Durante más de un siglo, potencias extranjeras han influido en el destino de Irak. Primero fueron los británicos, que ayudaron a crear el Estado moderno iraquí. Más tarde llegó la invasión estadounidense de 2003, que derrocó a Sadam Husein y transformó por completo el equilibrio de poder en la región. Mientras Washington consolidaba su presencia, Irán ampliaba discretamente su influencia a través de partidos políticos y milicias con fuertes vínculos con Teherán.
Hoy, Irak sigue atrapado entre dos potencias rivales. Aunque las tropas estadounidenses se han retirado, Washington mantiene una importante influencia política y financiera. Al mismo tiempo, grupos armados respaldados por Irán conservan un peso considerable dentro del país. En medio de estas presiones externas, muchos iraquíes reclaman un Estado más fuerte, menos corrupción y una soberanía real. ¿Podrá Irak decidir por fin su propio destino?
