Aunque Rusia, Estados Unidos e Israel se consideran muy superiores a sus rivales, enemigos mucho más débiles sobre el papel han logrado poner en jaque a sus ejércitos.
Es el caso de Ucrania, cuya superioridad en el combate con drones no solo ha frenado el avance ruso a lo largo del frente, sino que, con sus constantes ataques contra refinerías en territorio ruso, ha devuelto la guerra a la tierra del atacante.
Estados Unidos, por su parte, destruyó en diez días gran parte de la marina iraní tras iniciar su guerra contra Irán. Pero Teherán no necesitó una flota convencional: le bastaron los drones y la amenaza de minas para bloquear el tráfico marítimo en Ormuz, poner en jaque al Ejército estadounidense y llevar a Donald Trump a buscar un acuerdo.
Israel, que toma territorio en Gaza y el Líbano casi sin oposición, afronta ahora una amenaza inesperada: drones de fibra óptica lanzados por Hezbolá, casi imposibles de detectar con antelación.
¿Terminó la era de los grandes ejércitos?
