Advierten de una escalada de la crisis que podría provocar el colapso del sistema sanitario.

"Algunos especialistas en Teherán tienen que atender ahora mismo a entre 200 y 300 pacientes, lo que supone un múltiplo de la capacidad que se puede asumir normalmente", dice el radiólogo Hamid Hematpour.

Cuenta que los cortes de electricidad tras los ataques paralizan los hospitales, pero también que los cortes de comunicación complican aún más el trabajo de los médicos: "Cuando las conexiones a Internet y telefónicas son inestables, la coordinación médica se vuelve casi imposible".

Desde que estalló la guerra, las autoridades iraníes han vuelto a cortar Internet. Muchos médicos que, por motivos de seguridad, se han trasladado temporalmente al norte del país, por ejemplo a Gilan o Masandaran, junto al mar Caspio, ni siquiera tienen acceso seguro a información sobre sus colegas. La consulta telemédica se ha paralizado casi por completo.

En estas circunstancias, muchos enfermos crónicos ya no tienen acceso a sus médicos ni a los medicamentos que necesitan urgentemente.

Miedo a nuevos cuellos de botella

Hematpour advierte además de que el rápido aumento del número de heridos de guerra podría desbordar rápidamente el sistema sanitario. En algunas regiones, entre ellas las provincias occidentales de Ilam y Kermanshah, ya se han producido cuellos de botella incluso con medicamentos básicos y antibióticos.

"En la guerra, lo primero que se ve sacudido es el fundamento de todos los derechos: el derecho a la vida. Cuando este derecho fundamental se ve amenazado, es casi inevitable que se produzcan otras violaciones, como el derecho a la salud y a la atención médica", afirma Hassan Nayeb-Hashem, médico y activista de derechos humanos afincado en Viena.

Señala que las consecuencias humanitarias van mucho más allá del número de muertos: "La experiencia de conflictos anteriores muestra que el número de heridos suele ser entre tres y seis veces mayor que el de muertos, muchos de ellos con discapacidades de por vida".

Según la Organización Mundial de la Salud, desde el inicio de la guerra han muerto al menos 1.255 personas en Irán y más de 15.000 han resultado heridas. Al mismo tiempo, desde el inicio de los ataques se ha informado de la muerte de 13 profesionales sanitarios, y varios centros de salud han sufrido daños o han sido destruidos.

(gg/rml)

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