Hantavirus: lo que el mundo puede aprender de la Patagonia
12 de mayo de 2026
Argentina y Chile llevan décadas conviviendo con el hantavirus. La variante Andes, endémica de estos países, hoy genera alarma debido al brote detectado en el crucero que zarpó el 1 de abril desde la austral ciudad argentina de Ushuaia, en Tierra del Fuego, con 150 personas a bordo.
En el cono sur, donde se ha registrado la mayor cantidad de casos en América Latina, es también donde se habría contagiado la primera persona del MV Hondius, del que ya fueron fueron evacuados en Tenerife, España, 125 pasajeros y tripulantes, de 23 países, en un operativo coordinado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Hasta ahora, tres pasajeros han fallecido -un matrimonio neerlandés y una mujer alemana-, de un total de diez casos detectados.
Los viajeros, según su condición, están bajo tratamiento o vigilancia, en sus lugares de origen en una etapa que queda en manos de las autoridades sanitarias locales, desde Canadá a Australia, pasando por España, Francia, Países Bajos, Alemania, Suiza, Italia y Singapur, entre otros.
Con la pandemia de COVID-19 aún en la retina, surge el temor de que el mortal hantavirus pueda propagarse al resto del mundo. En medio de la alerta mundial, autoridades sanitarias gubernamentales y de la OMS miran la experiencia de investigación, prevención y tratamiento acumulada en Chile y Argentina, donde los primeros casos de hantavirus se registraron a mediados de la década de 1990.
"La cepa Andes Sur que circula en Patagonia tiene una letalidad de 40 por ciento. Es bastante alta, a diferencia de otros hantavirus que circulan en otras partes del mundo, pero los casos por año son bajos", dice a DW la doctora en Biología Luciana Piudo.
La titular de Dirección de Ecosistemas Terrestres del Centro de Ecología Aplicada de Neuquén (CEAN), en Argentina, explica que "es un virus endémico, presente en la región de manera constante. Es agresivo, una vez que una persona se enferma tiene una alta tasa de mortalidad, pero no es tan frecuente que haya casos en personas".
¿De la Patagonia al mundo?
Existen distintos tipos de hantavirus en el mundo. La variante Andes, detectada en el crucero, es transmitida a los humanos por el ratón colilargo, por medio de la inhalación de "partículas contaminadas con orina, heces o saliva de roedores infectados, especialmente en espacios cerrados o mal ventilados", dice la OMS/OPS.
Con un período de incubación de entre dos semanas y 45 días, es posible que una persona haya contraído el virus sin tener aún síntomas y pueda transmitirlo. La cepa Andes puede causar el síndrome pulmonar por hantavirus (SPH), una enfermedad grave que compromete las funciones vitales del pulmón y el corazón.
Si bien el contagio en la región se vincula principalmente al contacto con roedores, la cepa Andes también puede transmitirse de persona a persona. Por ello, el temor de que los pasajeros del crucero, de distintos orígenes, pudieran propagar el virus por el mundo.
Luciana Piudo señala que "el virus Andes es el único descrito que, además de ser contraído de un roedor, lo puede transmitir esa persona infectada a otra persona, pero no es en todos los casos. Es algo bastante infrecuente. No hay tantos casos documentados de contagio persona a persona. Y estos, como el que se dio en el crucero, es el tercero que se reporta desde que se conoce este hantavirus. El primero está descrito en El Bolsón, después en Epuyén y finalmente este, pero no se da siempre". En 2018, en el pueblo de Epuyén, en la Patagonia argentina, a partir de la celebración de un cumpleaños hubo 34 contagios y 11 muertes.
"La probabilidad de que se propague por toda Europa es bajísima, por las características que tiene este virus", señala Piudo. "Primero se necesita un roedor infectado y después para el contagio de una persona a otra se requiere un contacto bastante estrecho y prolongado. No es de la misma manera que se contagia una gripe o un coronavirus en una fila de supermercado o en un lugar común. Y finalmente, es fácilmente confinable en el caso de la persona que está enferma", agrega.
Alerta sanitaria: aumento de casos y letalidad
En diciembre de 2025, la OMS/OPS emitió una alerta epidemiológica para el continente americano, debido al incremento de casos, particularmente en el Cono Sur, así como el aumento de su letalidad. Asimismo, llamó a reforzar la vigilancia epidemiológica y promover acciones para reducir el riesgo.
En 2025, la OMS confirmó 229 casos y 59 muertes por SPH, con una tasa de letalidad de 25,7 por ciento, en ocho países de las Américas: Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Estados Unidos, Panamá, Paraguay y Uruguay. Esto supuso un alza importante de incidencia en Bolivia y Paraguay y se observó una letalidad mayor a la conocida en Argentina -el país que tuvo mayor cantidad de casos de la región- y Brasil.
Este 2026, las cifras van en aumento. Solo hasta la semana 15 de este año se habían notificado 94 casos y 13 fallecidos. Estos últimos corresponden exclusivamente a Chile, país que a esa fecha presentaba el mayor número de contagios (38), seguido por Argentina (32).
Cooperación internacional
Desde Argentina, el ministerio de Salud y la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud ANLIS-Malbrán enviaron, en coordinación con la OMS, 2.500 kits diagnósticos y de aislamiento de la variante Andes para reforzar la capacidad de los laboratorios de los Países Bajos, Reino Unido, Senegal, España y Sudáfrica.
Los avances en investigación desarrollados en las últimas décadas a ambos lados de la cordillera permiten conocer mejor el virus, enfrentar esta emergencia y apoyar la gestión en otros países.
En Chile, el Programa Hantavirusde la Facultad de Medicina Clínica Alemana Universidad del Desarrollo (UDD), creado en 1999, es un referente mundial. Con el estudio colaborativo de distintos centros médicos y académicos del continente, aborda aspectos ecológicos, epidemiológicos, clínicos y terapéuticos. Uno de sus grandes logros es el desarrollo de un tratamiento con plasma de personas que sobrevivieron a la enfermedad.
La prevención y educación son clave para frenar los contagios. "La información científica, los datos epidemiológicos y los estudios de casos dan información de base para conocer bien la enfermedad, tratar, tomar medidas de prevención e inclusive saber en qué áreas falta conocimiento y generarlo. Con evidencia se puede avanzar para tomar mejores decisiones y saber qué cosas son posibles y cuáles tienen una probabilidad bajísima, como que haya una pandemia relacionada con esto", dice Luciana Piudo.
(ms)