Hacia una Europa bicéfala
16 de enero de 2003
El periódico Die Welt, de Berlín, comenta: "Mucho de lo que han ideado Jacques Chirac y Gerhard Schröder con respecto a Europa, resulta sensato. El Parlamento Europeo se fortalece y, de acuerdo con el deseo de ambos políticos, el nuevo cargo del presidente europeo habría de tener una duración de entre dos años y medio y 5 años. Puede que los países más pequeños de la UE lo critiquen, porque con ello se acabaría el circo de la rotación en la presidencia del Consejo cada semestre y temen perder influencia. Pero la fórmula facilita considerablemente la conducción política de una UE que crece. Ciertamente, la propuesta no aclara en forma definitiva quién tendrá el mando en Europa. El "número de teléfono europeo" que una vez demandó Henry Kissinger, seguirá sin existir".
Las dudas de los pequeños
En París, el rotativo Le Monde destaca la importancia de las relaciones franco-germanas y apunta: "Jacques Chirac y Gerhard Schröder demostraron nuevamente que pueden encontrar acuerdos para la construcción de Europa. Ahora falta que los países socios acepten el concepto de una doble presidencia de la UE. Ellos observan la cooperación franco-germana con sentimientos contradictorios. Por una parte, reconocen que sin la unidad de París y Berlín la integración europea se estanca o retrocede; por otro lado, cuando se produce tal acuerdo entre ambas capitales, critican que se les ponga ante hechos consumados".
Equilibrio institucional
El País, de Madrid, estima que esta propuesta era justo lo que la UE requería: "La nueva Europa necesitaba un nuevo y constructivo despertar de la pareja franco-alemana... A falta de su concreción y de la negociación con los demás en la Convención constitucional, las propuestas institucionales para la UE merecen ser discutidas en profundidad. Con una bicefalia de hecho -un presidente del Consejo elegido por los jefes de Estado y de Gobierno, y otro de la Comisión, elegido por el Parlamento Europeo- se preserva el equilibrio institucional básico en la construcción de este objeto político de nuevo cuño que es la UE, lejos del tradicional esquema de división de poderes de Montesquieu. No es lo que quería Joschka Fischer. Pero, pese a que no guste a los países pequeños, un presidente más permanente del Consejo evitaría la falta de continuidad que supondría una rotación semestral en una Europa de 25.
El peso franco-germano
Por su parte, el periódico londinense Financial Times considera que era sólo cuestión de tiempo hasta que Francia y Alemania hicieran sentir su peso. "Alemania ha dejado de lado sus reparos contra una doble presidencia. Francia, por su parte, cedió a los deseos alemanes de que el presidente de la Comisión sea elegido por el Parlamento Europeo. De ese modo aumenta la legitimidad democrática y la eficacia de la Comisión. El acuerdo franco-germano es un paso importante. Con él se subraya la creciente relevancia de la convención constituyente para el futuro de la UE".